- ANA MEDINA
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El número de campañas activistas retrocedió en Norteamérica y Europa, centrándose en empresas donde la probabilidad de éxito era mayor.
Lograr el cambio es un objetivo importante para los activistas, aunque no el único. Cada vez exigen más responsabilidad a los consejos, impulsan a las empresas hacia estrategias que maximicen el valor para el accionista y pueden influir en decisiones críticas sobre activos no estratégicos o divisiones con bajo rendimiento, asegura Cas Sydorowitz, global head (director global) de Georgeson. El último informe sobre activismo del proxy solicitor muestra un retroceso de este movimiento a nivel mundial el año pasado.
A nivel general, los activistas continuaron exigiendo responsabilidades a los consejos, pero se centraron en campañas con más probabilidad de éxito. En Europa, hicieron menos campañas, con iniciativas muy específicas. En lugar de perseguir agendas generales, el objetivo fueron empresas donde la probabilidad de éxito era mayor, haciendo hincapié en mejoras operativas y en la generación de valor para los accionistas. Las barreras regulatorias y estructurales, así como los marcos de gobernanza más restrictivos y los derechos de los accionistas, limitaron las campañas a gran escala en Europa continental.
Accionistas en contra
Los datos también muestran que el activismo ambiental y social (E&S) pierde impulso, reduciendo el entusiasmo por estas iniciativas, con fracasos como las campañas contra la petrolera estatal noruega Equinor. Una cuarta parte de los accionistas votó en la junta de 2025 en contra de su Plan de Transición Energética, y solo el 19% de los partícipes no estatales aprobó una propuesta para aumentar la transparencia sobre la información climática.
Las propuestas relacionadas con la gobernanza también tuvieron dificultades, reflejando la reticencia de los inversores a respaldar demandas percibidas como disruptivas o desalineadas con las prioridades financieras. Entre los factores que explican esta desaceleración figuran las incertidumbres del mercado y los vientos en contra de la economía, que hicieron que los consejos fueran más resistentes a la presión activista y los inversores priorizasen la estabilidad frente a los cambios drásticos.
En conjunto, el activismo retrocedió un 15% el año pasado. Mientras en la región Asia-Pacífico cayó un 4,2%, en Norteamérica lo hizo un 17,7%, de 434 campañas en 2024 a 357 en 2025. El 57% de ellas en Estados Unidos se dirigió a empresas con una capitalización inferior a los 2.000 millones de dólares, ya que los activistas se centraron más en las firmas de pequeña y mediana capitalización donde suelen ver más oportunidades para influir en la estrategia e impulsar el cambio. Pero, aunque las campañas en los grupos de gran capitalización retrocedieron, el 24% del activismo siguió dirigido hacia ellas, como la emprendida contra PepsiCo para que escindiera sus operaciones de embotellado o considerase la venta de activos no estratégicos en su negocio de alimentación.
Europa
Las campañas en Europa pasaron de 142 en 2024 a 117 en 2025, un 17,6% menos. Los activistas lanzaron menos campañas, pero más específicas y centrándose especialmente en empresas donde podrían tener mayor éxito.
Reino Unido vivió 52 campañas y Alemania, 16. Las 49 restantes se repartieron entre varios países, incluida España, con tres. Los activistas individuales y tradicionales fueron los que tuvieron más éxito, logrando resultados positivos, o parcialmente positivos en más del 60% y del 55% de sus demandas, respectivamente. Los activistas accionistas lograron 32 de los 84 puestos en los consejos (38%) que reclamaban en empresas europeas, una tasa de éxito superior a la del año anterior, que rondaba el 30%.
¿Qué cambios piden los activistas?
Los cambios de liderazgo y en los consejos de administración siguen siendo el objetivo primordial de estos inversores que buscan influir en la estrategia e impulsar el cambio. En Estados Unidos, el 41% de las campañas se centró en el cambio de directivos o consejeros, buscando obtener asientos en los consejos o nombrar nuevos altos ejecutivos. También se enfocaron en destituir a los miembros del consejo o a los altos ejecutivos en cerca del 22% de los casos. Otro 19% se dirigió a impulsar fusiones y adquisiciones para dar forma a la estrategia corporativa, mientras que otro 11% se opuso a ellas. En Reino Unido, el objetivo era realizar cambios en los consejos o de directivos (33%), fusiones y adquisiciones (20%), creciendo ligeramente las peticiones relacionadas con temas ambientales, sociales y de gobernanza (9% del total). El peso fue similar en Alemania, con cambios en los consejos (29%), el impulso a las fusiones (23%) y los asuntos de gobernanza (16%). En los países nórdicos, el principal motivo fueron los temas ambientales y sociales.
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