Harald murió en vísperas de su 58 aniversario de boda con la reina Sonia, la mujer con la que consiguió casarse después de nueve años de espera
Regala esta noticia Añádenos en Google Los reyes de Noruega, Harald y Sonia, en 1997. (R.C.)Madrid
29/08/2026 Actualizado a las 11:34h.La coincidencia ha convertido el duelo nacional en algo profundamente íntimo. Porque detrás de la desaparición de un rey está también la historia de una mujer que pierde al hombre por el que, siendo todavía una joven sin título nobiliario, tuvo que esperar casi una década para poder convertirse en su esposa.
Cuando Harald conoció a Sonia Haraldsen, nadie esperaba que aquella relación terminara cambiando la historia de la monarquía noruega. No era princesa ni pertenecía a una familia aristocrática. Era una joven de Oslo, formada, independiente y con intereses muy alejados del mundo ceremonial de las casas reales. Había estudiado costura y diseño de moda, además de francés, inglés e historia del arte.
La relación con el entonces príncipe heredero Harald se convirtió pronto en un problema para la institución. Durante años, el matrimonio parecía imposible. La idea de que el futuro rey de Noruega se casara con una ciudadana común provocaba resistencias en una monarquía que todavía conservaba fuertes convenciones dinásticas. Harald, sin embargo, no parecía dispuesto a renunciar.
La historia ha quedado como uno de los grandes relatos románticos de la realeza europea del siglo XX: el príncipe dejó claro que no quería casarse con otra persona. Finalmente, en 1968, al rey Olav V no le quedó más remedio que aceptar la unión. El 29 de agosto de aquel año, Harald y Sonia se casaron en la catedral de Oslo.
Sonia no llegó a la familia real preparada desde su nacimiento para representar un papel, tuvo que construirlo. Su formación artística y su interés por el diseño acompañaron toda su vida pública. Sonia desarrolló una personalidad propia dentro de la institución, especialmente vinculada al arte, la fotografía y la promoción cultural. También mantuvo una relación muy estrecha con la naturaleza, otra de las grandes pasiones que compartía con Harald. Podía aparecer con una tiara en una cena de Estado y, poco después, ser fotografiada caminando por las montañas con ropa de senderismo.
Sonia nunca pareció una figura especialmente interesada en esconderse detrás de un uniforme de reina. Tenía criterio propio. Le gustaban las siluetas estructuradas, los colores intensos, las joyas llamativas y los tejidos con personalidad. Y su vestido de novia fue probablemente la primera gran declaración de esa identidad , ya que ella misma participó en su diseño. Era elegante, de líneas limpias y sorprendentemente moderno, en contraste con las opciones nupciales de la realeza en aquella época.
La primera reina en más de medio siglo
Cuando Harald se convirtió en rey de Noruega en 1991, Sonia alcanzó una posición con un enorme significado histórico. Noruega llevaba décadas sin una reina consorte. La anterior había sido la reina Maud, esposa de Haakon VII, fallecida en 1938. El rey Olav V había quedado viudo tras la muerte de la princesa Marta en 1954 y reinó sin volver a casarse hasta su fallecimiento, en 1991. Por eso, cuando Sonia se convirtió en reina, Noruega recuperó una figura que había desaparecido de la vida institucional del país durante más de medio siglo.
Harald y Sonia tuvieron dos hijos, la princesa Märtha Louise y el comentarios Reportar un error