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El alarmismo económico por las bajas tasas de natalidad podría estar equivocado

El alarmismo económico por las bajas tasas de natalidad podría estar equivocado
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Las tasas de natalidad reducidas permitirían incrementar la inversión por descendiente, lo que podría traducirse en una mejora cualitativa del capital humano y, a largo plazo, en una disminución de la carga de dependencia.
Fernanda GonzálezNegocios3 de marzo de 2026Fotografía de cuneros vacios en referencia a la caída de las tasas de natalidad en diversos países.Getty Imagesreemplazo demográfico se mantiene a la baja en las economías de altos ingresos. Este indicador establece el número promedio de hijos que debe tener cada mujer para que una población conserve un tamaño estable a largo plazo. Por lo general, se fija en 2.1 hijos por mujer.

China aplicará un impuesto a los anticonceptivos en un intento por elevar la natalidadPerspectivas de la Población Mundial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la tasa global de fecundidad se ubica actualmente en 2.25 hijos nacidos vivos por mujer, un hijo menos que hace una generación. El organismo proyecta que hacia finales de la década de 2040, el indicador descenderá a 2.1 hijos por mujer.

La ONU advierte que en todos los países europeos la fecundidad se sitúa hoy por debajo del nivel necesario para el reemplazo total de la población a largo plazo. En China, la segunda nación más poblada del mundo, podría registrarse la mayor pérdida absoluta de habitantes entre 2024 y 2054. Las proyecciones indican que para 2100 el país asiático podría perder más de la mitad de su población actual y regresar a un tamaño comparable al de finales de la década de 1950.

A largo plazo, el organismo internacional señala que “si la fertilidad continúa disminuyendo, la proporción de la población en edad laboral también se reduce y la de las personas mayores aumenta, lo que conduce a tasas de dependencia crecientes”.

Diversos especialistas advierten que esta tendencia tendrá efectos profundos en la economía. En el caso chino, por ejemplo, un informe de Oxford Economics estima que el crecimiento del producto potencial (indicador que mide la expansión máxima alcanzable sin generar presiones inflacionarias) podría situarse por debajo de 4% en la década de 2030, debido a la contracción de la fuerza laboral y a la desaceleración de los avances en productividad.

No obstante, investigadores del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) cuestionan estos pronósticos. En un artículo publicado esta semana en la revista Nature Human Behaviour, Wolfgang Lutz y Guillaume Marois sostienen que “una fecundidad persistentemente baja no solo es probable, sino que, bajo condiciones económicas y demográficas plausibles, también puede resultar ventajosa desde el punto de vista social y económico”.

señaló Marois en un comunicado.

Además, los investigadores cuestionan el propio concepto de nivel de reemplazo, al que describen como “un constructo artificial” que conduce a la estabilidad poblacional únicamente si se cumplen supuestos poco realistas, como una reducción sostenida de la mortalidad.

Lutz afirma que “no existe un único nivel de fertilidad ‘ideal’ que garantice prosperidad. En lugar de intentar alcanzar un objetivo arbitrario, los gobiernos deberían adaptar los sistemas de seguridad social a las nuevas realidades demográficas e invertir de manera decidida en educación y productividad. Bajo esas condiciones, las sociedades pueden prosperar incluso con menos nacimientos”.

No son las tasas de natalidad, es lo que hacemos con cada nacimieto

Ambos especialistas sostienen que la sostenibilidad económica depende más de la estructura etaria que del tamaño absoluto de la población. Niveles más altos de escolaridad, mayor participación laboral y aumentos en productividad pueden compensar, e incluso contrarrestar, los efectos de un menor número de hijos.

Desde esta perspectiva, una fecundidad reducida permitiría incrementar la inversión por descendiente, lo que podría traducirse en una mejora cualitativa del capital humano y, a largo plazo, en una disminución de la carga de dependencia.

Desde 2021, China ha implementado diversas iniciativas para revertir la caída de nacimientos. Entre ellas destacan la promoción de una “nueva cultura de matrimonio y maternidad”, que fomenta familias con madre, padre y tres hijos; subsidios por cada alumbramiento; ampliación de guarderías; y extensión de licencias parentales. Asimismo, se han impulsado medidas para limitar el número de abortos, considerados “tratamientos no esenciales”. A inicios de este año, el país estableció un impuesto al valor agregado de 13% sobre distintos fármacos y anticonceptivos, incluidos los preservativos.

En este contexto, el demógrafo He Yafu declaró a Bloomberg que “la eliminación de la exención del IVA es en gran medida un esfuerzo simbólico y es poco probable que tenga un impacto significativo a escala nacional”.

Políticas pronatales costosas y poco efectivas

Una postura similar se desprende de un estudio elaborado por Melissa Schettini y Phillip B. Levine, del Centro de Investigación sobre la Jubilación del Boston College. Su investigación sostiene que los incentivos gubernamentales para elevar la natalidad suelen ser costosos y poco eficaces.

Los autores subrayan que aún se requiere mayor investigación para comprender las causas profundas del descenso demográfico. Las explicaciones tradicionales se centran en factores económicos como vivienda, cuidado infantil o licencias parentales.

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Schettini y Levine añaden que las normas sociales han evolucionado, impulsadas en gran medida por la creciente participación femenina en el mercado laboral. Aunque cada vez más mujeres se incorporan a la fuerza productiva, conciliar la crianza con el empleo sigue siendo complejo, especialmente en un entorno donde las exigencias de tiempo en ambos ámbitos son mayores que en décadas anteriores. Esta situación se agrava ante la insuficiencia de políticas que garanticen el desarrollo profesional y familiar, lo que influye en las decisiones reproductivas.

En este marco, los especialistas concluyen que los incentivos monetarios ofrecen resultados limitados. Si bien estiman que un aumento de 10% en el presupuesto familiar podría elevar los nacimientos entre 0.5 y 4.1%, precisan que, en Estados Unidos, otorgar 8,500 dólares (equivalentes a 10% de una renta media anual de 85,000 dólares) incrementaría la tasa global de fertilidad apenas de 1.62 a 1.69 hijos por mujer.

En consecuencia, sostienen que las soluciones centradas exclusivamente en precios e ingresos difícilmente revertirán la tendencia. Cualquier estrategia efectiva, concluyen, deberá transformar el entorno social y normativo, tomando en cuenta las nuevas prioridades de la población en edad reproductiva para que la paternidad resulte más compatible y atractiva frente a otras aspiraciones contemporáneas.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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