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El caos se apodera de Ceuta con los vecinos encerrados y miles de jóvenes vagando sin control: "No vamos a volver a Marruecos"

El caos se apodera de Ceuta con los vecinos encerrados y miles de jóvenes vagando sin control: "No vamos a volver a Marruecos"
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La pasividad marroquí deja el Tarajal abierto durante horas y obliga a Ceuta a pedir ayuda al Estado con sus recursos ya colapsados Más información: Miles de marroquíes vuelven a inundar Ceuta en pleno efecto llamada y tras la mejora de la relación de Sánchez con Argelia

Reacción de unos migrantes procedentes de Marruecos al cruzar a Ceuta por mar, este jueves 30 de julio de 2026. Fabian Bimmer / REUTERS.

Reportajes TESTIGO DIRECTO El caos se apodera de Ceuta con los vecinos encerrados y miles de jóvenes vagando sin control: "No vamos a volver a Marruecos"

La pasividad marroquí deja el Tarajal abierto durante horas y obliga a Ceuta a pedir ayuda al Estado con sus recursos ya colapsados

Más información: Miles de marroquíes vuelven a inundar Ceuta en pleno efecto llamada y tras la mejora de la relación de Sánchez con Argelia

Ceuta Publicada 31 julio 2026 02:40h

Los primeros salen del agua riéndose. Han nadado vestidos, con vaqueros, camisetas de fútbol, zapatillas que pesan ahora el doble y teléfonos envueltos en bolsas de plástico que levantan por encima de la cabeza cuando las olas les cubren el pecho.

Algunos llegan casi andando porque en ese punto apenas veinte metros de agua separan Marruecos de España. Otros pierden pie antes de alcanzar la arena y deben ser ayudados por quienes han cruzado unos segundos antes.

Se abrazan, levantan los brazos, gritan "¡Viva España!" y echan a correr por la playa del Tarajal sin mirar atrás. Al otro lado del espigón siguen bajando cientos.

Vista de la entrada ilegal a nado en Ceuta de migrantes marroquíes y argelinos este jueves. Reduan Dris Regragui / EFE.

Desde Ceuta puede verse cómo se descalzan, se lanzan al mar y comienzan a nadar mientras los agentes marroquíes permanecen apartados y la frontera, durante varias horas de este jueves, deja de existir.

Jornada de encierro

El miedo se extendió por Ceuta casi al mismo tiempo que los recién llegados abandonaban la playa. Muchos vecinos decidieron encerrarse en sus casas, correr las persianas y seguir desde las ventanas una jornada que avanzaba sin que nadie pudiera explicar con claridad cuántas personas habían entrado ni hacia dónde se dirigían.

Los mensajes comenzaron a circular entre familiares y grupos de WhatsApp con una recomendación repetida durante toda la tarde: no salir.

Los supermercados cerraron antes de su horario habitual por temor a posibles episodios de vandalismo y la mayoría de restaurantes de la ciudad cerraron sus puertas mientras las calles se llenaban de jóvenes empapados que caminaban sin rumbo.

No se producía una amenaza concreta en cada esquina, pero sí una sensación general de pérdida de control que alteró por completo la vida cotidiana de la ciudad. También los taxistas evitaron algunos servicios hacia el Tarajal y otras zonas próximas a la frontera, donde el flujo de personas seguía siendo constante.

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Incapacitados

La Guardia Civil observa la entrada desde la arena con una mezcla de cansancio e impotencia. Hay pocos agentes para una multitud que no deja de crecer y que, una vez alcanza la orilla, se dispersa hacia la carretera y el interior de la ciudad.

Los guardias intentan agrupar a los recién llegados, apartarlos del tráfico, conducirlos hacia un margen donde no bloqueen el paso. A veces consiguen formar una fila que dura apenas unos minutos.

Después llega otra oleada desde el agua y la fila se rompe. "Esto ha sido un horror", dice uno de ellos cuando la tarde ya avanza y todavía no se conoce el número exacto de personas que han entrado.

Un vehículo de la Guardia Civil circula por la frontera entre el enclave de Ceuta y Marruecos, horas después de que miles de migrantes cruzaran a nado hacia el enclave español. Jaime López / REUTERS.

