- BEN HALL
De las experiencias en otros países de Europa se desprende que, cuando los líderes se vuelven tan impopulares, casi nunca logran recuperarse.
Friedrich Merz no se anduvo con rodeos. Las elecciones regionales del domingo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental fueron un "desastre" para su Unión Demócrata Cristiana (CDU), afirmó el canciller alemán.
Merz hablaba mientras parecía que la CDU tendría una mínima presencia en el parlamento de este estado del noreste con el 5 % de los votos, de lejos su peor resultado regional desde la fundación de la República Federal en 1949. Los resultados preliminares posteriores mostraron que el partido había caído por debajo del 5% y no había conseguido representación parlamentaria, convirtiendo el desastre en una verdadera catástrofe.
También dice mucho de la crítica situación de la CDU el hecho de que Merz calificara de "respetable" el 19 % de los votos obtenido por el partido en las elecciones regionales de Berlín. El porcentaje de voto de la CDU en la capital alemana cayó casi un 30% y es casi seguro que será expulsada del gobierno que lideraba allí desde 2023, siendo desplazada por la extrema izquierda.
Las dos elecciones regionales confirman el avance imparable del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), tras su sorprendente victoria en el estado de Sajonia-Anhalt hace dos semanas.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD cosechó otra victoria con el 38% de los votos —más del doble de su cuota anterior—, aunque no tiene posibilidad de formar una mayoría parlamentaria, a diferencia de lo ocurrido en Sajonia-Anhalt. En Berlín, donde no goza de tanto atractivo, la AfD obtuvo el 16%, siete puntos porcentuales más que en las elecciones de 2023.
La valoración inmediata de Merz, realizada poco después de conocerse los sondeos a pie de urna el domingo por la tarde, parecía un intento de adelantarse a una posible rebelión interna en la CDU contra él. Insistió en que permanecería en el cargo y seguiría adelante con sus reformas económicas y del sistema de bienestar previstas, las cuales requerirían "determinación, firmeza y paciencia".
El canciller alemán más impopular de la era moderna se aferra al puesto. Pero ¿cuánta paciencia le concederán su partido y la opinión pública alemana? Y ¿qué puede lograr un canciller gravemente debilitado que lidera una coalición fracturada junto a los socialdemócratas de centroizquierda? La aplastante derrota de la CDU frente a una extrema derecha triunfante en Sajonia-Anhalt provocó rumores de rebelión entre las bases del partido, las juventudes y algunos diputados. Esto desató todo tipo de especulaciones sobre un posible *Kanzlertausch*, o relevo en la cancillería.
En los últimos días, los pesos pesados del partido han cerrado filas. Los jefes de gobierno regionales de la CDU han expresado su apoyo. Los dos rivales más probables de Merz son Hendrik Wüst y Markus Söder, los populares líderes regionales de Renania del Norte-Westfalia y Baviera, respectivamente.
La falta de consenso sobre quién debería tomar el relevo podría ser la mayor baza a favor de Merz. Wüst, un moderado, afronta sus propias elecciones regionales en abril de 2027. Söder, un conservador de carácter impetuoso, podría plantar cara a la AfD, pero algunos demócrata-cristianos se mostrarían reticentes a ceder la cancillería a su partido hermano menor de Baviera: la Unión Social Cristiana, que él lidera. En cualquier caso, cualquier sucesor de Merz se enfrentaría a los mismos problemas económicos y limitaciones políticas.
Al comprometerse a centrarse en las reformas, Merz intenta ganar tiempo frente a su propio partido. Destituirlo ahora podría distraer y desestabilizar a la coalición, además de poner en peligro un paquete de cambios moderadamente ambiciosos en materia de pensiones, subsidios de desempleo y normativa laboral cuya aprobación está prevista para los próximos meses. El canciller espera que estas medidas impulsen la confianza empresarial y ayuden a reactivar el crecimiento tras años de estancamiento económico. Otra cuestión muy distinta es si bastarán para revertir su situación política.
El gobierno cuenta con una mayoría muy ajustada en el Bundestag. Los parlamentarios de la CDU muestran signos de inquietud; algunos acusan a Merz de hacer demasiadas concesiones a sus socios de coalición socialdemócratas, y el canciller no puede dar por sentado su respaldo.
El desplome de la popularidad de Merz, tras apenas 16 meses en el cargo, ha sido inusualmente pronunciado, teniendo en cuenta que ha adoptado medidas audaces y decisivas en materia de inversión en infraestructuras, gasto en defensa y apoyo a Ucrania. El recorte de emergencia (y mal planteado) de los impuestos al combustible, aprobado precipitadamente por el gobierno el viernes por la tarde, recuerda que Alemania aún dispone de un margen de maniobra fiscal del que carecen los gobiernos de países vecinos.
Sin embargo, la experiencia en otros lugares de Europa demuestra que, en la política actual, cuando un líder se vuelve tremendamente impopular —como el presidente francés Emmanuel Macron o el primer ministro británico Sir Keir Starmer—, resulta casi imposible recuperarse. Más aún cuando el descontento público se asocia a rasgos de carácter concretos: arrogancia en el caso de Macron e indecisión en el de Starmer. Merz se muestra altivo y torpe; necesitará mejores dotes políticas para sobrevivir a largo plazo.
Europa ya se enfrentaba a unos meses convulsos, con elecciones previstas en Francia, Italia, España, Polonia y Grecia. A este panorama se suma ahora la inestabilidad en la cúpula política alemana.
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