Santiago Abascal acostumbra a ser protagonista de las campañas de su partido. También las autonómicas, con su candidato relegado a un segundo plano. Pero, en la carrera a las urnas en Castilla y León, al presidente de Vox le ha salido competencia por el foco de atención. Los expulsados Javier Ortega Smith y José Ángel Antelo, el ex dirigente Iván Espinosa de los Monteros y la sombra del que fuera candidato hace cuatro años, Juan García-Gallardo, han marcado la campaña del partido más a la derecha del abanico, que se ha visto forzado a contestar a los numerosos juicios y acusaciones aireados sobre su funcionamiento interno. Y, para hacerse oír por encima de los críticos, Vox ha redoblado su presencia en Castilla y León en la recta final.
Al conocerse, hace dos semanas, que el partido quería relevarle como líder en Murcia, Antelo afirmó que "aquel que medio destaca por algún tipo de razón, acaba fuera de Vox". Ortega Smith, otrora número dos de la formación, deslizó también hace unos días que "toda persona que sobresalga un poco es objetivo a batir". "Meterse en un proceso de empobrecimiento interno, que es por lo que va este partido, es un poco triste", dijo Espinosa de los Monteros, sumándose a las críticas de los recién salidos. Afirmaciones así han venido repitiendo en los últimos días y Vox, para contraponer esas acusaciones, ha desembarcado con todo en el tramo final de campaña. A la demostración de fuerza que pretendió escenificar el lunes, con una reunión inédita de toda su cúpula y sus portavoces nacionales y autonómicos en la Sierra de Gredos, le ha seguido la semana con mayor presencia de dirigentes en el territorio electoral de todo el ciclo.
Abascal ha protagonizado nueve actos de campaña entre el lunes y ayer, repartidos entre los cinco días. Ni en Extremadura ni en Aragón hizo algo así -en la primera, tuvo agenda cuatro días la última semana, y en la segunda, solo tres-. Con los municipios que ha visitado en esta recta final, el líder de Vox suma un total de 64 localidades de Castilla y León recorridas, más que en las dos citas anteriores -fueron 34 en Extremadura y 50 en Aragón-.
Pero no ha sido solo Abascal. En las dos campañas anteriores, la recta final se le reservaba casi en exclusiva a él: ningún otro dirigente nacional de Vox estuvo en Extremadura en la última semana de campaña, y solo Ignacio Garriga lo hizo un día en Aragón. Esta vez, por contra, a los actos programados del líder de Vox se han sumado otros que se desarrollaban paralelamente en distintos puntos de la comunidad, protagonizados por dos de los perfiles más visibles del partido: su portavoz en el Congreso, Pepa Millán, y el secretario general en la Cámara Baja, José María Figaredo. Ella estuvo el martes en Burgos y el jueves en León; él, el martes en Soria, el miércoles en León y el jueves en Aguilar de Campoo (Palencia), interviniendo también en el acto de Abascal. Además, su portavoz en la Asamblea de Madrid, Isabel Pérez Moñino, fue a Segovia el miércoles. En el cónclave del lunes en Gredos, una de las ideas que se trasladó a los asistentes es que era momento de salir a la calle, de movilizarse, y así lo ha venido haciendo el partido estos días.
En Vox se ven fuertes y confían en crecer el próximo domingo en las urnas, pese a que la marca de la que parten, el 17,6% del voto obtenido en 2022, ya era un techo elevado. Hay voces en el partido que incluso dejan caer que podrían superar la barrera del 20%. Un nuevo récord de Vox, superando el 17,9% obtenido en Aragón hace un mes, sería un espaldarazo a la actual dirección en medio de la tormenta.
Una tormenta que ha sido interna, sí, pero también externa. La primera semana de campaña estuvo marcada por el rechazo de Vox a la investidura de María Guardiola en Extremadura, que el PP ha aprovechado para elevar el tono contra los de Abascal y acusarles de bloqueo. El presidente de Vox y el resto de los dirigentes nacionales desplazados a Castilla y León se han esforzado en rebatir ese relato una y otra vez. "Vamos a tender la mano para construir una alternativa", lanzó ayer el líder del partido más a la derecha como último mensaje de campaña. Eso sí, aseguró que Vox será "lo más celoso y lo más contundente" en toda negociación que se abra a partir del domingo y, en una última llamada al voto, dibujó los comicios como un plebiscito sobre su papel: "En Castilla y León se juega únicamente cuál es la fuerza de Vox para que cambien las cosas".
Ni lo uno ni lo otro, ni las crisis internas ni el no a investir a una presidenta popular, parecen restar voto a Vox, a la vista de los últimos sondeos publicados para estas elecciones -el 19,8% le estima el de Sigma Dos para EL MUNDO-. Como tampoco penaliza al partido de Abascal el asunto que ha sido telón de fondo internacional en esta campaña: la guerra en Oriente Medio, que además ya tiene repercusión en España a través de una subida de los precios del combustible. La alianza de Abascal con Donald Trump, que hace un año sí le pasó factura demoscópicamente por su postura ante la amenaza arancelaria, apenas parece tener repercusión ahora -más allá de lo que pueda aupar a la izquierda el nuevo no a la guerra-. Todo pese a que, cuando Trump amenazó hace una semana con un embargo comercial a España, Abascal se limitó a culpar a Pedro Sánchez y afirmó que el presidente estadounidense "defiende sus intereses lo mejor que cree".