A la espalda de los agentes, la ciudad comienza a llenarse. Los jóvenes caminan por las aceras del Tarajal con la ropa pegada al cuerpo, los pantalones escurriendo y los pies marcados por la arena. Algunos llevan mochilas pequeñas. Muchos no llevan nada.

Hay hombres que parecen adolescentes, mujeres empapadas, niños pequeños cogidos de la mano, algún bebé en brazos y una embarazada que avanza despacio entre dos grupos de muchachos.

La mayoría son varonesjóvenesllegadosdesdedistintasciudadesdel norte de Marruecos, aunque otros aseguran haber viajado durante horas desde puntos más alejados después de recibir el mensaje de que la frontera estaba abierta.

Algunos de ellos, según explican fuentes policiales a este periódico, habrían dejado sus trabajos para lanzarse a la oportunidad de cruzar a España. "A partir de aquí, que sea lo que quiera Dios", respondía Rachid al poco de cruzar.

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Una llamada

"¿Me dejas llamar?", pregunta uno a un vecino, también de origen marroquí, que observa la escena desde la acera. Marca un número de memoria, espera unos segundos y empieza a hablar en árabe con una sonrisa que no desaparece.

A pocos metros, otro joven hace lo mismo. Algunos todavía llevan el agua salada en la cara cuando avisan a sus familias de que están en España. Al preguntarles si piensan regresar a Marruecos, responden sin detenerse. "Nunca vamos a volver". Lo dicen como quien informa de algo que ya está decidido y no requiere explicación.

Según las cifras que maneja el gobierno ceutí, 20.000jóvenes se habían desplazado durante las últimas horas desde distintos puntos de Marruecos hacia Castillejos, la localidad situada frente al Tarajal, después de que se extendiera la noticia de que era posible alcanzar Ceuta sin ser interceptado.

Varios migrantes celebran haber cruzado la frontera, este jueves. Europa Press.

Durante la tarde, desde la playa española podía observarse la llegada constante de grupos que descendían hacia la costa marroquí, se introducían en el agua y rodeaban el espigón. Como si nada.

No había una carrera desesperada ni una carga de las fuerzas de seguridad del país vecino. Muchos entraban al mar caminando, se ayudaban entre ellos y comenzaban el trayecto mientras cientos esperaban todavía su turno en la orilla.

Frontera invisible

La frontera que durante años se ha contado a través de sus vallas, concertinas, puertas y controles quedó reducida a una franja de agua en la que no existía ninguna barrera efectiva.

Las patrullas españolas eran incapaces de interceptar a todos los que llegaban y las marroquíes no frenaban a quienes se marchaban. Entre ambos dispositivos, una multitud pasaba de un país a otro y se incorporaba después a las calles de Ceuta con libertad para desplazarse, buscar a conocidos o dirigirse hacia el puerto.

Junto a uno de los accesos fronterizos, quienes habían llegado antes esperaban a amigos, hermanos y familiares. Los recibían con abrazos, palmadas en la espalda y gritos cuando aparecían al otro lado.

Varias personas cruzan la frontera a través de una puerta que simulaba las llegadas de un aeropuerto. Europa Press.

Por momentos, la escena recordaba a la puerta de llegadas de un aeropuerto, con decenas de personas pendientes de reconocer una cara entre la multitud. Pero aquí nadie llevaba una maleta ni regresaba de un viaje.

Los jóvenes aparecían mojados, agotados o descalzos después de cruzar una frontera exterior de la UniónEuropea que había perdido durante horas su capacidad para ordenar quién entraba.

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Ciudad caótica

La escena se repetía después en toda la ciudad. En las rotondas, los paseos, las calles próximas al puerto y las inmediaciones de los comercios aparecían grupos que trataban de orientarse sin dinero ni un lugar al que dirigirse.

Algunos preguntaban cómo viajar a la Península. Otros buscaban agua, comida, un enchufe para cargar el teléfono o una conexión Wi-Fi. En cualquier esquina podía encontrarse a alguien con los zapatos mojados hablando con su familia en Marruecos.

Ceuta, una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados y unos 85.000 habitantes, recibía en pocas horas a una población que nadie había conseguido todavía contar.

