Desde Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Egipto, Ucrania, México, Colombia o China, trazan el mapa de la igualdad y transmiten grandes historias femeninas a lectores de todo el planeta.
Créditos Texto Elena Pérez Fotografía Cedidas Fecha de publicación:10 noviembre 2024, 1:06h
Actualizada:24 noviembre 2024, 21:32h
El periodismo puede ser, como afirmó Gabriel García Márquez y muchos creen firmemente, “el mejor oficio del mundo”, pero no está exento de riesgos ni de sombras. Es, más que un trabajo, un estilo de vida dedicado a la gente, a mirar de frente el dolor y la belleza de otros para contar con rigor, y a menudo se ejerce a contrarreloj, con el móvil sonando de madrugada, una maleta lista junto a la puerta y unos padres o hijos que se despiden de ti con un cálido abrazo y cierto nerviosismo.
Según el Comité para la Protección de los Periodistas, en 2025 mataron a 129 informadores en el mundo por intentar que la verdad no se pierda en el ruido. En esa cifra hay reporteras y corresponsales que han dejado su vida en sus países para explicar guerras, crisis y cambios políticos desde la primera línea. Este Día Internacional de la Mujer, Magas mira el mundo a través de sus ojos y les dedica este reportaje: un mapa del planeta —y de la igualdad— explicado por ocho comunicadoras que, desde Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Egipto, Ucrania, México, Colombia o China, creen que merece la pena quedarse a contarlo.
Sara Canals, Estados Unidos
Sara Canals informando desde Washington.En 2026, Washington es el cuadro de mandos del planeta: ahora mismo Donald Trump marca el pulso de Oriente Medio y el tono de las conversaciones públicas que ya están reconfigurando un nuevo orden mundial. En general, todo lo que pasa en cualquier lugar antes pasa por aquí. También lo hacen las preguntas de Sara Canals, que entra en el Despacho Oval con el micrófono de la SER y trabaja en el epicentro de un poder que pone a la prensa en una situación retadora.
Al preguntarle por su día a día en la Casa Blanca, le llama la atención la intensidad del clima mediático. “En esta era trumpista he visto insultar a periodistas; se ceba más con las mujeres”, explica sobre un presidente que no deja a nadie indiferente. Habla de una tendencia que “va a más” en los medios a los que el republicano considera críticos con su administración: “Cada vez da menos la palabra. Hay un problema de libertad de prensa e, incluso yo, pese a que suele responderme con respeto, me he preguntado: ¿entenderá mi acento? ¿me preguntará de dónde soy?”.
“La sociedad estadounidense se mueve por impulsos: lo vimos con el #MeToo, con el aborto y ahora con el caso Epstein”- Sara Canals
Su pódcast Una Casa Blanca cuenta aquello que no entra en los boletines. “Quería aportar algo más que actualidad pura y dura”, explica en una conversación en la que resulta imposible no mencionar el impacto del caso Epstein, uno de los mayores escándalos de abuso sexual y tráfico de menores de las últimas décadas. R ecuerda la tarde en la que se hicieron públicos tres millones de documentos como “abrumadora”. También habla sobre cómo está afectando en la población, especialmente a la femenina: “Piensan que hay consecuencias en todo el mundo excepto en EEUU. La sensación es que este tema está muy lejos de llegar a su final; quedan muchos meses de análisis”, resume.
Como mujer y periodista, percibe un retroceso. “Desde que vivo aquí me extraña que el 8M no se celebre como en España”, dice. Define Estados Unidos como “una sociedad que funciona por impulsos”: el #MeToo, las protestas por el derecho al aborto, ahora este caso… Y es tajante sobre el impacto de Trump: “Muchas feministas han vivido su elección como un retroceso para el movimiento, no porque no hubiese ganado Kamala Harris, sino porque él es visto como un misógino. De eso no hay ninguna duda”.
La periodista frente al edificio de la Casa Blanca.Almudena Ariza, Colombia
“A lo largo de los años he cubierto decenas de catástrofes naturales, crisis humanitarias, conflictos sociales y guerras”, se suma al reportaje Almudena Ariza, una eminencia del sector que ha pasado por Asia-Pacífico, Occidente, Oriente Medio… y ahora reside en Bogotá. Esas coberturas requieren entrar una y otra vez en lugares “donde la vida se rompe de golpe”, donde familias lo han perdido todo o han tenido que huir. “Es, en cierto modo, asomarse a la parte más dura de la condición humana”, admite.
