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Domingo Zapata, acuñado "el nuevo Warhol", ha conseguido colarse en las casas de empresarios y artistas con un estilo desenfadado que mira de tú a tú a iconos como Picasso o La Mona Lisa.
Leonardo DiCaprio logró su primer y único Oscar por la película El Renacido tras ser considerado el eterno candidato. La estatuilla no es lo único que se le ha resistido al actor. Hace cuatro años pujó en una subasta de Sotheby's por un cuadro que al final acabó en manos de un coleccionista anónimo por 1,02 millones de dólares. La obra se llamaba Mona Lisa torera y su autor era Domingo Zapata (Mallorca, 1974).
DiCrapio se ha desquitado atesorando otros cuadros de un pintor que también decora las paredes de las casas de Johnny Depp, George Soros o Diana Picasso. El artista incluso ha sido bautizado como "el nuevo Andy Warhol" por The New York Post. Pero Zapata no es un asiduo a la vida nocturna como lo era el maestro del arte pop. "El peligro no está cuando las cosas salen mal, sino cuando van bien y flaquea la disciplina. Con el éxito las cosas cambian a tu alrededor y tienes mil planes buenos de fiestas, de galas en el Met de Nueva York... pero me tengo que ir casa porque a las 5:30 empiezo a pintar. Una vez me preguntaron qué era lo más difícil de mi carrera y contesté que acostarme a una hora decente", confiesa.
Mona Lisa Torera, obra de Domingo Zapata subastado por más de un millón de euros.Pero como toda regla tiene una excepción, de un plan con alevosía y nocturnidad salió la última creación de Zapata en España: una exposición permanente de dibujos en una sala del restaurante Manero Marqués de Cubas, en Madrid. Unos trazos al estilo de Basquiat o Dalí que surgieron sin premeditación. "Carlos Bosch [propietario de Manero] me había propuesto que hubiera obra mía en el nuevo restaurante, pero no habíamos encontrado el momento, hasta que esa noche entre canciones [la sala alberga un karaoke] surgió de modo espontáneo. Cuando el artista hace un dibujo sin presión ni expectativa se puede expresar sin ningún tipo de temor".
Zapata ha intervenido con sus dibujos una de las salas de Manero Marqués de Cubas.Lo hizo sobre recreaciones de obras de Turner sin desafinar. "Ya había intervenido imágenes de Picasso o la Mona Lisa y lo hago con mucho respeto, pero a la vez me gusta el contraste y preguntarme qué haría un artista urbano con una obra clásica".
El secreto
Es este estilo el que le ha valido la fama y la fortuna que atesora, aunque en la industria tenga algunos detractores. "Las críticas a veces tienen sentido pero otras son solo para llamar la atención". El mallorquín asegura que nunca se ha movido "por dinero, sino por ver hasta dónde podía llegar. No se trata de que acabes en los museos más importantes, sino de que sientas que puedes ayudar. La humildad tiene que acompañar a la buena estrella".
Y es que Zapata define el ego como "a tu peor enemigo" y al éxito como una mezcla de "suerte, de conocer a la gente correcta y de las 14 horas diarias" que pasa en el estudio.
Empezó en Wall Street
Hijo de un guardia civil y de una modista, a Zapata siempre le gustó pintar, aunque al final estudió Ciencias Políticas y trabajó en márketing financiero en Wall Street. "La gente veía mis cuadros en mi despacho y me animaba, hasta que comprobé que había interés y decidí arriesgar. Para un artista lo más difícil es creer en ti. La presión que te puedes poner encima es fuerte y pasas muchas horas solo en un estudio. Para crear te tienes que meter en un agujero muy oscuro y algunos, aunque no yo, se quedan ahí".
Salir del agujero supone exponerse al mundo actual. "Yo no sé cómo arreglarlo, pero lo puedo hacer más bonito para los que lo pueden hacer mejor", asevera. Este licenciado en Ciencias Políticas ve la simbiosis entre sus dos mundos: "Los movimientos artísticos y la política siempre han estado ligados. Los cambios más significativos en estilos vienen ligados a cambios significativos políticos o a conflictos internacionales".
¿Estamos entonces ante un cambio de ciclo? "Hay artistas que harán cosas que no se entiendan ahora, pero todo necesitan su reposo. Politizar el arte es un acto de terrorismo".
Esta obra en tres lonas de Zapata recubrió el One Times Square de Nueva yorkCon permiso del orden mundial, la inteligencia artificial es la otra gran guerra a la que se enfrenta el arte. "Mi nombre estaba en la lista para que las máquinas de IA aprendan. Yo soy de pincel, brocha y pintura. Un retrato necesita práctica y talento, pero pintar lo que uno siente no lo va a hacer nunca una máquina".
Tampoco lo harán las generaciones futuras sin una inversión suficiente, advierte Zapata: "La educación artística en la infancia tiene un gran impacto. Cuando se corta el presupuesto lo primero que se sacrifica es la cultura, pero si seguimos reduciendo esta partida no le vamos a enseñar a los niños lo que es la sensibilidad".
Y educar en arte no significa replicar cada año las mismas lecciones, concluye el artista: "Hay que hablarles de técnicas como el collage o el grafiti; no se puede estudiar con el mismo libro de hace 40 años". Quizá en las clases de las próximas décadas se estudie a Domingo Zapata porque como él mismo sentencia: "El reconocimiento sólo te lo da la historia".
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