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El brote de ébola en Congo deja ya más de un centenar de muertos y la OMS decreta alarma internacional

El brote de ébola en Congo deja ya más de un centenar de muertos y la OMS decreta alarma internacional
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El brote de ébola en África declarado emergencia de salud pública internacional por la OMS deja ya más de un centenar de muertos y varios países afectados. EEUU prohíbe la entrada a viajeros procedentes de RDC, Uganda y Sudán del Sur y Áustralia y los países de Sudeste Asiático refuerzan los controles sanitarios. España, por ahora, clasifica el riesgo como bajo. Leer
Salud y CienciaEl brote de ébola en Congo deja ya más de un centenar de muertos y la OMS decreta alarma internacionalActualizado 19 MAY. 2026 - 10:39Un trabajador sanitario el sábado en el hospital general de referencia de Rwampara, al este de la República Democrática del Congo.Xinhua / Xinhua News / Europa Pr

El brote de ébola en África declarado emergencia de salud pública internacional por la OMS deja ya más de un centenar de muertos y varios países afectados. EEUU prohíbe la entrada a viajeros procedentes de RDC, Uganda y Sudán del Sur y Áustralia y los países de Sudeste Asiático refuerzan los controles sanitarios. España, por ahora, clasifica el riesgo como bajo.

El sábado pasado la Organización Mundial de la Saud declaró el brote de enfermedad del Ébola causada por una variante del virus de Bundibugyo que llevaba circulando más de un mes en el noreste de la República Democrática del Congo (RCD) y Uganda constituye una emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC en sus siglas inglesas), aunque no cumple los criterios de emergencia pandémica. Los últimos datos de la OMS cifran en 88 los muertos en RDC, mientras que el Gobierno de Kinshasa elevó la cifra a 116.

El brote actual es el decimoséptimo registrado en RCD desde que el virus fue identificado por primera vez en 1976 y el más grave desde que sufriera la segunda mayor epidemia de ébola documentada entre 2018 y 2020 en el noreste del país, que causó más de 2.200 muertos y los expertos consideran que el de ahora también es preocupante.

Las investigaciones realizadas por las autoridades congoleñas sitúan el inicio del brote a finales de abril, a partir de un primer caso sospechoso de una persona que presentó síntomas el 24 de abril en Bunia, capital de Ituri, y falleció poco después. Según el ministro de Salud congoleño, Samuel Roger Kamba, el traslado del cadáver a Mongbwalu para su funeral, una zona minera con alta densidad y mobilidad de la población, favoreció la propagación del virus.

Dos días después, el 26 de abril, se analizó un nuevo caso con los mismos síntomas pero se descartó la presencia de la variante Zaire del virus, la más habitual y responsable de anteriores epidemias de ébola en África central. Los análisis realizados en Kinshasa identificaron la cepa Bundibugyo, menos frecuente y que carece de vacunas o tratamientos autorizados. Al descartarse la cepa implicada en brotes anteriores, las medidas para contener el brote se retrasaron durante varias semanas, un error que ha contribuido a la dispersión de casos.

El 5 de mayo, la OMS recibió la notificación de una cincuentena de fallecimientos en Mongbwalu, entre ellas las de cuatro trabajadores sanitarios. El 14 de mayo se confirmó el primer caso de ébola y al día siguiente la RDC declaró el brote de forma oficial en las zonas sanitarias de Bunia, Mongbwalu y Rwampara, en la región de Ituri.

Desde entonces, las cifras de fallecimientos, casos activos y sospechosos causados por esta variante del virus del Ébola no han dejado de crecer, aunque varían según las fuentes y el momento de actualización. La OMS y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África) mantienen hasta ayer un balance de 88 fallecidos vinculados al brote, incluido un ciudadano congoleño que murió en Kampala tras cruzar a Uganda.

El Gobierno congoleño eleva la cifra a 116 muertes y se han notificado entre 246 y más de 300 casos sospechosos en las provincias de Ituri y Kivu del Norte. Las autoridades sanitarias han confirmado la presencia del virus en los territorios congoleños de Bunia, Mongbwalu, Rwampara, Nyankunde, Butembo, Katwa y Goma, capital de Kivu del Norte, una región donde los desplazamientos de población, la actividad minera y la presencia de grupos armados dificultan el rastreo de contactos y el acceso de equipos sanitario.s

A estos casos se unen los de Uganda, que confirmó el 15 de mayo dos casos en Kampala en personas que habían viajado desde la RDC, uno de ellos mortal, y Sudán del Sur ha notificado este lunes un caso en el estado de Equatoria Occidental, cerca de la frontera congoleña. Las autoridades sursudanesas subrayan que el paciente permanece aislado mientras se rastrean sus contactos.

