- ANDRÉS STUMPF Bruselas
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Los gobiernos y los bancos centrales han amortiguado los últimos amagos de crisis, pero ahora están constreñidos.
El Banco Central Europeo (BCE) no termina de fiarse de la banca pese a lo que muestran las cifras en los balances. La solidez del sector es mayor que nunca y, con su renovada rentabilidad, es capaz de generar capital que hace que sea todavía más robusta.
Sin embargo, el supervisor ve que la situación macroeconómica y geopolítica es delicada y que a las entidades no les sobra su escudo para hacer frente a una potencial crisis que podrían tener que enfrentar sin apoyo público.
Esa es una de las razones por las que el BCE se opone a los deseos del sector, que clama por una rebaja de los requerimientos de capital. Las entidades critican la complejidad y los solapamientos en las exigencias supervisoras, pero también apuntan que ya son sobradamente solventes y que prueba de ello es su robustez frente a las situaciones de máxima tensión vividas recientemente, como la pandemia global, la caída de los bancos regionales de EEUU y Credit Suisse o los aranceles.
"Las preocupaciones sobre la solidez de los bancos tras la crisis financiera global se han atajado con una sólida regulación. Sin embargo, aunque esas dudas ahora han desaparecido, las exigencias siguen creciendo año a año", sostienen fuentes del sector.
Para el BCE, las coberturas en forma de barra libre de liquidez y de avales públicos que se dieron desde la política monetaria y fiscal durante la pandemia cuestionan este argumento. Según reconocen desde la autoridad monetaria, "el buen nivel actual de resiliencia del sector bancario de la zona del euro es el resultado de varios factores. Entre ellos se incluyen una regulación eficaz, una supervisión sólida y mejoras en la gestión de riesgos de los bancos, pero también respuestas fiscales y monetarias extraordinarias".
El supervisor tiene claro que la banca está mejor que nunca y es fuerte, pero no da por sentado que ahora pueda relajarse la vigilancia por ello. De hecho, no considera que lo vivido hasta la fecha pueda considerarse una prueba válida de que sobran capas de protección en la estructura de capital, pues la pronta actuación contuvo las subidas de la mora y los daños macroeconómicos y aún no se ha visto cómo respondería ante un varapalo sin asistencia.
La capacidad de desplegar una respuesta de apoyo coordinado entre las instituciones y el sector financiero no está clara en el futuro. Después de esta concatenación de shocks y del despertar de la inflación, los gobiernos y los bancos centrales no tienen ya el mismo margen para actuar, por lo que los bancos tendrían que ejercer de muro para las crisis con sus propias reservas.
"Los niveles actuales de deuda implican que los gobiernos tienen menos flexibilidad fiscal, lo que hace que contar con sólidos colchones de capital bancario sea crucial para la estabilidad económica", expresó Claudia Buch, presidenta del Consejo de Supervisión bancaria del BCE, en una comparecencia ante los ministros de Economía que conforman el Eurogrupo.
Crecimiento o protección
Las patronales bancarias cifran en 100.000 millones de euros el aumento de los requerimientos de capital en los últimos cuatro añossobre los niveles fijados por los estándares internacionales de Basilea, que, aseguran, ya marcan sobradamente un nivel que permite a la banca lidiar con las crisis. Según denuncian, el último repunte en las exigencias de capital provoca que el crédito bancario haya descendido en aproximadamente un billón de euros a pesar de que el sector está mejor que nunca en términos de rentabilidad.
"Los bancos deben mantener una sólida solvencia que les permita absorber shocks en el futuro", defiende, sin embargo, Luis de Guindos, vicepresidente del BCE.
El banquero central español considera que la sólida estructura de capital de los bancos europeos es uno de los pilares a defender y no una carga que se deba eliminar. Por este motivo entiende -y así lo reflejó en el informe publicado en diciembre- que la reforma bancaria que se quiere llevar a cabo en Europa debe centrarse en eliminar redundancias y complejidades innecesarias y no en desregular.
La batalla que enfrenta el punto de vista de la banca y el del supervisor está al rojo vivo. La presión es máxima ante la necesidad de que el sector bancario contribuya a financiar las prioridades estratégicas de la UE, como la transición ecológica y digital y el nuevo gasto en defensa.
Las entidades creen que la solución está en asignar un segundo mandato al BCE para que vele por la competitividad del sector bancario siempre que la estabilidad financiera lo permita.
"Si tu única misión es que no haya goteras en casa, construirás un tejado tras otro sin fin, pero te importará muy poco que ese edificio sea operativo, habitable o tenga calefacción, algo que también es relevante", describe un alto directivo de la banca.
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