El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, durante una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN en Helsingborg. Julia Demaree Nikhinson Reuters
Oriente Próximo EEUU reclama a la OTAN un "plan B" para reabrir Ormuz mientras Irán negocia con Omán el peaje permanenteRubio reconoce "ligero progreso" en las negociaciones mediadas por Pakistán, pero advierte de que algo habrá que hacer si Teherán no cede. Mientras tanto, los ayatolás tratan de institucionalizar su control del estrecho.
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Guillermo Ortiz Publicada 23 mayo 2026 01:50h Las clavesLas claves Generado con IA
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, compareció este viernes desde la ciudad sueca de Helsingborg al término de la reunión de ministros de Exteriores de la OTAN para reclamar a los aliados europeos un "plan B" en caso de que Irán se niegue a reabrir el estrecho de Ormuz.
La fórmula evita comprometer a la Alianza como tal. "No implicaría a la OTAN en su conjunto, pero podría incluir a algunos aliados con intereses en el estrecho", afirmó Rubio, quien añadió que esos países "tienen que empezar a pensar" qué hacer si Teherán no coopera.
La frase contiene una concesión reveladora: casi tres meses después del inicio de la guerra, la Administración Trump admite, en boca de su jefe de la diplomacia, que no hay un plan claro en caso de que los ayatolás no colaboren.
El propio Rubio reconoció que las negociaciones, mediadas formalmente por Pakistán, avanzan a un ritmo casi imperceptible: "Ha habido un ligero progreso. No quiero exagerarlo, pero hay un pequeño movimiento, y eso es bueno". Los fundamentos, insistió, siguen siendo los mismos: "Irán no puede tener nunca un arma nuclear".
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, vino a dar la razón a Rubio en la rueda de prensa conjunta: "No es aceptable que la libertad de navegación esté siendo pisoteada como lo está ahora mismo. Tenemos que pensar cómo lidiar con esto colectivamente".
Acto seguido, Rubio arremetió contra España por su negativa a ceder bases para los ataques: "Cuando tienes países como España negándonos el uso de esas bases, ¿para qué estás en la OTAN?".
La respuesta europea ha sido tan tibia como previsible.
Reino Unido y Francia llevan semanas pilotando una iniciativa marítima propia, paralela al Maritime Freedom Construct (MFC) impulsado por Washington, que reúne a más de cincuenta países, pero se limita a compartir información y a coordinar presión diplomática y económica, evitando el componente militar.
Alemania ya dejó claro en marzo que no participará en operaciones armadas, y el resto de los socios mediterráneos —España incluida— ha optado por la prudencia.
El líder supremo de Irán desafía las exigencias de Trump para la paz y prohíbe la exportación del uranio enriquecidoEl peaje permanente
Mientras Rubio improvisaba en Suecia, Teherán daba a conocer este viernes a través de su embajador en Francia, Mohammad Amin-Nejad, que Irán y Omán negocian un sistema permanente de tasas sobre el tránsito por el estrecho.
"Esto conllevará costes, y va de suyo que quienes deseen beneficiarse de este tráfico deberán pagar su parte", declaró el diplomático.
La propuesta iraní, articulada en diez puntos, otorgaría a Teherán y Mascate competencias conjuntas sobre el paso de los barcos por Ormuz, incluida la potestad de vetar cargamentos "hostiles" y de conceder paso preferente a países aliados.
Según Bloomberg, Irán está cobrando ya hasta dos millones de dólares por buque para autorizar el paso, en algunos casos en criptomonedas o en yuanes, y la institucionalización del sistema generaría entre 5.000 y 8.000 millones de dólares anuales.
La estructura ya tiene nombre —la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, por sus siglas en inglés)— y esta semana ha publicado las coordenadas exactas de su "zona controlada": desde Kuh-e Mubarak hasta Fujairah por el este y desde la isla de Qeshm hasta Umm Al-Quwain por el oeste. Una porción de aguas que el derecho internacional siempre consideró como internacional.
Las repercusiones geopolíticas son enormes. El estrecho deja de ser un paso global compartido para convertirse en un activo soberano de dos Estados, uno de ellos hostil a Occidente. Omán, tradicional mediador discreto entre Estados Unidos e Irán, asume un papel bisagra que cambia su perfil regional.
Según fuentes citadas por The New York Times, Mascate rechazó inicialmente la oferta iraní, pero ha terminado aceptando entrar en las negociaciones tras calcular los beneficios económicos y después de que Teherán le prometiera utilizar su influencia para convencer a Baréin, Kuwait, Catar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
Habrá que ver qué le parece eso a Washington.