La OMS subraya que se trata del tercer brote conocido causado por la cepa Bundibugyo desde que esta variante fue identificada en Uganda en 2007, que después afectó a RDC en 2012. La enfermedad pertenece al grupo de fiebres hemorrágicas virales, al igual que el Hantavirus, enfermedades zoonóticas que se transmiten por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados y puede provocar fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas. La tasa de mortalidad media del ébola oscila entre el 25% y el 90%

La respuesta internacional se ha intensificado desde el fin de semana. La OMS anunció el envío de 18 toneladas de material médico y equipos de protección desde Dakar y Nairobi hacia Bunia. El Gobierno congoleño ha delcarado el estado de emergencia y desplegó suministros sanitarios y personal especializado en la zona afectada. Además, prevé abrir nuevos centros de tratamiento en Ituri.

La Unión Africana también ha movilizado equipos de respuesta y la Comunidad de África Oriental ha pedido a sus ocho países miembros reforzar la vigilancia epidemiológica y la coordinación transfronteriza. Ruanda ha cerrado su frontera terrestre con la RDC, mientras Kenia, Uganda y Sudán del Sur han aumentado los controles sanitarios y los sistemas de detección temprana.

Refuerzo de fronteras y sanitarios fuera de África

Estados Unidos ha activado un dispositivo de emergencia y ha anunciado el envío de un paquete de ayudas de 13 millones de dólares destinada a vigilancia epidemiológica, laboratorios y atención clínica. Washington también ha suspendido temporalmente la entrada de viajeros procedentes de RDC, Uganda y Sudán del Sur que hayan estado en esos países durante las últimas tres semanas y la embajada estadounidense en Uganda ha suspendido la emisión de visados.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC) han emitido alertas para sus ciudadanos residentes en las zonas afectadas y han comenzado a reforzar la vigilancia en puertos de entrada, mientras Australia ha anunciado que sus autoridades sanitarias colaboran con socios internacionales en la respuesta al brote.

Igualmente, varios países del Sudeste Asiático también han anunciado hoy el refuerzo de los controles sanitarios en sus fronteras: Tailandia rastreará a los viajeros procedentes de zonas de alto riesgo e Indonesia y Vietnam han intensificado la vigilancia y la coordinación con las redes sanitarias mundiales. Bangkok, Yakarta, Hanoi y Manila también han compartido pautas de prevención con la población, y piden a que los viajeros que regresen de países afectados y presenten síntomas busquen rápidamente atención sanitaria. Ninguno de los países mencionados ha detectado hasta el momento caso alguno de ébola.

En Europa, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) ha activado su grupo de trabajo sanitario y enviará expertos a la sede de los CDC de África para apoyar la coordinación de la respuesta. En España, concretamente, el Ministerio de Sanidad ha clasificado como "muy bajo" el riesgo para españoles que viajen o residan en las zonas afectadas y sostiene que la probabilidad de transmisión secundaria en España también es reducida gracias a la capacidad diagnóstica y a la red hospitalaria especializada en enfermedades infecciosas de alto riesgo.

Una Emergencia de Salud Pública Internacional no es una pandemia

Un trabajador sanitario da instrucciones a una residente en Rwampara, RCD, para contener el brote de ébola en la región.Xinhua / Xinhua News / Europa PrXinhua / Xinhua News / Europa Pr

Una emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC) es el nivel más alto de alerta de salud pública internacional que la Organización Mundial de la Salud (OMS) puede declarar bajo el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), pero no supone que el brote se haya convertido en una pandemia global. Mientras una PHEIC es un mecanismo legal formal diseñado para activar la coordinación internacional y el apoyo ante eventos de salud pública graves, una pandemia se refiere a la propagación global sostenida de una enfermedad a través de múltiples países o continentes.

"Más bien, una emergencia refleja que el evento se considera lo suficientemente grave como para requerir acción internacional coordinada, vigilancia reforzada, movilización de recursos y colaboración transfronteriza", explica Daniela Manno, profesora clínica adjunta en la prestigiosa Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. En términos prácticos, la declaración ayuda a movilizar la atención internacional, la financiación, el apoyo técnico y la coordinación entre países y agencias de salud pública".

"La Organización Mundial de la Salud declaró previamente una PHEIC durante el gran brote de ébola en las provincias de Kivu Norte e Ituri en la República Democrática del Congo entre 2018 y 2020, y antes, durante la epidemia de ébola en África Occidental de 2014-2016. La declaración actual refleja la preocupación por la complejidad operativa del brote, incluida la inseguridad, el movimiento de la población, la detección tardía y la implicación del virus del ébola de Bundibugyo, para el cual actualmente no existen vacunas ni tratamientos autorizados".