Pero en cada tragedia ha visto algo que la sostiene: “La capacidad de resistencia de las personas”. Siempre hay alguien que comparte lo poco que tiene, “que ayuda al otro cuando todo se derrumba”. Para la comunicadora, cuya labor le ha valido un premio del Ministerio del Interior —por su cobertura en Afganistán—, varios Iris, una Antena de Oro y un Maga de Magas, esa solidaridad “también forma parte del trabajo del periodista”: no sólo se trata de contar la tragedia, sino “de mostrar la humanidad que aparece cuando la vida se pone más difícil”.
El dilema de las exiliadas iranís, a ojos de la fotógrafa Fatimah Hossaini: "Algunas defienden los bombardeos y otras no"
Los lugares en los que ha trabajado le han enseñado esa lección. Recuerda a las mujeres de Gaza, cuya normalidad no ha sido la misma desde aquel fatídico 7 de octubre de 2023. “Lo que impresiona es la dimensión humana del sufrimiento”, afirma. Muchas sostienen a sus familias “en condiciones extremas”: han perdido hijos, hermanos, padres o vecinos, han visto desaparecer sus casas y aun así “siguen intentando mantener en pie lo que queda de su vida cotidiana, sin hospitales, medicinas, electricidad ni apenas alimentos”. En medio de la devastación se convierten “en el punto de apoyo de todo lo demás”, pues tratan de mantener “un mínimo de calma cuando todo alrededor es incertidumbre y pérdida”.
Almudena Ariza, reportera veterana de RTVE, sobre el terreno.En Bogotá, esa perspectiva se cruza con cifras durísimas de feminicidios. “Colombia es un país con una enorme vitalidad, pero también con desigualdades muy profundas”, escribe. En muchas regiones, ellas “siguen siendo quienes sostienen comunidades enteras, especialmente en zonas que han sufrido décadas de conflicto armado”. Le impresiona su papel en los procesos de memoria, justicia y reconstrucción: “Muchas lideran asociaciones de víctimas, proyectos comunitarios o iniciativas de educación. Son figuras muy activas en la vida pública”.
“Colombia es un país con una enorme vitalidad, pero también con desigualdades muy profundas”- Almudena Ariza
Al mismo tiempo, las cifras reflejan “una violencia estructural que atraviesa distintas capas de la sociedad”. La imagen es la de un contraste extremo: “Por un lado, mujeres muy organizadas, con una enorme capacidad de liderazgo; por otro, una realidad todavía marcada por el sufrimiento y la impunidad”. El 8M en la capital colombiana condensa una mezcla de denuncia y creación. “Tiene esa energía muy particular”, dice. Hay marchas y manifestaciones, pero también “expresiones culturales y comunitarias: encuentros en barrios, actividades en universidades, colectivos artísticos”.
El movimiento feminista en el país está “muy conectado con otras luchas”: la defensa del territorio, los derechos de las comunidades indígenas, la memoria de las víctimas del conflicto armado. Eso le da una identidad distinta a la europea. En muchos lugares de América del Sur, dice, las reivindicaciones de las mujeres están ligadas “a cuestiones de seguridad, justicia y protección; demandas muy concretas y muy urgentes”. Y al mismo tiempo añade que “hay una generación joven que está empujando con fuerza”, un movimiento “diverso, a veces muy crítico consigo mismo, pero profundamente vivo”.
A la izquierda, la comunicadora, fotografiada junto a un compañero llevando el mítico chaleco de prensa que ha llevado en otras múltiples ocasiones. A la derecha, toma notas para una cobertura.Lydia Cacho, México
Desde España, la activista, periodista y autora Lydia Cacho mira a México y a América Latina con una perspectiva marcada por el cuerpo: el de las víctimas de trata que ha acompañado, el suyo propio, torturado y empujado al exilio. “Desde muy joven me preparé en un feminismo activo, ese de aprender a diario, prepararme para enfrentar la realidad, hacer mucho y opinar poco”, cuenta. “Yo no ‘doy voz’ a las personas, hago eco de la suya con estructura y rigor”, remata.
