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El activista George Sabe sobre la posible reconstrucción de Siria: "Somos peones de ajedrez en manos de las grandes potencias"

El activista George Sabe sobre la posible reconstrucción de Siria: "Somos peones de ajedrez en manos de las grandes potencias"
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15 años después del inicio del conflicto, la pobreza afecta a más del 80% de la población y ciudades como Alepo aún luchan por recuperarse. Más información: Israa y Mohammed, refugiados sirios en Jordania: "Crecer en un campamento es muy difícil para nosotros, los jóvenes"

George Sabe es cofundador de la organización humanitaria los Maristas Azules. Manos Unidas

Referentes 15 años del comienzo de la guerra en Siria El activista George Sabe sobre la posible reconstrucción de Siria: "Somos peones de ajedrez en manos de las grandes potencias"

15 años después del inicio del conflicto, la pobreza afecta a más del 80% de la población y ciudades como Alepo aún luchan por recuperarse.

Más información: Israa y Mohammed, refugiados sirios en Jordania: "Crecer en un campamento es muy difícil para nosotros, los jóvenes"

Publicada 15 marzo 2026 01:23h

Más de una década después del inicio de la guerra civil en Siria, el conflicto sigue figurando entre las mayores catástrofes humanitarias del siglo XXI. Desde el estallido de las protestas en 2011 y su rápida deriva hacia un enfrentamiento armado, el país ha sufrido una devastación humana y material de enorme magnitud.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la guerra ha causado más de 500.000 muertos. Naciones Unidas estima que más de 14 millones de sirios han tenido que abandonar sus hogares, de los cuales alrededor de 6,8 millones se encuentran desplazados dentro del propio país y más de seis millones viven como refugiados en el extranjero, de acuerdo con datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El impacto sobre la infancia ha sido especialmente grave. UNICEF calcula que más de siete millones de niños necesitan asistencia humanitaria, mientras que varios millones han crecido sin acceso regular a la educación debido a la destrucción de escuelas y al desplazamiento forzado.

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En paralelo, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que más del 80% de la población siria vive actualmente en situación de pobreza, en gran parte como consecuencia del colapso económico derivado de la guerra, las sanciones internacionales y la destrucción de infraestructuras.

Entre las ciudades que mejor simbolizan esta tragedia se encuentra Alepo, la segunda mayor urbe del país y durante siglos uno de los grandes centros comerciales de Oriente Próximo. La ciudad, que llegó a albergar a más de dos millones de habitantes antes del conflicto, se convirtió en uno de los principales escenarios de combate urbano durante la guerra.

Para el hermano George Sabe, nacido en Alepo, testigo directo de aquellos años y portavoz de Manos Unidas en su campaña anual 2026, Declara la guerra al hambre, el contraste entre la ciudad de su infancia y la de la guerra resulta difícil de asimilar.

"Alepo, una de las ciudades habitadas más antiguas de la Tierra, era un lugar de comercio entre Oriente y Occidente", recuerda.

George Sabe por las calles de Alepo, Siria. Manos Unidas

Su gran zoco y sus históricos caravanserais —posadas que servían de alojamiento a comerciantes y viajeros— simbolizaban ese papel de puente entre culturas. "Era un sitio de seguridad donde venían turistas y extranjeros para visitar, vivir y establecerse", explica.

Ese equilibrio se rompió con rapidez tras el estallido del conflicto. La región quedó dividida entre zonas controladas por distintos bandos, "con un bloqueo de la parte occidental", y la población comenzó a desplazarse masivamente. Lo primero que desapareció, añade Sabe, fue la sensación de "seguridad".

Sobrevivir a la guerra

Durante los años más intensos de la batalla por Alepo, la vida cotidiana quedó marcada por la incertidumbre y el miedo. Conseguir agua, comida o electricidad se convirtió en un desafío diario.

"Las tensiones cotidianas de una familia eran múltiples: el miedo de morir entrenaba una voluntad de huir", explica Sabe. De hecho, muchas familias intentaban sacar del país a los jóvenes para evitar el servicio militar o protegerlos de los combates.

Uno de los mayores problemas fue el acceso al agua. "Se cortaba días y días y a veces meses", relata el portavoz de Manos Unidas, lo que provocaba que muchas personas dependieran de pozos improvisados o de puntos de distribución gestionados por organizaciones locales.

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Incluso, en muchas casas, los niños asumían la tarea de transportar bidones para abastecer a sus familias, a menudo con agua no potable.

