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El 15-M los vio nacer, otro 15-M morir: de asaltar los cielos con 10 procuradores al cero absoluto de Podemos en CyL

El 15-M los vio nacer, otro 15-M morir: de asaltar los cielos con 10 procuradores al cero absoluto de Podemos en CyL
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En diez años han pasado de soñar con un sorpasso al PSOE al olvido de sus votantes con menos de un 1% en las pasadas elecciones. Por aquí pasaron Pablo Iglesias, Errejón, Bescansa, Echenique o Monedero. Pablo Fernández, el procurador más polémico de las Cortes. Más información: Desplome histórico de Podemos e IU en Castilla y León: se quedan fuera de las Cortes algo que no ocurría desde 2007

Pablo Iglesias junto a Pablo Fernández, Pedro de Palacio e Irene Montero en 2015 en un acto en Burgos ICAL

Región El 15-M los vio nacer, otro 15-M morir: de asaltar los cielos con 10 procuradores al cero absoluto de Podemos en CyL

En diez años han pasado de soñar con un sorpasso al PSOE al olvido de sus votantes con menos de un 1% en las pasadas elecciones. Por aquí pasaron Pablo Iglesias, Errejón, Bescansa, Echenique o Monedero. Pablo Fernández, el procurador más polémico de las Cortes.

Más información:Desplome histórico de Podemos e IU en Castilla y León: se quedan fuera de las Cortes algo que no ocurría desde 2007

Publicada 17 marzo 2026 07:00h

Un 15-M (de mayo) los vio nacer y otro 15-M (de marzo) los ha visto morir. Podemos ha pasado en Castilla y León de ser la gran novedad del fenómeno conocido como del 15‑M en 2015 a convertirse en una fuerza extraparlamentaria en 2026, con 0 escaños y menos del 1% de los votos.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué? Un desplome que no es solo numérico, ya que también refleja el agotamiento de un ciclo político, de errores estratégicos propios y una recomposición completa del espacio a la izquierda del PSOE.

Octubre de 2014, Pablo Iglesias, conocido por sus apariciones televisivas en laSexta, abre la Asamblea de Podemos con una frase que quedará para el recuerdo y que llevará siempre a cuestas: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”.

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A partir de ahí todo experimenta un crecimiento casi indigerible. Nadie puede frenar el efecto Podemos. A nivel nacional llegaron a tener 69 escaños y el mando en varios ayuntamientos de capitales de provincia. Doce años después, todo ha cambiado.

Para analizar Castilla y León, nos remontamos a 2015. Un 24 de mayo la Comunidad estaba revolucionada.Podemos entra en las Cortes de Castilla y León con 10 procuradores y un 12,1% de los votos, canalizando el malestar social acumulado tras la crisis, los recortes y la corrupción bipartidista.

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Fue una marea morada por todos los territorios. El reparto de escaños de la formación podemita reflejó una implantación territorial logrando representación en siete de las nueve provincias, algo nunca pensado, pero la situación lo pedía. 

La provincia de Burgos se convirtió en el principal bastión del grupo, aportando tres procuradores: Félix Díez Romero, Laura Domínguez Arroyo y Pedro María de Palacio Maguregui (quien, no obstante, protagonizó una de las salidas más tempranas de la legislatura en noviembre de 2015, por abusos sexuales a una menor).

Acto público de Podemos en Aranda de Duero en el que participaron el candidato a la Junta de CyL, Pablo Fernández (D), y el cabeza de lista por Burgos, Pedro de Palacio (I), que posteriormente abandanó las Cortes ICAL

Por su parte, Valladolid y León sumaron dos representantes cada una, con nombres que ganarían peso mediático en los debates parlamentarios, sobre todo uno.

En Valladolid salieron Carlos Eduardo Chávez Muñoz y Adela Pascual Álvarez. Y en León, Pablo Fernández Santos (quien asumió el liderazgo como portavoz) y Lorena González Guerrero.

Errejón, Pablo Fernández y Carolina Bescansa en un acto en Valladolid en 2015 ICAL

Al estilo de Pablo Iglesias, Pablo Fernández, al que denominaban el quiosquero de León, por su anterior trabajo, tenía todo el mando de todas las acciones.

Su don de palabra y para la oratoria ha sido tan grande como su actitud beligerante y lenguaje ofensivo en las Cortes, protagonizando algunas de las escenas más polémicas que se recuerdan en el parlamento autonómico.

No han faltado sus camisetas reivindicativas y sus salidas de tono. Ya forman parte de la historia sus 28 adjetivos consecutivos sobre la tauromaquia o su "follen de manera segura".Normal que el leonés, que se presentó en 2022 por Valladolid para acaparar la plaza más fiable, sea carne de contertulio. 

Pero volvamos al 2015. El partido convierte el espíritu del 15‑M (indignación, regeneración, democracia participativa) en una oferta electoral clara: “los de abajo” frente a “la casta”, con un discurso muy agresivo contra el PP que gobernaba la comunidad desde hacía décadas.

El mensaje de Pablo Iglesias, hasta entonces solo conocido por sus apariciones televisivas, cuajó también en una tierra tan tradicional como Castilla y León. Pero lo hizo a costa del voto del PSOE. Luis Tudanca, hoy en el Senado bien pagado, logró el peor resultado del partido con solo 25 escaños.

