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Vista aérea del pozo más antiguo y profundo de la Península Ibérica, ubicado en el yacimiento arqueológico de la Motilla del Azuer. El agua vuelve a aflorar en el pozo más antiguo y profundo de la Península IbéricaArqueología ·
Las lluvias caídas en invierno y en primavera devuelven a la Motilla del Azuer la función con la que se construyó hace 4.000 añosJ. M. L.
Ciudad Real
Miércoles, 8 de abril 2026, 00:25
... profundo de la Península Ibérica, el del yacimiento arqueológico de la Motilla del Azuer, en Daimiel (Ciudad Real). Desde hace una década el agua no se dejaba ver en este pozo construido en la Edad del Bronce hace 4.000 años.Este pozo está considerado como el más antiguo y hondo de la Península Ibérica con más de doce metros de profundidad bajo el nivel de la superficie, «lo que demuestra que tuvieron que excavar mucho para alcanzar el nivel freático», añade Miguel Torres. Su estado actual muestra la función original con que se construyó en la Edad del Bronce y «ayuda a comprender mejor la importancia que tuvo para las comunidades prehistóricas que habitaron la zona», indica este arqueólogo acerca de este pozo monumental único.
Las motillas
Este yacimiento visitable fue un poblado prehistórico situado a catorce kilómetros del actual municipio de Daimiel. Su nombre, «motilla», representa uno de los tipos más singulares de asentamiento prehistórico de la Península Ibérica: montículos artificiales de entre cuatro y diez metros de altura reforzados con una fortificación con varias líneas amuralladas concéntricas.
Su distribución se centra en la llanura manchega, con equidistancias de cuatro a cinco kilómetros, en torno a vegas de ríos y lagunas y áreas palustres. Precisamente, la Motilla del Azuer se encuentra situada junto al río Azuer. La monumentalidad de las estructuras de su fortificación, con muros de mampostería de más de ocho metros de alzado, otorgan a este asentamiento un carácter relevante dentro de la Edad del Bronce de la Península Ibérica.
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En el interior de su recinto fortificado se protegía un recurso vital -el agua captada del nivel freático mediante un pozo para abastecer al asentamiento- pero también se almacenaba y procesaba cebada y trigo a gran escala, se producía cerámica y se guardaba el ganado.
El montículo de la fortificación, con un diámetro de unos 40 metros, aún conserva una torre, tres líneas concéntricas de murallas y un gran patio, y a su interior se accede mediante rampas embutidas en estrechos pasillos. El poblado también contaba con una necrópolis donde se han hallado restos humanos en posición encogida dentro de fosas simples y en fosas revestidas por muretes de mampostería o lajas hincadas. En el caso de los niños, sus cadáveres eran depositados en el interior de vasijas.
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