La electricidad tampoco estaba garantizada. Las velas y las baterías se convirtieron en fuentes básicas de luz, mientras que el frío del invierno obligaba a improvisar sistemas de calefacción con cualquier material disponible.

"Al faltar el gasoil, echábamos en las chimeneas ropa usada, plástico, zapatillas… Todo lo que era posible de quemar", recuerda. Tal era la magnitud del problema que los árboles de los jardines públicos fueron talados para obtener combustible.

La alimentación, por su parte, se redujo a lo que podía encontrarse en los mercados o a la ayuda humanitaria distribuida por organizaciones no gubernamentales. La inseguridad era tal que ni siquiera los cementerios resultaban lugares seguros. "Enterrar al familiar que muere podía hacerse en cualquier parque", explica Sabe.

Trauma colectivo

La destrucción de hospitales, escuelas e infraestructuras tuvo consecuencias en la salud física y psicológica de la población, especialmente entre los más jóvenes.

"El trauma es muy fuerte", afirma Sabe. De hecho, muchos niños desarrollaron un miedo persistente al sonido de los aviones, que solía anticipar bombardeos. También se instaló un temor constante a la separación familiar.

UNICEF calcula que más de 7 millones de niños necesitan asistencia humanitaria en Siria. Manos Unidas

"Dormir todos en la misma habitación, miedo a perder la casa, miedo a perder el empleo… Todo eso creaba más violencia, más miedos y reacciones incomprensibles", explica.

Y es que la interrupción prolongada de la educación y la pérdida de una vida cotidiana estable han marcado a una generación entera que apenas ha conocido una Siria en paz.

¿Posible reconstrucción?

A pesar de que los combates más intensos en Alepo disminuyeron hace años, la ciudad sigue enfrentándose a enormes dificultades para recuperarse. "La guerra no se acabó", advierte Sabe.

Según su experiencia sobre el terreno, cada intento de reconstrucción se ve frustrado por nuevos episodios de violencia o crisis. "Cada vez que la ciudad quiere levantarse y empezar una reconstrucción de la ciudad y de las personas, hay un acontecimiento que viene a cerrar los horizontes".

Algunas familias desplazadas han regresado a la ciudad solo para descubrir que sus viviendas han quedado destruidas. Otras, que lograron establecerse en el extranjero, regresan únicamente para vender las propiedades que conservan.

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Aunque, más allá de las propias consecuencias directas del conflicto, el mayor desafío para muchos sirios está siendo la crisis económica que atraviesa el país. La falta de inversión, las sanciones internacionales y la destrucción de gran parte de la infraestructura productiva han debilitado gravemente la economía.

"Más del 80% de la población vive en situación de pobreza", señala Sabe. Y, en este escenario, la reconstrucción resulta extremadamente difícil sin apoyo financiero internacional. "No puede realizarse sin un apoyo económico real y que no imponga más sacrificios a la población", añade.

Mientras tanto, la falta de oportunidades empuja a muchos jóvenes a abandonar el país en búsqueda de un empleo digno que les "asegure un futuro".

El pueblo, salva al pueblo

La guerra también ha alterado el equilibrio social de Siria, históricamente caracterizada por la convivencia entre distintas comunidades religiosas y culturales.

"Nos ha dividido en comunidades separadas y fanatizadas", explica Sabe. Lo que antes era un mosaico de convivencia se ha transformado en un discurso marcado por mayorías y minorías.

George Sabe fue cofundador de los Maristas Azules, la organización humanitaria que desde 2012 se dedica al acompañamiento de personas afectadas por la guerra en Siria. Manos Unidas

Por ese motivo, para el portavoz de Manos Unidas, la reconstrucción del país pasa también por una transformación social. "Nos falta una justicia basada en los derechos humanos y una educación a la paz". Pues, tras años de conflicto, la percepción más dentro de las fronteras es que, tal y como lamenta Sabe, los sirios tan solo son "peones de ajedrez en manos de las grandes potencias"

A pesar de todo, el alepino mantiene una convicción clara sobre el futuro de su país: la reconstrucción deberá surgir desde dentro. "El proyecto de vida lo tienen que escribir los sirios", afirma.

Y ese camino, concluye, pasa por apostar por la educación para la paz, una economía capaz de ofrecer oportunidades y unas instituciones que garanticen los derechos de todos.

  1. Siria
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  3. Guerra
  4. Objetivo 1: Fin de la pobreza
  5. Objetivo 8: Trabajo decente y crecimiento económico
  6. Objetivo 16: Paz, Justicia e instituciones sólidas

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    Fuente original: Leer en El Español
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