Podemos Castilla y León en un acto con Juan Carlos Monedero ICAL

Ese primer éxito se apoyaba en varios factores, según los expertos. Un electorado progresista desmovilizado o desencantado con el PSOE, al que Podemos ofrece una alternativa fresca.

Una fuerte implantación mediática y de liderazgo estatal (Iglesias, Errejón) que da arrastre incluso en territorios conservadores como Castilla y León.

Y, sobre todo, la percepción de que el voto a Podemos “sirve” para cambiar el tablero, abrir procesos de cambio y forzar pactos.

Pegada de carteles de Unidas Podemos en Valladolid en 2022 ICAL

En Castilla y León, esa ola se traduce en la ruptura del dominio absoluto de PP‑PSOE y en la entrada de una fuerza que se presenta como portavoz de la España vaciada, los servicios públicos y la regeneración democrática, aunque con una implantación territorial todavía débil fuera de las capitales de provincia.

La pérdida de relato

El punto de inflexión llega cuando Podemos entra en el gobierno central con el PSOE en 2019, asumiendo ministerios y convirtiéndose en parte de la gestión. Lo que antes era un partido de protesta pasa a ser un partido de gobierno; ese cambio tiene efectos negativos para su base en Castilla y León.

La consecuencia es que, de 10 procuradores en 2015, Podemos cae a 2 en 2019 y a 1 en 2022, siempre en coaliciones distintas (Podemos‑Equo, luego Unidas Podemos), lo que va diluyendo su marca y confundiendo al electorado. La sopa de letras era sinónimo de mofa.

En todas ellas siempre ha estado presente Pablo Fernández, hasta que este pasado mes de diciembre abandonó las Cortes para emprender la aventura nacional siendo portavoz.

Entre 2019 y 2026, el espacio a la izquierda del PSOE se fragmenta: donde antes había una sola referencia (Podemos) aparecen candidaturas de IU, Sumar, plataformas localistas y opciones de la España vaciada. Esa división tiene dos consecuencias clave en Castilla y León.

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El voto se dispersa por debajo de los umbrales efectivos de cada provincia, de manera que miles de sufragios se tiran literalmente a la basura en circunscripciones de 3, 5 o 7 escaños.

El sistema provincial, ya muy duro para las minorías, expulsa del Parlamento a todo el espacio a la izquierda del PSOE cuando no concurren juntos, como se ha visto en 2026.

En 2026, Podemos concurre como Podemos‑Alianza Verde (PODEMOS‑AV) y se queda en torno a 9.200 votos y un 0,7‑0,74% en el conjunto de Castilla y León, sin ningún procurador.

Pablo Fernández y Pablo Iglesias en un acto de campaña

Es la culminación de una caída que ya era visible en 2019 y 2022, pero que en este último ciclo se acelera por tres factores: división con IU‑Sumar, voto útil al PSOE ante el avance del bloque de derechas y emergencia de otros actores (localistas, plataformas provinciales) que compiten por el mismo nicho.

En los últimos años han perdido el relato en batallas ideológicas que ha provocado incluso que hayan perdido el voto de los jóvenes y el femenino.

El contraste entre el Podemos de 2015 y el de 2026 también es generacional y simbólico. En 2015, su presencia en las Cortes se construye sobre la promesa de “dar la vuelta” a Castilla y León, cuestionar el modelo de despoblación y privatizaciones y abrir un nuevo ciclo político.

Ese discurso conectaba con jóvenes precarios, empleados públicos castigados por los recortes y una parte del electorado urbano.

En 2026, la propia dirección autonómica de Podemos reconoce que el resultado es “muy malo” y que “toca reflexionar” tras quedarse sin representación y por debajo del 1% de los votos.

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Ya no hablan de asaltar los cielos, sino de evitar la desaparición: el candidato Miguel Ángel Llamas llega a describir la situación como una “emergencia para la política de Castilla y León” que Podemos no desaparezca del espectro.

La formación ha pasado de marcar la agenda y condicionar a PP y PSOE a quedar fuera de las Cortes, mientras la derecha consolida su mayoría y el PSOE se queda como única referencia institucional del campo progresista en la comunidad.

¿Autocrítica?

Pero lejos de hacer autocrítica, Pablo Fernández sigue viendo los fantasmas en otro lado. El secretario de Organización y portavoz de Podemos calificó de "nefastos" los resultados. "El resultado es muy duro. He pasado muy mala noche", ha reconocido.

“Me preocupa la situación en la que va a quedar Castilla y León", ha confesado, destacando que hay datos "llamativos y demoledores". Y ha puesto de ejemplo los pueblos que sufrieron incendios el pasado verano donde Mañueco ha ganado.

De esta forma, ha señalado que ahora toca "reflexionar de forma rotunda" para ver la mejor manera de ofrecer "un proyecto de izquierdas atractivo". "No tengo ninguna duda de que nos levantaremos", ha asegurado. Más de lo mismo para un político que también pensó en marcharse a Europa, pero le salió mal la jugada.

Todo esto es la confirmación de un sorpasso frustrado, ya no solo no se supera al PSOE, sino de una supervivencia.

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Fuente original: Leer en El Español
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