Un brote preocupante

Para Daniella Manno, este es un brote preocupante por varias razones. "En primer lugar, el número de casos sospechosos notificados antes de la confirmación sugiere que la transmisión podría haber estado ocurriendo durante varias semanas antes de que el brote fuera reconocido oficialmente", explica la experta de la Escuela de Higienes y Medicina tripial de Londres, en SMC Reino Unido. "En segundo lugar, el brote se está produciendo en una región afectada por la inseguridad, el desplazamiento de población y una alta movilidad de personas, todo lo cual puede complicar la vigilancia, el rastreo de contactos y la prestación de servicios sanitarios".

Recuerda que el brote previo de ébola duró casi dos años, con la inseguridad y la desconfianza comunitaria interrumpiendo repetidamente el rastreo de contactos, la vacunación y las actividades de respuesta. A ello se une que se cree que el brote está causado por el virus del Ébola de Bundibugyo, un virus raro causante de ébola para el cual actualmente no existen vacunas ni tratamientos autorizados, ni tan siquiera existen prototipos de vacunas en fases avanzadas de ensayos clínicos que puedan desplegarse rápidamente. Ahora bien, recuerda, es importante subrayar que RCD tiene una amplia experiencia en la respuesta a brotes de ébola y la capacidad de respuesta es significativamente mayor hoy que hace una década.

"Los brotes de ébola pueden ser extremadamente graves y devastadores a nivel local y regional, pero el ébola no se propaga de la misma manera que los virus respiratorios como la gripe o la covid-19, y en general es mucho menos transmisible. La transmisión normalmente requiere contacto directo con fluidos corporales o materiales contaminados de una persona infectada, lo que hace que la propagación global sostenida sea mucho menos probable".

La respuesta al brote depende en gran medida de medidas clásicas de salud pública como la detección rápida de casos, el aislamiento, el rastreo de contactos, la prevención y control de infecciones, los entierros seguros y la participación comunitaria. "Estas medidas fueron fundamentales para controlar finalmente la epidemia de ébola de África Occidental de 2014-2016, la mayor registrada hasta la fecha, y si se implementan de forma rápida y eficaz también pueden ayudar a controlar este brote", subraya Manno.

"Este brote pone de relieve tanto los avances como las lagunas que aún existen en la preparación global frente a epidemias, sobre to en lo referente a filovirus, especialmente en el caso de virus del Ébola más raros como el ébolavirus Bundibugyo, apunta esta experta, que ha participado en investigaciones sobre preparación ante brotes en Sierra Leona, Tanzania y la República Democrática del Congo.

"También pone de relieve cómo la inseguridad, el desplazamiento y la fragilidad de los sistemas sanitarios pueden seguir complicando la respuesta a brotes, incluso cuando existen herramientas científicas y experiencia en salud pública disponibles".

"Lo que hace que este brote sea importante es que se trata del virus Bundibugyo, un miembro menos común de la familia de los ébolavirus. La mayoría de las vacunas y tratamientos con anticuerpos que solemos asociar con el ébola se desarrollaron para el virus del Ébola de Zaire, no para el virus de Bundibugyo", añade Vinod Balasubramaniam, virólogo molecular y director del Grupo de Investigación en Infecciones e Inmunidad de la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud Jeffrey Cheah de la Universidad Monash en Malasia.

Un brote difícil de rastrear

El actual brote de Congo y Uganda está causado por el virus Bundibugyo, un miembro de la especie Orthoebolavirus bundibugyoense, estrechamente relacionado con el virus del Ébola (especie Orthoebolavirus zairense), concreta Emma Thompson, profesora clínica de Enfermedades Infecciosas y directora del MRC-University of Glasgow Centre for Virus Research, Universidad de Glasgow (Reino Unido).

"Los informes de que las pruebas iniciales de ébola realizadas con GeneXpert fueron negativas sugieren que el brote podría haber pasado desapercibido durante algún tiempo, con puntos ciegos diagnósticos tempranos que retrasaron su detección.

En segundo lugar, añade, las infecciones en trabajadores sanitarios son una señal de alarma en cualquier brote por filovirus (una familia de virus ARN llamada así por su forma filamentosa alargada, similar a un hilo), ya que indican transmisión no detectada en entornos sanitarios y fallos en las medidas de prevención y control de infecciones.

