La escuela de verano de Inpavi busca fondos para devolver la ilusión a niños de familias en situación de vulnerabilidad y exclusión
Regala esta noticia Añádenos en Google Matías, con uno de los juegos que les dan en el campamento para poder usarlos con la familia. (Sur) 10/06/2026 a las 22:44h.«Yo lloraba todo el tiempo al ver que no podía ayudar a mi hijo; se había vuelto muy agresivo y quería que hiciéramos solo ... lo que él decía». Con la voz entrecortada, Milena recuerda la dolorosa realidad que se vivía en su hogar hace apenas un año. Su hijo mayor, que ahora tiene 19 años, se encontraba dentro de la problemática del consumo de sustancias. Y esta situación estaba empezando a arrebatarle la infancia al pequeño de la casa, Matías. Con solo diez años, el menor reaccionó frente al drama familiar asumiendo una madurez que no correspondía a su edad. «Era extremadamente serio, no se reía nunca y se comportaba constantemente como un adulto», relata Milena, que ahora respira feliz tras revertirse la situación: «Mi hijo mayor ya no consume y Matías conoció el campamento que le cambió la vida».
a través de la plataforma digital 'Mi grano de arena'.La historia de superación de Matías se entrelaza con la de Jack Esteban, un niño de diez años cuya madre, Karina, pelea diariamente contra los obstáculos de la precariedad. Como madre soltera residente en Málaga, Karina confiesa que los campamentos convencionales son «costosos e inaccesibles». Ahora Karina acaba de conseguir un contrato laboral de seis meses en un proyecto de la Universidad de Málaga. «Gracias a Dios ha salido este empleo, pero me toca llegar corriendo a trabajar y compaginarlo todo», relata la madre, que encuentra en esta escuela de verano el único recurso real que le permite conservar su puesto de trabajo. «No todas las familias pueden acceder a las alternativas de los campamentos de pago», detalla. Jack Esteban, que asiste a las actividades de Inpavi desde que tenía apenas dos añitos, siempre pide a su madre regresar a este espacio malagueño.
En la imagen superior, Jack Esteban con técnicos y monitores de Inpavi; en la inferior de la izquierda, Matías, también en la de la derecha, junto con una compañera en el campamento.. (Sur)Las vivencias de Milena y Karina no son casos aislados, sino que ponen rostro a una problemática de miles de familias. Según los datos oficiales recogidos en el Informe sobre Pobreza Infantil en España elaborado por Unicef, uno de cada tres menores en nuestro país vive en situación de pobreza, lo que equivale al 34% de la población infantil y adolescente. Esta alarmante estadística sitúa a España como el segundo país de la Unión Europea con la tasa más elevada de exclusión social en menores de edad.
Del refuerzo escolar al ocio
Desde Málaga, la financiación de estas diez becas garantiza que los menores accedan al campamento, «un entorno protegido que funciona de lunes a viernes en horario de ocho y media de la mañana a tres y media de la tarde», detallan desde la asociación. El programa asegura una cobertura nutricional vital al ofrecer tres comidas saludables y equilibradas al día, consistentes en el desayuno, el almuerzo y la merienda. Los niños también se divierten con talleres de refuerzo escolar, musicoterapia, expresión teatral, danza, cuentacuentos y sesiones de alfabetización digital adaptadas a las nuevas tecnologías. «Y un equipo multidisciplinar trabaja el desarrollo de la inteligencia emocional, la autoestima y la salud mental de los participantes a través de la educación en valores y la prevención activa de conductas destructivas actuales como el ciberbullying, el grooming, la adicción a los videojuegos y el uso nocivo de las redes sociales», concretan en Inpavi.
El funcionamiento de la campaña estipula que por cada 250 euros conseguidos se financia la asistencia de un menor durante una semana, mientras que con una aportación de 1.000 euros se cubre la beca mensual completa con todos los costes derivados. Con el llamamiento de este verano, la ONG vuelve a apelar a la solidaridad de los malagueños para demostrar que, con el apoyo colectivo, es posible devolverle el derecho a jugar y la ilusión a los pequeños héroes de las familias más vulnerables de la ciudad.
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