Cuando publicó Los demonios del Edén, sobre la red de abusos sexuales a menores en Cancún alimentada por famosos empresarios y funcionarios públicos, tenía claro que no bastaba con el escándalo: “Queríamos judicializar el caso y proteger a los afectados”. 20 años después de destapar aquella trama, su caso es un termómetro de justicia. “Sentenciamos a 112 años al líder criminal, Interpol detuvo al multimillonario Nacif en Líbano, los policías que me torturaron fueron sentenciados…”, enumera. Añade que tiene “al gobernador Marín en una prisión de alta seguridad esperando sentencia” y que sigue testificando contra él; hay otros dos detenidos. “Eso es un triunfo histórico”, sostiene.
Dos generaciones de mujeres repasan 50 años de lucha contra la violencia machista en España: "Aún falta educar en prevención"
Su lectura del momento actual de los derechos humanos es global y muy crítica. Habla de “una crisis mundial provocada por los tecnodictadores”, con sociedades que se defienden mejor que otras. No ahorra palabras para el feminismo hegemónico en Europa occidental y Norteamérica: lo considera “muy débil porque es esencialmente etnocentrista, capitalista y superficial, habla mucho y hace poco por las oprimidas y discriminadas reales”. Frente a ese modelo, reivindica el de América Latina, África, Asia y Oriente, “basado en la acción por la supervivencia, por la vida, contra las opresiones individuales y del sistema”.
La activista y periodista de investigación, fotografiada en entrevistas para EL ESPAÑOL por Javier Carvajal.“Hace 45 años, no existían leyes contra la violencia de género. Todo era intrafamiliar y privado”- Lydia Cacho
Al repasar la evolución del movimiento en México, recuerda: “Cuando empecé a hacer activismo hace 45 años, no existían leyes contra la violencia de género ni teníamos el lenguaje para nombrarlo. Todo era intrafamiliar y privado”, explica. Trabajaron durante décadas para integrar los conceptos actuales en los sistemas judiciales y en la vida cotidiana. Recuerda la resistencia de muchos hombres, pero también que “millones avanzaron” junto a ella. Sobre el 8M, insiste en que se parece al de otros lugares en algo fundamental: “Las mujeres están tan seguras o inseguras como en Europa; depende de su barrio, su estatus económico e incluso el nivel de su rabia”.
La diferencia es que “las latinoamericanas no creemos que nuestros gobiernos son feministas”, así que la lucha sigue centrada en cambios “estructurales de fondo y forma”. Describe marchas en las que caminan juntas periodistas, académicas, líderes indígenas, trabajadoras del hogar, campesinas, supervivientes y madres, conscientes de que ejercer “poder feminista e incidencia implica ser contrapoder” y que eso “nos vuelve peligrosas, tanto así que nos quieren matar y a veces lo logran”. Para este día, su mensaje es aprender a distinguir entre cuestionar sin atacar identidades y a aceptar la incomodidad del desacuerdo sin censurar el tema que se discute: “Si tus ideas son inamovibles, nunca crecerás”.
Ainhoa Paredes, Reino Unido
Londres es uno de los grandes nodos informativos del mundo y también el destino desde el que informa Ainhoa Paredes para cadenas como Telecinco, consciente de que el teléfono puede sonar en cualquier momento ante un suceso o comparecencia en Downing Street. A esa alerta se suma una exigencia extra que, dice, recorre las experiencias de las mujeres corresponsales: “A nosotras se nos juzga hasta si no nos maquillamos, a ellos no”, comenta, recordando cómo la imagen pesa de distinta manera para reporteras y reporteros cada vez que se enciende la cámara.
Atiende la videollamada en un mes de agenda marcada por la implicación de Andrés Mountbatten-Windsor en el caso Epstein. Durante meses leyó documentos y testimonios “muy sórdidos”, dice, sobre trata sexual, vuelos de élite y silencios dentro de la monarquía. La revisión no afecta sólo al expríncipe, sino también a Carlos III y a la propia fallecida Isabel II: “Muchos británicos piensan que la imagen que tenían de la Reina no es la misma, porque ella sabía y protegió a su hijo”. Esas jornadas de cobertura, admite, han sido “duras” también como mujer, y este 8M espera ver pancartas recordando a las víctimas.
