Bárbara Font, alumna de 18 años del colegio concertado San Agustín de Madrid, quiere estudiar Psicología. Ha logrado una media de 8,2 sobre 10 en todo Bachillerato, pero no tiene la seguridad de que vaya a entrar en la universidad pública porque las notas de corte están por las nubes. En el curso que ahora termina los campus madrileños han pedido casi un 11 sobre 14, como mínimo, para acceder a esta carrera. No debe confiarse y tendrá que hacer muy buen examen. Por si acaso, hay un plan B. El pasado enero hizo las pruebas de acceso a la universidad privada Francisco de Vitoria, donde ya ha sido admitida.
«Siempre me ha gustado ayudar a los demás y entender cómo funciona el cerebro. En el futuro me veo trabajando en psicología clínica, en un centro para personas con dificultades», relata Bárbara. También estuvo pensando en hacer Medicina, la carrera de su madre, que es cirujana capilar, y la que está cursando su hermana. «Pero ella es una alumna de 10 y está estresada y yo no estudio tanto. También quiero vivir la vida», dice como excusándose.
Bárbara es una alumna de notable en un colegio exigente. Su 8,2 de media de Bachillerato está algo por debajo de la media del centro, que es un 8,732 sobre 10. El San Agustín siempre queda entre los primeros puestos de la Selectividad de la Comunidad de Madrid: el año pasado sacó un 8,42 sobre 10 en la fase general, lo que indica que las notas reflejan de forma bastante ajustada el nivel real de conocimientos de los estudiantes. Este año presenta a la prueba a 163 de sus 168 matriculados en Bachillerato.
Pese a ello, no todos sus alumnos -ni siquiera los buenos- consiguen entrar en la universidad pública.
«Cada vez las notas de acceso a la universidad son más altas; sobre todo a partir del Covid se han disparado las calificaciones», constata el director del San Agustín, Ildefonso Trigueros. A su lado, el jefe de estudios, José Luis Júlvez, apunta: «Ahora tener un notable parece que es poca cosa, se está poniendo muy difícil entrar en las universidades».
Los profesores de Bárbara hablan muy bien de ella. Pero esta adolescente, que lleva toda su vida comparándose con su hermana, la estudiante de Medicina, dice de sí misma que tiende a procrastinar y que «podría dar mucho más» de sí. «Ojalá me lo hubiera currado más porque, con más esfuerzo, habría sacado un punto adicional en la nota. Todas mis amigas son muy listas y están llegando al 13. Quieren estudiar Ingeniería Industrial, Medicina, Farmacia, ADE o Derecho. Pretenden ir a la pública, pero también tienen la opción de la privada por si acaso», cuenta.
"El agobio de la PAU"
Como Bárbara, alrededor de 300.000 alumnos se presentan este año a la Selectividad, que vuelve a llamarse, como hace 15 años, la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). La gran evaluación comienza la semana que viene en todas las autonomías menos en Castilla-La Mancha, que arrancará el 8 y en Cataluña, que comenzará el 9. Estos días los alumnos como Bárbara han terminado ya las clases ordinarias y se encuentran preparándose los exámenes, en casa o en el instituto, repasando los temarios y resolviendo las últimas dudas. En los pasillos del San Agustín hay un monotema: «El agobio de la PAU». «PAU es la palabra más odiada entre la gente de mi edad, la mía es examen», expresa Bárbara.
Profesores y padres coinciden en que «la presión es brutal» porque las notas de corte están disparadas. Hay más universitarios que nunca pero la oferta pública no ha subido: mientras la demanda para hacer un grado ha crecido un 26% en la última década, el número de plazas públicas ha caído un 0,6%.
Atrás quedaron los tiempos en que los jóvenes entraban en la mayoría de las carreras de las universidades públicas con un aprobado o un bien. Hoy el fácil acceso prácticamente ha quedado limitado a Historia, Turismo, Historia del Arte y las filologías. La nota media de corte en Psicología es un 10,16 sobre 14. Para el doble grado de Educación Infantil y Educación y Primaria piden un 10,35 de media en toda España.
Un 10 o más requieren en Derecho, Economía, Administración y Dirección de Empresas, Ciencias del Deporte... carreras en las que tradicionalmente ha habido plazas públicas suficientes para la clase media intelectual y que ahora están restringidas sólo a los que acreditan las mejores calificaciones de España.
Según el análisis de las notas de corte de 2.661 carreras realizado por EL MUNDO, el 28% de todos los grados y dobles grados exige un 10 o más sobre 14 para entrar; es decir, unas calificaciones altas. La nota media de acceso en el conjunto de estudios de las universidades públicas es un 8,01.