Grupos de migrantes marroquíes caminan por las carreteras ceutíes después de haber cruzado nadando. Enrique Serrano/ vía REUTERS.

Los servicios sanitarios comenzaron a acumular avisos desde el mediodía. Atendieron a personas con síntomas de agotamiento, heridas en los pies, problemas respiratorios y principios de hipotermia, pero también a recién llegados con patologías anteriores al cruce: brazos escayolados, piernas inmovilizadas, dificultades de movilidad.

Algunos habían estado a punto de ahogarse al rodear el espigón, donde las corrientes empujan contra las rocas y cada intento exige nadar durante más tiempo del que parece desde la playa.

En lo que va de año se han recuperado cerca de 30 cadáveres en la costa ceutí. Durante los últimos doce meses, las autoridades locales sitúan el balance en torno a los 60 cuerpos.

Mientras las ambulancias iban y venían, la Policía Nacional trataba de habilitar espacios para identificar a quienes podían ser conducidos hasta ellos. El sistema de Extranjería llevaba varios días trabajando por encima de su capacidad y este jueves quedó rebasado.

Una parte de los recién llegados fue registrada; otra siguió caminando hacia el interior sin pasar por ningún procedimiento. A última hora de la tarde, las autoridades no podían precisar cuántas personas habían conseguido entrar ni dónde se encontraban.

Los menores representaban la parte más difícil del colapso. Ceuta arrastra desde hace semanas una ocupación que el Gobierno de la ciudad sitúa por encima del 1.000% de la capacidad ordinaria, con centros reabiertos de urgencia, instalaciones improvisadas y trabajadores que ya habían advertido de que no quedaba espacio.

El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, preparado para unas 500 personas, también estaba saturado antes de que comenzara la entrada masiva. En sus alrededores dormían centenares de adultos a la espera de una plaza o de un traslado a la Península.

Las cifras acumuladas durante los últimos días habían llevado a Ceuta al límite antes de la jornada de este jueves.

Entre 1.500 y 2.000 personas habían entrado irregularmente en poco más de una semana, la mayoría a nado por el Tarajal y Benzú, con un ritmo diario que desgastaba poco a poco a la Guardia Civil, la Policía, los sanitarios y los servicios sociales.

La ciudad reclamaba refuerzos y traslados mientras las entradas continuaban. Después llegó la multitud.

Miles de jóvenes marroquíes llegaron este jueves a la frontera entre Castillejos (Marruecos) y Ceuta para tratar de cruzar la valla que separa las dos ciudades, EFE

Los Regulares

El Ejército apareció cuando la playa llevaba horas recibiendo personas. Los primeros efectivos bajaron de los vehículos y se incorporaron al dispositivo junto a guardias civiles y policías.

Su presencia convirtió la escena en algo conocido para los ceutíes: soldados en la frontera, vehículos militares junto a la carretera y una ciudad tratando de contener una entrada que ya había superado cualquier respuesta ordinaria.

El ejército español se despliega en la frontera entre el enclave español de Ceuta y Marruecos, horas después de que miles de migrantes entraran en Ceuta por mar. Fabian Bimmer / REUTERS.

Las imágenes devolvían a mayo de 2021, cuando más de 8.000personas cruzaron desde Marruecos en dos días después de que Rabat relajara sus controles fronterizos durante la crisis diplomática provocada por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Entonces, como ahora, la retirada o pasividad de las fuerzas marroquíes dejó el perímetro expuesto y obligó a España a desplegar al Ejército. La diferencia estaba en que esta crisis había ido creciendo durante días antes de estallar.

Grito de auxilio

Juan Vivas llevaba toda la semana advirtiendo de que Ceuta no podía soportar mucho más. Este jueves volvió a reunir a la Junta de Portavoces después de hablar con Pedro Sánchez y trasladó a los representantes de todos los partidos el contenido de la conversación.

Según explicó el Gobierno de la ciudad, Vivas expuso al presidente "con total claridad y crudeza" la gravedad de la situación y le comunicó el acuerdo unánime de la Asamblea para pedir una respuesta extraordinaria del Estado.

