Lunes, 16 de marzo de 2026 Lun 16/03/2026
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Política

El camino de España ya está escrito

El camino de España ya está escrito
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Un día las elecciones de Castilla y León de 2026 serán recordadas con lágrimas de añoranza por todos los amantes de la vieja política. Es decir, por todos esos ciudadanos que aborrecen el mesianismo, que no necesitan posicionarse cada cinco minutos en el lado correcto de la historia, que experimentan un vívido bochorno ante la espontaneidad milimetrada del político que se graba jugando con su perrita y que jamás han depositado en sus representantes otra expectativa que la de ser capaces de cuadrar un presupuesto, mantener los servicios públicos, garantizar el orden en la calle y a ser posible no meter la mano en la caja.

Esto es lo que les pedíamos a los candidatos antes de que la política fuera sustituida por la religión. Es decir, antes de que los gestores de lo público se aburrieran de dar trigo -o perdieran la esperanza de aprender a hacerlo- y se entregaran a la consecución de la paz en el mundo, la lucha épica contra el fascismo o la reconquista espiritual de Occidente.

Elecciones Castilla y León 2026

Pero hay un lugar en España donde cierto sentido ancestral del decoro todavía se impone al histrionismo viral. Un lugar donde los adversarios se atacan casi con fastidio, por obligación profesional pero con un inocultable temor a la sobreactuación, como se vio durante los dos debates televisivos. Ni Carlos Pollán, siendo de Vox, habla como hablan sus compañeros en el Congreso. Ni Carlos Martínez, habiéndose dejado acompañar por Pedro Sánchez -qué remedio-, gasta la retórica biliosa de Óscar Puente o Ana Redondo. Ni los candidatos regionalistas exhiben otro afán que el de recabar un poco más de atención a los problemas de la comunidad más extensa de Europa. Ni por supuesto alguien tan ingenuamente despreocupado de actualizar su propia imagen como Fernández Mañueco podría ganar las elecciones con tanta claridad en otra tierra que no fuera Castilla y León, donde la apariencia sale sistemáticamente derrotada por la experiencia. Se diría que el abrumador peso de la historia imprime a sus hijos un deber de modestia que casa mal con estos tiempos impúdicos de horteras que cambian de moda como de muda. Parece que el encastillado carácter castellano resiste desde su almena de siglos, y yo lo celebro.

Hay un lugar en España donde cierto sentido ancestral del decoro todavía se impone al histrionismo viral

Cuatro décadas lleva el PP gobernando a los castellanos y leoneses, y van a ser cuatro años más. Quizá es que todavía les falta perspectiva para valorar lo hecho, como dicen que dijo en los 70 un primer ministro chino cuando le preguntaron qué opinaba de la Revolución francesa. O quizá es que allí los experimentos los prefieren con gaseosa y lejos de los viñedos, por favor. De modo que en Castilla y León ha pasado lo que tenía que pasar. A diferencia de lo que plantea Delibes al comienzo de El camino, aquí las cosas no podrían haber sucedido de cualquier otra manera, y por eso han sucedido así. La abrumadora mayoría de PP y Vox acentúa la derechización de nuestro país y obliga a cerrar acuerdos de una tacada en Extremadura, Aragón y Castilla y León: los ciudadanos acaban de repetirle a Abascal que quieren al PP gobernando y a Vox desbloqueando.

Elecciones Castilla y León 2026

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En cuanto a los socialistas, hoy saldrá alguno a citar a Laporta para jurarnos, al loro, que no están tan mal. Pero Laporta gana, mientras que los votantes tocan a muerto en cada urna que les ponen delante. El sanchismo, esa etapa experimental de la historia de España, aún se pregunta por quién doblan las campanas. El entierro se oficiará cuando el difunto termine de hodiarnos y se digne a convocar elecciones.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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