“La imagen que muchos británicos tenían de Isabel II ha cambiado a raíz del escándalo del expríncipe Andrés”Ainhoa Paredes, en una cobertura en Downing Street.- Ainhoa Paredes
Comparar Londres y Madrid en clave feminista le ha dado más de una sorpresa. Recuerda el 2018 en que España llenó portadas con marchas masivas mientras en el Reino Unido apenas se convocaba una protesta que llenaba una sola plaza. “Recuerdo que preguntaba a instituciones y me costaba incluso averiguar si iba a haber una manifestación o no. Aquí cuesta más que salgan a la calle, pero el año pasado fui testigo de la concentración más multitudinaria que he visto nunca en Londres. Recorrió Oxford Street y Regent Street hasta llegar a la plaza de Trafalgar", explica.
Reino Unido sigue manejando la cifra de “dos mujeres asesinadas a la semana”, pero durante mucho tiempo titulares neutros como “persona muerta” borraban que la víctima era femenina y que había una relación de pareja detrás, hasta el punto de que una activista tuvo que ir caso por caso a los juicios para reconstruir por su cuenta ese recuento. Paredes cree que España ha hecho “mucha más labor didáctica y pedagógica” y que en suelo británico, “aunque ha aumentado la concienciación en los últimos años y la reina Camila se ha implicado activamente en esta causa, aún se habla poco de ello en los medios británicos”.
También en la vida privada, dice, la igualdad se juega en otro tablero para las informadoras. Paredes lleva 24 años en Inglaterra, con su vida ya hecha en Londres pero con la familia y la morriña al otro lado del canal. Destaca un patrón que se repite cuando mira a su alrededor: “Es muy difícil encontrar a una corresponsal de televisión que lleve muchos años, sea mujer y tenga hijos”. Compatibilizar guardias 24/7, directos imprevistos y viajes exprés con la maternidad sigue siendo “casi un milagro”, y muchas colegas o "hacen malabarismos" o pagan el precio de no ser madres.
La informadora de Mediaset toma notas antes de contar la actualidad de su destino a los españoles.Anna Buj, Bélgica
Plumilla en La Vanguardia, Anna Buj narra cómo se negocia a diario una Europa donde cada reglamento y cada presupuesto tienen impacto directo en la vida de las mujeres, pero también donde existen herramientas para defender derechos conquistados y empujar otros nuevos. Tras años en Roma y atendiendo a los discursos del Papa en el Vaticano, ahora observa ese movimiento de placas tectónicas desde el corazón de la UE. “El ascenso de la ultraderecha global tiene su reflejo en Bruselas. En las últimas elecciones europeas, los partidos de esa tendencia obtuvieron un resultado histórico”, comenta, y añade que eso se nota en el lenguaje cuando se habla de igualdad.
“Cada vez escuchamos con más frecuencia y normalidad discursos que antes eran excepcionales: ataques a lo que denominan ideología woke, rechazo frontal al feminismo, apelaciones a la familia tradicional”, comenta. Posiciones que hace unos años parecían marginales “se han vuelto casi rutina”, tanto en el Parlamento Europeo como en la Comisión. Cita el caso del comisario Oliver Várhelyi, propuesto por el gobierno del húngaro Viktor Orbán, cuya eventual influencia “en cuestiones vinculadas al aborto” generó polémica en comisiones y capitales. “Aunque se dejó claro que se trataba de una competencia nacional, la mera sospecha desató la alarma”, añade.
Antes de ser destinada a Bruselas, Anna Buj cubrió la actualidad de Roma y el Vaticano. A la derecha, la periodista participando en la conferencia de Pol Morillas, director del CIDOB, con motivo de la presentación de su libro en Bruselas.Le llama especialmente la atención que algunas de las figuras de referencia de esta nueva ola sean mujeres: Giorgia Meloni en Italia o Alice Weidel en Alemania. “Todo ello evidencia hasta qué punto el auge de este ultraconservadurismo está entrelazado con los debates sobre igualdad y derechos de las mujeres”: el género, asegura en conversación con esta revista, ya no se discute solamente frente a hombres que rechazan el feminismo, sino también frente a liderazgos femeninos que cuestionan su sentido.