La unidad política en Ceuta incluía al PSOE y partía de una idea sencilla: los recursos locales habían alcanzado su límite y la crisis requería una dirección estatal.

Junta de Portavoces de Ceuta con el presidente, Juan Jesús Vivas en el centro. Gabriela Sardá Nuñez.

Vivas solicitó la declaración de una situación de interés para la Seguridad Nacional prevista en el artículo 23 de la Ley de Seguridad Nacional, una figura distinta de la emergencia de protección civil a la que se había referido inicialmente el Gobierno central para descartar su petición.

La declaración permitiría reforzar la coordinación, designar una autoridad funcional y movilizar recursos de distintas administraciones bajo una misma dirección.

Sánchez comunicó a Vivas que el Gobierno estaba trabajando en la situación y que Fernando Grande-Marlaska viajaría este viernes a Ceuta. El ministro llegará cuando la ciudad ya ha visto desbordarse la frontera, llenarse sus calles y agotarse sus plazas de acogida.

Durante la tarde, la Junta de Portavoces siguió reunida mientras los jóvenes continuaban entrando por el Tarajal y los servicios públicos intentaban responder sin conocer todavía el tamaño de la emergencia.

La sentencia

La crisis había adquirido también una dimensión jurídica después de una sentencia del Tribunal Supremo que limita las devoluciones sumarias de quienes intentan alcanzar Ceuta o Melilla por el mar.

El tribunal estableció que el régimenespecialde rechazo en frontera no puede aplicarse de forma automática a quienes son interceptados nadando y que deben utilizarse los procedimientos ordinarios de extranjería, con identificación individual y posibilidad de solicitar protección internacional.

Interior considera que las redes de tráfico de personas han instrumentalizado esa resolución y han difundido en Marruecos la idea de que bastaba con entrar en el agua para impedir una devolución inmediata.

Los agentes destinados en Ceuta llevaban días explicando que el contenido de la sentencia circulaba entre los jóvenes a través de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería. El jueves, esa expectativa se convirtió en una multitud frente al espigón.

Un acuerdo

España y Marruecos anunciaron por la tarde un acuerdo para reforzar la coordinación y facilitar la entrega "lo antes posible" de todas las personas que hubieran entrado ilegalmente en Ceuta.

Marlaska había mantenido contactos con su homólogo marroquí, AbdelouafiLaftit, y el Ministerio del Interior agradeció a Rabat los esfuerzos realizados durante los últimos días, asegurando que sus fuerzas de seguridad habían impedido miles de intentos de entrada.

Desde la playa del Tarajal, esa colaboración resultaba difícil de reconocer. Los jóvenes se introducían en el mar en grupos, rodeaban el espigón y alcanzaban España sin encontrar una oposición visible en la costa marroquí.

Los migrantes procedentes de Marruecos reaccionan al cruzar a Ceuta por mar, en la frontera entre el enclave español de Ceuta y Marruecos. Fabian Bimmer / REUTERS.

Algunos explicaban que habían atravesado el país sin controles y que al llegar a Castillejos encontraron a miles de personas esperando para cruzar. La noticia de que el paso estaba abierto había circulado con rapidez y cada llamada realizada desde Ceuta confirmaba a quienes seguían al otro lado que era posible conseguirlo.

El acuerdo tampoco aclaraba qué iba a ocurrir con quienes ya estaban dentro. Interior no explicó qué procedimiento permitiría entregarlos, cómo se realizaría su identificación, si Marruecos aceptaría a cada persona ni cómo se compatibilizaría el compromiso con la sentencia del Supremo.

Las preguntas se acumulaban mientras miles de personas caminaban ya por Ceuta y una parte de ellas no había tenido ningún contacto con las autoridades españolas.

Al caer la tarde, la frontera seguía abierta en el agua. Continuaban llegando jóvenes con la ropa empapada y la respiración acelerada, mientras otros se alejaban de la playa en dirección al centro.

Los guardias civiles trataban de ordenar los grupos y los sanitarios atendían a quienes no podían continuar. En las aceras, los recién llegados pedían teléfonos y llamaban a Marruecos para decir que ya estaban en España. Cuando terminaban la conversación, seguían caminando.

  1. Guardia Civil
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