En tercer lugar, la identificación de casos en Kinshasa y Kampala, a cientos de kilómetros de la provincia de Ituri, muestra que el virus ya se ha desplazado a través de redes de movilidad humana antes de que se lograra una contención completa.

Complicado camino a una vacuna

Thomson apunta que existe una vacuna autorizada dirigida al virus del Ébola de la especie Orthoebolavirus zairense (rVSV-ZEBOV), la cual podría ofrecer cierta protección cruzada parcial frente al virus Bundibugyo, según estudios experimentales en primates no humanos. No obstante, no puede asumirse que esto se traduzca en una protección fiable en humanos durante un brote.

"Las plataformas de vacunas basadas en adenovirus y MVA pueden ofrecer posibilidades más amplias, especialmente en formulaciones multivalentes, pero datos inmunológicos recientes sugieren que algunas plataformas autorizadas o en fases avanzadas siguen generando respuestas principalmente dirigidas contra el virus del Ébola, más que respuestas amplias frente a todos los ebolavirus", apunta Thomson. "En términos sencillos, actualmente no disponemos de una vacuna específica contra el virus Bundibugyo aprobada y lista para el control de brotes, por lo que se necesita investigación urgente adicional".

Lo mismo ocurre con los tratamientos, añade. "Las terapias aprobadas basadas en anticuerpos monoclonales como Inmazeb y Ebanga se desarrollaron para la enfermedad causada por el virus del Ébola, no por el virus Bundibugyo, y su eficacia frente a otros ebolavirus no está establecida. Existen anticuerpos experimentales de amplio espectro prometedores, pero aún no sustituyen la detección rápida, la atención de soporte de alta calidad, la prevención y control de infecciones y el rastreo de contactos".

Las prioridades inmediatas son, por tanto, prácticas y científicas: "diagnósticos capaces de detectar el virus Bundibugyo, secuenciación genómica rápida, fuerte control de infecciones en entornos sanitarios, circuitos clínicos seguros, rastreo de contactos, participación comunitaria y centros de tratamiento capaces de ofrecer cuidados de soporte de alta calidad".

"La secuenciación genómica es especialmente importante porque permite confirmar la especie viral, determinar si los casos están relacionados, reconstruir cadenas de transmisión y detectar si el brote se debe a transmisión sostenida entre humanos o a múltiples introducciones".

Y en cuanto a la preparación frente a epidemias, "tendemos a desarrollar herramientas en torno a los patógenos de brote más conocidos, pero los virus más raros como el Bundibugyo también pueden causar enfermedad grave y propagación internacional. Por ello "es esencial una inversión sostenida en laboratorios de alta contención, desarrollo de diagnósticos, vigilancia genómica, plataformas de vacunas, terapias y colaboraciones internacionales de investigación. Estas capacidades no pueden improvisarse rápidamente una vez que un brote ya está en marcha".

"La declaración de la OMS está científicamente justificada, pero no debe interpretarse como un motivo para que cunda el pánico entre la población", coincide Vinod Balasubramaniam es virólogo molecular y director del Grupo de Investigación en Infecciones e Inmunidad de la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud Jeffrey Cheah de la Universidad Monash en Malasia. "El ébola no se propaga como la covid-19 o la gripe".

"En el mejor de los casos, una vacuna basada en el virus de Zaire podría proporcionar una inmunidad cruzada limitada o parcial, pero en la práctica del control de brotes, no debemos dar por sentada una protección fiable a menos que se demuestre. Por eso es probable que se necesite una vacuna específica contra el virus de Bundibugyo o, idealmente, una vacuna más amplia contra todos los virus del Ébola, agrega en este sentido el virólogo molecular Balasubramaniam.

Las señales de alerta son claras: "sospecha de transmisión no detectada, propagación transfronteriza e infecciones o muertes entre el personal sanitario. Cuando el personal sanitario se ve afectado, el propio sistema sanitario se vuelve vulnerable, y eso puede acelerar un brote."

Por eso las prioridades ahora son claras: "diagnóstico rápido, el aislamiento seguro, el rastreo de contactos, una prevención rigurosa de la infección en los hospitales, entierros seguros y dignos, y una comunicación honesta con las comunidades. Para los países fuera de la región afectada, incluidos Australia y el Sudeste Asiático, el riesgo inmediato sigue siendo bajo, pero la preparación sigue siendo importante. No se trata de cerrar fronteras ni de infundir miedo. Se trata de apoyar rápidamente a los países afectados y de aplicar medidas de salud pública basadas en la evidencia antes de que el brote sea más difícil de contener".

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Fuente original: Leer en Expansión
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