Al mismo tiempo, ve cómo desde abajo se activan otras fuerzas. La iniciativa ciudadana My Voice, My Choice reunió más de un millón de firmas para reclamar “un fondo para ayudar a mujeres de países que todavía hoy no garantizan un acceso seguro al aborto, como Polonia, Malta o Hungría”. A su juicio, “la respuesta de la Comisión fue bastante tibia”: se reconoció que puede usarse dinero europeo para este tipo de actuaciones, “pero se remitió a partidas ya existentes”. Ese matiz, dice, “refleja el momento en el que estamos” y confirma que la igualdad y los derechos reproductivos siguen siendo un terreno de disputa, pero también que en 2026 hay una ciudadanía capaz de influir en la agenda comunitaria.
“En Europa, el auge de la ultraderecha está entrelazado con los debates sobre igualdad y derechos de las mujeres”- Anna Buj
María Senovilla, Ucrania
En el cuarto año de guerra en Ucrania, María Senovilla responde desde el Donbás con las tropas rusas a 12 kilómetros de su casa y la mochila lista para ir al frente cerca de Pokrovsk, “la ubicación más negra del frente de combate”. Freelance, escribe y fotografía para medios como EL ESPAÑOL o The Guardian, decidida a cubrir “la gran conflagración de Europa del siglo XXI” y a quedarse “hasta que termine”. Su forma de contarla pasa por mantener dos frentes a la vista, “el que se sostiene en las trincheras y el que vive la gente en las ciudades”, resume.
Cuando habla con los soldados le interesa “el lado humano: cómo están ellos y sus familias, qué expectativas de futuro tienen”. En las historias que recoge, las ucranianas aparecen en primer plano. En una de tantas que se pueden encontrar al repasar sus artículos, cuenta cómo la guerra forzó a cambiar una ley de los años 80 que impedía a las mujeres desempeñarse como mineras: “Antes sólo podían hacer trabajos en la superficie o de oficina”. Sin embargo, cuando muchos hombres del sector se alistaron, faltó personal y “derogaron la ley para que ellas también pudieran bajar”.
La ONU calcula que al menos 5.000 mujeres y niñas han muerto desde el inicio de la contienda, pero Senovilla se rebela contra las estadísticas oficiales porque ofrecen “una mera ilusión”. Recuerda que en Mariúpol las autoridades hablaron de 25.000 fallecidos en los tres primeros meses de 2022 y que se cree que la cifra llegó a 75.000 a final de año. Y no acepta la idea de que se haya violado a más hombres que mujeres: “No contabilizan la cantidad de agredidas que hay en los territorios ocupados”. Para ella, es una prueba de que las grandes instituciones internacionales “están obsoletas para arreglar el mundo”.
A la izquierda, la periodista freelance, que informa para el español y otros medios, retratada por un oficial de prensa de una brigada con la que trabajó en el frente de combate de Chasiv Yar (Donetsk). A la derecha, retratada en la ciudad de Kupyansk (Kharkiv) por Miguel Gutiérrez Garitano.Cuando habla de las ucranianas, la corresponsal vuelve siempre a la palabra ‘fortaleza’. Describe a madres, hijas, esposas y abuelas que buscan a familiares sin saber si han muerto en el frente o están en una cárcel rusa, y recuerda a Tina, protagonista de uno de sus reportajes, que “perdió las dos piernas” y aun así reconstruye su vida paso a paso. El 8M tampoco desaparece entre sirenas: el primer año de guerra estaba en Odesa y la que se olvidó de la fecha fue ella, hasta que vio “a un montón de señores con flores en las manos” y supo que eran para ellas, como muestras de amor y celebración en esta efeméride.
