Sin embargo, la palabra "mineral" no indica a los consumidores qué cantidad de un nutriente concreto está presente. "La gente ve términos como 'rica en minerales', altos valores de sólidos disueltos totales (TDS) o un pH alcalino en una etiqueta de gama alta y da por sentado que son automáticamente indicadores de una calidad superior, cuando ninguna de esas cifras dice nada por sí sola", afirma Maria Abi Hanna, cofundadora y CEO del software de inteligencia nutricional Food Label Maker,
Los TDS miden la concentración combinada de sustancias disueltas en el agua. Un valor más alto no sirve como indicador de seguridad, pureza o beneficios para la salud. Describe principalmente la carga mineral del agua.
El mismo problema se aplica al agua alcalina. Su pH más alto se presenta con frecuencia como una ventaja para el bienestar, pero el pH por sí solo no determina que una botella sea más saludable. El estómago ya es muy ácido y el cuerpo regula estrictamente el pH de la sangre.
En su lugar, los consumidores deberían fijarse en qué minerales aparecen en la etiqueta y en qué concentraciones. Por ejemplo, las personas que limitan su ingesta de sodio pueden tener prioridades diferentes a las de alguien que busca específicamente un agua que contenga calcio o magnesio.
la hidratación, pero sí pueden alterar el sabor. "Algunas aguas tienen un sabor muy ligero porque su contenido en minerales es muy bajo", menciona Mascha.El agua de lluvia que ha tenido poco contacto con el suelo puede contener muy pocos minerales disueltos. El agua de icebergs y algunas aguas glaciales también pueden situarse en el extremo inferior de la escala de TDS, lo que produce un sabor relativamente ligero o neutro.
botellas de plástico son sensibles al estrés térmico, a la radiación UV o a los tiempos de almacenamiento prolongados", afirma la Dra. Nidia Rodríguez-Sánchez, profesora titular de fisiología y nutrición en la Universidad de Stirling, en Escocia.Esto es especialmente relevante en climas cálidos. Dejar agua embotellada dentro de un vehículo o almacenarla durante períodos prolongados a altas temperaturas puede aumentar la migración de sustancias del PET al agua. Diversos estudios han revelado que el calor puede incrementar la liberación de antimonio, una sustancia utilizada en la fabricación del PET, aunque las concentraciones varían según la botella, la temperatura y el tiempo de almacenamiento.
El vidrio no es una solución libre de plástico. Un estudio de 2025 dirigido por la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Medioambiental y Laboral (ANSES) detectó microplásticos en bebidas envasadas en vidrio.
El vidrio en sí mismo no se identificó como la fuente principal. Los investigadores atribuyeron muchas de las partículas al recubrimiento pintado de los tapones metálicos de las botellas, que podían rayarse al rozarse entre sí durante el almacenamiento.
Los resultados también variaron según la bebida. Los refrescos y la cerveza en botellas de vidrio contenían un número considerablemente mayor de partículas que las mismas bebidas en otros envases. En general, el agua contenía muchas menos partículas, aunque el agua embotellada en vidrio presentaba un contenido ligeramente superior al del agua envasada en plástico o en cartones.
El estudio no demuestra que los envases de vidrio sean más peligrosos que los de plástico. Lo que sí demuestra es que cambiar el material de la botella no elimina todas las demás fuentes potenciales de exposición al plástico.
La respuesta de Mascha a todo esto es que la preocupación se aplica de forma selectiva: "Todo el mundo habla de los microplásticos en el agua. Pero también hay microplásticos en el vino, en la cerveza y en la Coca-Cola".
Artículo originalmente publicado enWIRED.com.Adaptado por Alondra Flores.