Las cifras son mucho mayores en los ámbitos sanitario, donde el 70% de los grados y dobles grados sólo abre la puerta a los alumnos con expediente brillante, y matemático-tecnológico, donde el 57% de las titulaciones precisan de ese mínimo de 10.
El selecto círculo STEM (las siglas en inglés de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) se ha ampliado bastante: ya no son sólo Medicina, Matemáticas e Ingeniería Aeroespecial, sino que hay que sacar media de 10, 11, 12, 13 o casi 14 en prácticamente todas las carreras de estos campos, que, paradójicamente, son los que más busca el mercado laboral.
En el resto de ámbitos las notas también son elevadas: en Ciencias Sociales y Jurídicas, la media de corte es un 7,59 y una quinta parte de las titulaciones pide un 10 o más a los alumnos que quieran acceder a ellas. En los estudios de Ingeniería y Arquitectura, la media de corte es un 7,68 y el 22% de los títulos requiere ese buen expediente. Ese 22% se registra asimismo en Educación, que alcanzan un 8,38 de media. Sólo en las carreras relacionadas con gastronomía, Artes y Humanidades y Agricultura hay plazas para todos y se puede entrar con un modesto 5 o con un simple 6.
La situación es aún más extrema en los dobles grados, que están de moda como solución para diversificar opciones ante un futuro incierto. Ahí las medias se disparan más (12,30 en los grados matemático-tecnológicos, 11,08 en los sanitarios). El 80% de los dobles grados sanitarios y el 92% de los matemático-tecnológicos piden un 10 o más para acceder.
Presión en Madrid
La presión no es la misma en toda España. La mayor parte de la demanda estudiantil se concentra en Madrid, donde el 48% de todas las carreras piden de media un 10 o más para entrar, 20 puntos porcentuales más que en el conjunto del país. Le siguen Navarra (el 42%) y País Vasco (40%). En Baleares o La Rioja, por el contrario, no se exigen notas altas: sólo un 10% de las titulaciones requieren 10 o más.
Si se va al desglose por ámbitos, se ven asimismo muchas diferencias. El 80% de los campus públicos de Madrid y el 74% de los campus públicos de Andalucía requieren un 10 o más para entrar en las carreras matemático-tecnológicas, mientras que esa exigencia es del 57% en la media nacional y sólo del 33% en Cantabria, Asturias o Baleares.
Estos datos reflejan la realidad de las seis universidades públicas madrileñas, que atraen a jóvenes de toda España, aprovechando que la nota que obtienen en sus autonomías les sirve para estudiar en cualquier lugar. El problema es que los exámenes no son los mismos en unos territorios que en otros y hay distinto nivel de dificultad.
«Por lo que sé, la prueba de acceso a la universidad es más difícil en Madrid que en otras comunidades. Conozco el caso de una chica de Madrid que no sacaba muy buenas notas. Así que se fue a Sevilla a estudiar Bachillerato y a hacer allí la PAU y ha venido a Madrid a estudiar Medicina. Sus amigas del colegio de Madrid, que sacaban mejores notas que ella en la ESO, no han logrado entrar en esa carrera», dice Bárbara.
Las diferencias de la Selectividad generan conflictos interterritoriales. En la huelga que han protagonizado estos días los profesores de la Comunidad Valenciana, algunos han amenazado con poner un 10 generalizado a todos sus alumnos de 2º de Bachillerato si no se atendía a sus reivindicaciones. Una medida que pondría a los adolescentes valencianos los primeros de la fila para entrar en las carreras más cotizadas de otras CCAA.
Incluso dentro de los mismos territorios se producen rivalidades y competiciones: de los 53 grados de Ingeniería y Arquitectura que exigen notas altas en Madrid, la mayoría se concentran en la Complutense (20), la Rey Juan Carlos (17) y la Carlos III (11).
Las universidades públicas preferidas de Bárbara son la Complutense y la Autónoma. No se plantea irse a otra región a estudiar si no le admiten en ellas. Su plan es estudiar con todas sus fuerzas estos días para sacar un 8 o un 8,5 en todos los exámenes, incluidos los de las asignaturas optativas. Si falla en alguna, no entrará. Pero está el colchón de la privada en la que ha sido ya admitida.
Los campus privados, cada vez más demandados, son los principales beneficiarios de la escasez de plazas públicas. Convocan sus propias pruebas de acceso y anuncian las admisiones meses antes de la Selectividad. Los padres pagan por reservar la plaza entre 1.000 y 3.000 euros, un dinero que no se devuelve si el hijo finalmente es admitido en la pública.