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El arzobispo de Oviedo censura a los que declaran guerras y mienten: “Enfrentan y destruyen pueblos”

El arzobispo de Oviedo censura a los que declaran guerras y mienten: “Enfrentan y destruyen pueblos”
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Se ha opuesto frontalmente a la guerra en el Sermón de las Siete Palabras de Valladolid. Más información: La Semana Santa de Valladolid se disfruta y brilla en 3D y aúna tradición y tecnología: “Es la mejor del mundo”

El arzobispo de Oviedo durante el Sermón de las Siete Palabras de Valladolid. Fotografía: Miriam Chacón / ICAL.

Valladolid El arzobispo de Oviedo censura a los que declaran guerras y mienten: “Enfrentan y destruyen pueblos”

Se ha opuesto frontalmente a la guerra en el Sermón de las Siete Palabras de Valladolid.

Más información: La Semana Santa de Valladolid se disfruta y brilla en 3D y aúna tradición y tecnología: “Es la mejor del mundo”

Publicada 3 abril 2026 14:05h

Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, ha aprovechado, en la mañana de este Viernes Santo, su Sermón de las Siete Palabras para censurar a los que declaran guerras que “enfrentan y destruyen pueblos”.

También se ha referido a los que mienten “a mansalva” para salvar su prebendas y gobernanzas, a los que abusan de los más inocentes o a los que utilizan la “post-verdad” para engañar a sabiendas. “No sabemos los que hacemos, ni entonces ni ahora, ni allí, ni aquí”, ha señalado.

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Lo ha hecho desde su particular púlpito de la Plaza Mayor de Valladolid, donde ha deseado “la paz y el bien” como franciscano, a “todos los fieles reunidos allí este Viernes Santo” en un breve epílogo que ha actuado como la octava palabra.

De esta forma, reivindicó la vigencia de las últimas reflexiones de Jesús antes de abandonar este mundo, “siete gritos” que a su juicio actúan como “quien entona el canto del cisne en la cantata del amor antes jamás escuchada” y que aseguró no enmudecerán “jamás”, porque responden al “drama” de la historia de la humanidad y a su ”contradicción sórdida".

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" fue la primera afirmación de Jesús que interpretó Sanz Montes cuando aludió a las guerras, pero también a los que roban con “la codicia más pendenciera”, a los que manchan la belleza con las “apariencias más zafias” o a los que envilecen la bondad con un “embrutecimiento de maldad calculada”.

Igualmente, el arzobispo se refirió al perdón que permitió a Dimás, el “buen ladrón” que acompañó a Jesús en la crucifixión, se encontrara con él en el “paraíso” y se convirtiera en el primero de los Santos de la Iglesia.

Con ello, invitó a mirar a todos ellos y a la “gente sencilla”, a la que recordó el papa Francisco consideraba “santos de la puerta de al lado”, frente a los que “roban la atención con sus palabras vacías, sus corrupciones diversas, sus pretensiones inconfesables”.

Sanz Montes se adentró a continuación en la tercera palabra, cuando Jesús dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre”.

En su opinión, los cristianos han aprendido al pie de la cruz a reconocerse en la persona del discípulo amado, el apóstol san Juan, mirando a María como la madre de todos para que desde su “drama” la vida siga “nutriéndose y siga sostenida” por quien destacó siempre acompaña.

No obstante, reconoció que todos alguna vez han experimentado el “zarpazo” del “abandono de la soledad” ante una enfermedad imprevista, una catástrofe natural que "desbarata" todo o un “desaguisado de mala gobernanza” que deja a sus víctimas “a los pairos de la intemperie”.

Jesús, insistió, hace suyos esos “gritos” cuando “no hay nadie tras la cortina” del “temor”, “ni existe el bálsamo que ponga cura en la herida”, “ni la luz alumbradora en la negra y apagada oscuridad”.

Frente al “tengo sed” de Jesús, advirtió de que “quien tiene un corazón endurecido por las trampas de su corazón o por los chantajes de ídolos que ni colman ni calman, se situará en ese umbral de una vida zafia, apagada, mediocre y sin horizonte de alegría y esperanza”.

Además, denunció las “contradicciones” de un “mundo opulento, frívolo e insolidario”, en el que una generación que teniéndolo “casi todo”, parece que no logra descubrir el sentido de la vida.

En la recta final de su alocución, Sanz Montes ensalzó el “cumplimiento exhaustivo hazaña redentora" de Jesús y recordó que es “muy importante” ver en el “drama” de su semana de Pasión no lo que sucedió hace 20 siglos, sino “lo que ha ocurrido siempre, entonces y ahora”.

Así, apuntó a los “errores” que comenten los humanos cuando a su juicio no saben “vivir las cosas” como las señala Dios: “Cuántos los momentos de dolor en un sinfín de circunstancias entre el desprecio de quien no comprende, la injusticia del que abusa, la soledad de quien se aísla o es marginado, la enfermedad que te impone fecha de caducidad cuando más duele la vida, la muerte que te desgarra arrebatándote a lo que más quieres”.

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, junto a su predecesor y cardenal Ricardo Blázquez, y el obispo emérito de Santander, Manuel Sánchez Monge, acompañaron a fray Jesús Sanz Montes junto a los representantes de las cofradías y los fieles.

Tampoco faltaron el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero; el presidente de la Diputación, Conrado Íscar; la delegada territorial de la Junta, Raquel Alonso, y el rector de la Universidad de Valladolid, Antonio Largo Cabrerizo, entre otros.

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Fuente original: Leer en El Español
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