El 30% de sus usuarios de internet es menor de 18 años, según datos de UNICEF. iStock
Historias El 80% de los niños entre 10 y 12 años tiene al menos un perfil en redes sociales: "Estamos ante una cuestión de salud pública"La UE lanza una 'app' de verificación de edad para proteger a los menores en internet, pero las organizaciones apuntan a que la medida será insuficiente.
Más información: Así es el "salvaje Oeste digital" que Sánchez quiere regular: la dictadura del algoritmo, acoso e impunidad con los menores
Mariana Goya Publicada 7 mayo 2026 02:45hEn España, el 13% de los adolescentes presenta síntomas de depresión grave y el 7% manifiesta un riesgo suicida elevado. La cifra se dispara entre quienes hacen un uso problemático de las redes sociales —unos 200.000 jóvenes—, donde las tasas de ansiedad y depresión se triplican.
A escala global, la situación no es menos inquietante. Los menores representan ya el 30% de los usuarios de internet, mientras que el acceso se produce cada vez a edades más tempranas. De hecho, el 80% de los niños y niñas de entre 10 y 12 años tiene, al menos, un perfil en redes sociales.
A estos datos se suma que el 57% de los jóvenes entre 15 y 29 años afirma haber sufrido algún tipo de ciberviolencia en el último año, una cifra que asciende al 69% entre los adolescentes de 15 a 19 años, según el informe Código 505. Un estudio sobre las ciberviolencias entre la juventud española, de Fad Juventud.
Las redes y la IA amplifican la violencia entre menores como un "modo de reconocimiento": hay un 18,5% más de asesinatosEste escenario, documentado por investigaciones de organizaciones como UNICEF y Plan Internacional, ha llevado a la Unión Europea a dar un paso más en su regulación digital.
La Comisión Europea ha presentado una nueva aplicación de verificación de edad que, tal y como ha asegurado la presidenta del propio organismo, Ursula von der Leyen, estará disponible "muy pronto". Su objetivo es limitar el acceso de menores a contenidos inapropiados, en el marco de la Ley de Servicios Digitales (DSA).
La herramienta funcionará como un intermediario en donde el usuario tendrá que verificar su identidad mediante documentos oficiales, pero las plataformas solo recibirán una confirmación binaria —por ejemplo, si es mayor de 16 años—, sin acceso a datos personales.
En ese sentido, Bruselas insiste en que la privacidad es central y que el sistema evitará prácticas intrusivas como el reconocimiento facial o el almacenamiento de documentos por parte de empresas tecnológicas.
Un 14% de adolescentes y jóvenes que usa las IAs para contarles sus problemáticas, según los resultados del estudio 'Así somos' realizado por Plan Internacional. iStock
Sin embargo, la pregunta clave no es cómo funciona la app, sino si su aplicación resulta suficiente, dado que los datos describen un problema creciente, pero también estructural. Pues, el entorno digital en el que crecen los menores no fue diseñado para ellos.
"Estamos ante una cuestión de salud pública", advierte Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos Digitales de UNICEF España. Y es que el diagnóstico no se limita a cifras, sino a un modelo digital que condiciona el desarrollo emocional de los adolescentes.
"Lo adictivo de sus diseños, el impacto en su descanso, la constante comparación social o la exposición a violencias digitales eclipsan las características positivas", explica el experto.
Solución, a medias
El problema, insiste Guadix, no es solo cuánto tiempo pasan los menores en redes, sino cómo están diseñadas. "Ninguna edad es totalmente segura si los productos no están pensados para serlo o, peor aún, si lo están para explotar nuestras vulnerabilidades".
Por ese motivo, pese a que limitar el acceso por edad puede reducir ciertos riesgos, esta acción de forma individual no modifica la arquitectura de fondo.
La extensión de la ciberviolencia consolida esta idea: el stalking (64%), los insultos o expresiones difamatorias (64%), los discursos de odio (54%) y la difusión de imágenes manipuladas (50%) son las formas más habituales percibidas por los jóvenes, según el mismo estudio de Fad Juventud.
En ese sentido, la nueva app europea busca precisamente reforzar ese control en uno de los puntos más débiles de internet: la facilidad con la que un menor puede acceder a contenidos restringidos. Porque, hasta ahora, bastaba con marcar una casilla afirmando ser mayor de edad.
Con el nuevo sistema, Bruselas pretende establecer un estándar común que obligue a las plataformas a demostrar que cumplen con garantías equivalentes antes de final de año.
7 de cada 10 menores tienen un móvil propio: "Es difícil que les vendan tabaco, pero en las redes su edad es insignificante""Es evidente lo fácil que resulta decir que eres mayor cuando no es así", señala David del Campo, director de Incidencia y Comunicación de Plan Internacional en España, que compara esta laxitud con la regulación del alcohol o el tabaco: "La responsabilidad de las plataformas es nula".