Un niño juega en la playa, con embarcaciones en el estrecho de Ormuz visibles cerca de la playa de Bandar Abás. Majid Asgaripour Reuters
Catar manda equipo a Teherán
No es casualidad, por lo tanto, que el gesto más significativo del día no ocurriera en Helsingborg sino en Teherán.
Una fuente familiarizada con las negociaciones confirmó este viernes a Reuters que un equipo negociador catarí había aterrizado en la capital iraní con la connivencia de Estados Unidos para tratar de cerrar el acuerdo que ponga fin a la guerra.
Doha había evitado hasta ahora cualquier papel mediador activo en este conflicto, y la razón es perfectamente entendible: durante la fase caliente de la guerra, Irán bombardeó Catar con cientos de misiles y drones y destruyó aproximadamente el 17% de su capacidad de exportación de gas natural licuado al impactar la planta de Ras Laffan. El emirato había paralizado su producción gasista el 2 de marzo.
La víctima vuelve ahora a sentarse a negociar con el verdugo, y lo hace porque, sencillamente, no le queda otra… y a Estados Unidos, tampoco.
Antes de la guerra, alrededor del 20% del comercio mundial de gas natural licuado pasaba por Ormuz, y la mayor parte procedía precisamente de Catar. El cierre del estrecho ha estrangulado la compraventa de petróleo, pero también el grueso de los demás ingresos exportadores cataríes.
Eso explica que Doha, pese a haber sido atacada, sea hoy uno de los Estados con mayor interés objetivo en reabrir la navegación a cualquier precio, y que llegue a la mesa con menos margen de exigencia del que querría tener.
Una fuente iraní de alto nivel reconoció a Reuters que las distancias entre las partes se han acortado, aunque los dos puntos pendientes siguen siendo los más complicados de resolver: el enriquecimiento de uranio por parte de Irán y su control del estrecho.
Todo esto se traduce con precisión en los mercados. El barril de Brent subió más de un 2% el jueves para cerrar por encima de los 107 dólares, recuperando parte de la caída del 6% acumulada en las dos sesiones anteriores cuando se filtró que las negociaciones podían avanzar.
Cualquier rumor de acuerdo desploma el precio, cualquier rumor de bloqueo lo dispara. Todo ello, con el petróleo casi un 50% por encima de los niveles previos a la guerra.
Trump frenó un nuevo ataque a Irán por temor a derribos: EEUU cree que han usado la tregua para mejorar sus defensasLa victoria silenciosa de los ayatolás
Donald Trump dejó escapar este jueves desde el Despacho Oval otra de esas frases suyas que parecen anecdóticas, pero no lo son en absoluto: "Lo queremos abierto, lo queremos libre, no queremos peajes. Es internacional".
El verbo escogido —"queremos"— mide perfectamente la distancia entre la voluntad estadounidense y la realidad sobre el terreno.
El presidente ya ha demostrado, sucesivamente con los aranceles, con Ucrania y ahora con Irán, que su patrón de comportamiento es siempre el mismo: amenaza maximalista, ultimátum, retirada y reinterpretación de la retirada como victoria.
En los mercados financieros, a este proceso se le ha puesto incluso un acrónimo: TACO, "Trump Always Chickens Out", es decir, Trump siempre se acobarda.
La realidad es que cada día que pasa sin acuerdo refuerza la posición iraní y debilita la estadounidense.
Los ayatolás han perdido a su líder supremo y buena parte de sus instalaciones nucleares, sí, pero han ganado el control efectivo del estrecho más importante del mundo, han humillado a los aliados árabes de Washington, han forzado a Europa a desmarcarse de la guerra y se disponen a institucionalizar un sistema de recaudación que les puede aportar hasta 8.000 millones anuales en un país asfixiado por las sanciones.
Si el "ligero progreso" del que habla Rubio acaba traduciéndose en acuerdo, el régimen saldrá fortalecido y con una infraestructura institucional —la PGSA— que nadie podrá desmontar fácilmente en el futuro.
Queda por ver si Trump tendrá la paciencia política necesaria para llegar a fin de año con esta situación abierta o si, presionado por el propio Partido Republicano y por las encuestas, optará por un cierre en falso de la crisis.
Lo más probable, a tenor de los precedentes, es lo segundo: que el presidente claudique discretamente, firme un acuerdo de mínimos que pueda vender como una gran victoria y delegue la gestión del estrecho en una coalición ad hoc de aliados europeos y árabes que harán lo que puedan.
Y, mientras tanto, Teherán seguirá cobrando. El régimen de los ayatolás —degradado, sí, pero aún en pie y sin visos de una oposición que pueda rebelarse en el corto plazo— habrá sobrevivido a su prueba más dura desde 1979 con un activo nuevo en la mano: la llave maestra que abre el Golfo.