Tener nombre femenino en la guerra atraviesa también su oficio. Le sorprendió ver al inicio de la invasión a muchas compañeras, algo que no había visto en su paso previo por Afganistán. Pero al fijarse mejor descubrió que “el cámara, el productor, el fixer… todos eran hombres” y que, cuanto más se acercaba al frente, menos como ella encontraba: “Las fotógrafas en las trincheras se cuentan con los dedos de una mano”. Entre muchos colegas jóvenes, lamenta, “se sigue pensando que es un trabajo masculino y que estamos usurpando su trabajo”.
Aun así, sigue entrando, preguntando y escuchando. Y cuando las ucranianas le entregan sus historias de resiliencia, también se permite quebrarse un segundo: “A veces te emocionas, claro, y te abrazas mucho con la gente que te regala sus testimonios. Es un gesto de generosidad maravilloso que compartan contigo esas historias”. Luego se recompone: “Aunque lo hagas, tienes el deber como periodista de estar entera y concentrada para recoger esos relatos y luego transmitirlos al resto del mundo de la mejor manera posible”.
“Las estadísticas oficiales sobre las mujeres víctimas en la guerra de Ucrania son sólo una ilusión”- María Senovilla
Nuria Tesón, Egipto
Nuria Tesón atiende la llamada desde El Cairo, donde vive desde 2009 y sigue Oriente Medio para medios como La Sexta, France 24 o Fuller Project en un momento en que la escalada con Irán y el bloqueo sobre Gaza amenazan la economía y agravan las brechas sociales. De niña decidió ser corresponsal leyendo crónicas de los Balcanes y viendo en las fotos de refugiados y hambrunas: “Quería saber qué les pasaba a esas personas”. Estudió Periodismo en la Complutense, entró en El País y, harta de esperar a que alguien la enviara fuera, se instaló por su cuenta en Egipto, desde donde ha cubierto grandes acontecimientos —como la Primavera Árabe— con una mirada marcada por el género.
En Gaza comprendió que la guerra también se libra en los hogares y en los cuerpos: se pueden usar “bombas de sonido para aterrorizar, contaminar acuíferos para arruinar la agricultura o imbuir el miedo desde la infancia”, dice. En ese contexto, las mujeres son las primeras en sentir la escasez: cargan con el cuidado de hijos y mayores, gestionan la falta de alimentos y padecen con más intensidad las enfermedades asociadas a la falta de agua y saneamiento. “Ellas y los niños siempre son más vulnerables en los conflictos”, insiste; no sólo por las violencias específicas que sufren —como agresiones sexuales—, sino porque el rol de cuidadoras las coloca en la primera línea de la crisis.
Al mismo tiempo, reivindica su papel como motor de cambio. En Irán subraya que las últimas revueltas no se entienden sin las mujeres que, desde los primeros días tras la revolución islámica, han mantenido vivo un hilo de protesta que va de las primeras desobediencias al hiyab obligatorio hasta el Mujer, Vida, Libertad tras el asesinato de Mahsa Amini. Y recuerda que en todas las grandes oleadas de movilización recientes ha encontrado un componente femenino muy visible, aunque muchas veces la narrativa internacional las siga colocando solamente como afectadas.
Nuria Tesón, fotografiada durante el intento de golpe de Estado de Turquía en 2016 por Miguel Ángel Sánchez.“Las mujeres son más vulnerables en los conflictos, pero también actúan como motores de cambio”- Nuria Tesón
Egipto condensa esas contradicciones. Tesón habla de un país con una tradición feminista fuerte —de Hoda Shaarawi a Nawal El Saadawi— pero en el que los espacios de protesta hoy están limitados. El acoso sexual sigue siendo uno de los grandes agujeros negros: un estudio de la ONU estimó que el 99,3% de las egipcias había sufrido comentarios soeces, miradas lascivas o tocamientos en la calle. Ella cree que las campañas callejeras y la posibilidad de exponer al agresor en redes han reducido parte de esa impunidad, pero advierte de que la reacción sigue siendo culparlas a ellas: “Se las juzga por cómo visten”.