Además, uno de cada cuatro jóvenes reconoce haber ejercido conductas agresivas en internet o redes sociales, evidenciando que el problema no se limita a las víctimas, sino que también interpela a quienes participan activamente en estas dinámicas digitales.
Aun así, ambas organizaciones coinciden en que la medida, aunque positiva, no ataca la raíz del problema. "Prohibir no resuelve nada si no va acompañado de educación digital, emocional y afectivo-sexual", afirma Del Campo.
Desde UNICEF, Guadix añade que centrar la regulación en el usuario puede generar efectos no deseados: "No podemos conformarnos con suponer que los filtros funcionan y construir un mundo digital sin infancia".
Derechos digitales
En cualquier caso, el debate no es solo tecnológico, sino también legislativo.
"El entorno digital es una extensión de la ciudadanía", explica Guadix. "El reto es proteger sin restringir derechos". La cuestión es que esto implica garantizar la seguridad, pero también el acceso, la participación y el desarrollo de competencias digitales en igualdad de condiciones.
Sin embargo, la normalización de determinadas prácticas preocupa. El 21% de los jóvenes considera justificable presionar a que su pareja para que deje de interactuar con alguien en redes sociales y solo al 34% le parece muy mal el stalking, reflejando un grado significativo detolerancia hacia formas de control digital.
En este contexto, la verificación constante puede generar tensiones. "El riesgo de enfoques muy intrusivos puede derivar en pérdida de confianza, de autoestima e incluso de autocensura", advierte el responsable de UNICEF.
Los informes de Plan Internacional señalan que más de 6 de cada 10 jóvenes expresan temor a volverse adictos al móvil o a dejar de realizar otras actividades por estar conectados. iStock
La clave, señala, está en evolucionar desde el control hacia el acompañamiento, en paralelo al desarrollo del menor.
El problema es que ese acompañamiento aún es limitado. Apenas un tercio de las familias establece normas o supervisa activamente el uso digital de sus hijos.
La consecuencia es que muchos adolescentes navegan un entorno complejo sin herramientas suficientes para interpretar riesgos, gestionar su privacidad o responder a situaciones de violencia digital.
De hecho, el 29% de las víctimas de ciberviolencia no tomó ninguna medida tras sufrir estas agresiones, en muchos casos porque consideraban que "no era tan grave" o que forma parte habitual de internet.
Irrupción 'artificial'
A este escenario se suma, como a todos en los tiempos que corren, el factor de la irrupción de la inteligencia artificial.
"Estamos ante la primera generación completamente digital", explica Del Campo, y el impacto de estas tecnologías ya se deja sentir en múltiples dimensiones.
De hecho, según el estudio Así somos, elaborado por Plan Internacional, un 14% de los adolescentes utiliza la IA como acompañante emocional.
Las consecuencias son ambivalentes. Por un lado, amplían el acceso a información y apoyo; por otro, introducen nuevos riesgos.
"Vemos nuevas formas de violencia sexual facilitadas por IA como deepfakes, presión estética, dificultad para distinguir qué es real y algoritmos que promocionan contenidos perjudiciales", detalla Del Campo.
Entre las agresiones que más preocupan a la juventud destacan la difusión no consentida de imágenes íntimas (48%), los fraudes o estafas online (45%) y las amenazas o extorsiones (35%), según Fad Juventud.
Además, el 58% de las víctimas asegura que estas experiencias han afectado al su bienestar emocional o su vida cotidiana.
Los expertos apoyan proteger a los menores de las redes, pero con matices: "La alternativa no es el autoritarismo de China"Sin embargo, estos riesgos no inciden por igual a todos los menores. El género y el contexto socioeconómico actúan como amplificadores.
"Más del 80% de las chicas teme ser víctima de violencia sexual digital", subraya Del Campo, que también apunta a un mayor uso intensivo y riesgo de dependencia en ellas. En entornos vulnerables, además, la falta de recursos limita la capacidad de las víctimas para acompañar la vida digital de los menores.
El impacto emocional también es desigual. El 25% de las chicas que ha sufrido ciberviolencia afirma haberse sumido en un estado de apatía, diez puntos más que los chicos.
En paralelo, las plataformas siguen en el centro del debate. "Una buena decisión en el diseño pone a salvo a todos los usuarios", afirma Guadix, que reclama mayor transparencia y rapidez en la implementación de medidas de protección.
La autorregulación, concluye, "no ha sido suficiente", mientras que la aplicación efectiva de la normativa europea sigue acumulando retrasos.
Y es que no es casual que el 63% de los jóvenes considera que las plataformas deberían tener un papel clave en la lucha contra la ciberviolencia y el 57% señale también a las familias como actores fundamentales.
De cualquier modo, el consenso entre organizaciones ante este escenario es claro. Aseguran que la app de verificación de edad puede marcar un antes y un después en el control del acceso, pero son conscientes de que no resolverá por sí sola un problema que es, al mismo tiempo, tecnológico, educativo y social.
Porque, como resume el portavoz de UNICEF, "internet no se diseñó pensando en la infancia".
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