Ese paternalismo, añade, se replica dentro del propio oficio. Aunque cada vez haya más mujeres cubriendo guerras, “la promoción no está a la misma altura que la de los hombres” y persisten inercias que las tratan como excepción o cuota. Aplaude que haya más editoras y jefas abriendo espacio a enfoques de género, pero le preocupa que algunos medios los arrinconen en secciones específicas sobre “mujeres”, como si no atravesaran economía, política o seguridad. Mientras tanto, su apuesta pasa por seguir contando Oriente Medio desde una doble convicción: que lo que ocurre allí afecta directamente a la vida en el resto de países, y que sin la mitad femenina del relato la historia no está completa.
La periodista especializada en Oriente Medio recibió el galardón eWoman Igualdad 2023 por su labor periodística y trayectoria. Fotografiada por José Luis Leal.Lorena Cantó, China
En Pekín nieva y Lorena Cantó llega a la delegación de EFE en bici antes de sentarse a explicar una potencia que sigue siendo, pese a su peso, una gran desconocida. China es la segunda economía del mundo, un actor clave en la guerra comercial con Estados Unidos y en las tensiones sobre Taiwán y Hong Kong, y al mismo tiempo un escenario para entender cómo se están moviendo hoy los derechos de las mujeres. “Este país no es ni blanco ni negro, es una extensa gama de colores y nosotros pintamos con toda la paleta”, resume.
No es un lugar cualquiera para mirar el feminismo. En esta ciudad se celebró en 1995 la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, que alumbró la Declaración y la Plataforma de Acción de Pekín, el plan más ambicioso acordado por 189 gobiernos para avanzar en la paridad, la participación política y una vida libre de violencia para ellas. Dos décadas después, el país mandó señales contradictorias: en 2015, cinco activistas fueron detenidas durante 37 días por planear una acción simbólica en vísperas del 8M, las Feminist Five, cuyo arresto desató una ola de reacciones internacionales..
En 2026, la igualdad, a juicio de Cantó, se distingue dos niveles. En las cúpulas del poder, la presencia femenina sigue siendo mínima: se concentra en segundas líneas, como viceministras o portavoces. Pero en la vida cotidiana, el cambio respecto a generaciones anteriores es “abismal”. En un país donde durante décadas el Estado decidió cuántos hijos podía tener cada familia, ahora son muchas las que se plantan frente a la nueva presión natalista: “Cada vez más, optan por sus carreras o, sencillamente, por no ser madres”.
También en violencia de género, Cantó habla de avance y de límite a la vez. Hay más conciencia institucional y se han reforzado las leyes y recursos contra la trata, pero sigue siendo un tema rodeado de tabúes a la hora de denunciar, por el peso de la familia y del estigma social. Las redes sociales están empezando a mover las placas: algunos casos se viralizan, generan rechazo público y obligan a las autoridades a reaccionar, aunque el gran escollo sigue siendo que las víctimas se animen a acudir al sistema.
Lorena Cantó, retratada por un compañero en la emblemática plaza de Tiananmén.El 8 de marzo, en cambio, apenas deja rastro en las calles chinas. “Aquí no hay manifestaciones”, reconoce la imposibilidad de que esto ocurra. La fecha pasa casi desapercibida para la ciudadanía, bien es cierto que pervive en espacios muy acotados: Naciones Unidas y otros organismos organizan actos y el Gobierno convoca recepciones para periodistas, diplomáticas o empresarias. Es, en sus palabras, es una efeméride “muy institucional, muy medida”, lejos de las mareas violeta que llenan ciudades como Madrid o Ciudad de México.
Incluso dentro de la propia redacción, la igualdad se mide en quién se sienta a la mesa. Hasta hace unos días, Cantó era la única mujer periodista en un equipo de seis para cubrir Pekín. Ahora celebra la llegada de una nueva compañera a la oficina: “Somos pocos para un país tan enorme, y que haya más inormadoras en primera línea importa”, dice. Por eso, para cerrar este Día Internacional de la Mujer, mira más allá del skyline de la capital china y lanza un mensaje a las corresponsales que pasarán el día en frentes informativos que no se apagan: “Para ellas, todo mi respeto y admiración, por este día y por los otros 364”.
“Para todas las corresponsales en primera línea, mi respeto y admiración, este 8M y los otros 364”La jefa de la delegación de EFE en Pekín interviene en una rueda de prensa.- Lorena Cantó
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