Ampliar
Nicolás Maduro. EFE El chófer que condujo Venezuela al caosNicolás Maduro soñaba con jugar al béisbol, pero Hugo Chávez le bendijo como su sucesor en el poder, al que se aferró durante casi 13 años bajo la sospecha de fraude electoral
Sábado, 3 de enero 2026, 23:00
... a comienzos de la década pasada, el cáncer obligó al presidente venezolano a comenzar a pensar en un sucesor. No sobresalía en la lista de potenciales herederos de su régimen. Ni siquiera gozaba del respeto de buena parte de sus compatriotas, que se mofaban de sus lapsus lingüísticos y su inglés chapurreado, ya entonces una de sus señas de identidad. Tampoco convencía en las filas socialistas. Era otro chavista más. Pero el exconductor de autobuses se convirtió en el líder inesperado. Tan improbable su elección para muchos, pese a haber ocupado el Ministerio de Relaciones Exteriores y la vicepresidencia, como el momento de su caída, tras casi trece años al frente de un gobierno al que no acompañaban desde hacía tiempo ni la economía, ni la sociedad ni el apoyo internacional. Una especie de superviviente. Hasta el sábado.Estados Unidos ataca Venezuela
Quién es Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela y número 1 en la línea de sucesión de Maduro
«Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta que haya una transición adecuada»
Dicen quienes han analizado con lupa la figura de Maduro que escondía un líder «subestimado» y que, antes de llegar al Palacio de Miraflores, su mayor mérito había sido ejercer como «un buen segundo, siempre obediente». No era el actor principal, pero lo bordaba como secundario. Y cuando asumió el papel protagonista, destacó: «Un caso inusual de supervivencia en una región en la que, ante desafíos similares, otros regímenes cayeron», retrata Javier Corrales, profesor del Amherst College y autor del libro 'El surgimiento de la autocracia: cómo Venezuela transicionó hacia el autoritarismo', a la cadena CNN. A Chávez le atrajo de él sobre todo el favor que tenía de Cuba, aún hoy uno de los grandes aliados del país caribeño, y su capacidad para repartir cuotas de poder, responsabilidades y también dinero dentro del chavismo para contentar a casi todos. Suficiente -pese a las dudas- para darle su bendición pública, agobiado por el imparable avance de su enfermedad y la obsesión por garantizar su legado.
El 8 de diciembre de 2012, horas antes de que Chávez viajara precisamente a Cuba para continuar con su tratamiento contra el cáncer, se produjo el anuncio: «Si se presentara alguna circunstancia sobrevenida (...) mi opinión firme como la luna llena es que, en ese escenario, que obligaría a convocar elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro», pidió el entonces mandatario. Su heredero, que cuatro meses después comunicó la muerte de su mentor, mantuvo siempre que desconocía el motivo de su designación porque nunca aspiró a «ser presidente». «Pero él me fue preparando», repetía. Nunca se desvinculó de su padre político e incluso se esforzó en recordar esa conexión a los venezolanos, hasta el punto de confesar que el fallecido se le había aparecido en forma de «pajarito» dentro de una iglesia: «Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue y yo sentí el espíritu de él».
Nicolás Maduro con Hugo Chávez, junto al Papa Francisco y acompañado de su segunda esposa, Cilia Flores. AFP/EFESu relación comenzó cuando Maduro era un treintañero y atesoraba ya una larga trayectoria en la izquierda. Hijo de una ama de casa de origen colombiano y de un economista y dirigente sindical venezolano, exiliado en Bogotá durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el hasta ahora presidente se involucró en su época estudiantil con la Liga Socialista y fundó el Movimiento V República. No fue a la universidad y, según algunas biografías, salpicadas a menudo de numerosos misterios en torno a su persona, se formó en política revolucionaria en Cuba, con la que mantendría décadas más tarde una estrecha alianza a través, primero, de Fidel Castro y, después, de Miguel Díaz-Canel. Su único oficio conocido antes de saltar a la política, y de abandonar su sueño de vivir del béisbol como 'pitcher' profesional, fue como chófer de autobuses de la compañía Metro de Caracas.
Entonces, metido ya de lleno en el sindicalismo, conoció a la persona que daría un volantazo a su futuro: Cilia Flores. Su segunda esposa -antes estuvo casado con Adriana Guerra, madre de su único hijo, Nicolasito, nacido en 1990- era una de las abogadas defensoras de Chávez, encarcelado por el intento de golpe de Estado de 1992. Ambos comenzaron a visitarle en la prisión de Yare. Ella se convertiría en «el poder detrás del trono», sostiene su entorno, y quien le arrastró hasta India para conocer a Sai Baba, un gurú que decía ser Dios y con el que, casualmente, compartía fecha de cumpleaños.
Escalón a escalón
Maduro empezó entonces a escalar posiciones en el chavismo enfundado en sus icónicos chándales: miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y redactor de la nueva Carta Magna, diputado, presidente del Parlamento, ministro de Exteriores, vicepresidente... e hijo político de Chávez, el último peldaño. Recibió su bendición pero no todos sus votos, y en las primeras elecciones presidenciales, en 2013, derrotó al opositor Henrique Capriles por apenas el 1,59% de las papeletas. Venció con su discurso contra el «imperialismo» en otras dos citas (2018 y 2024), muy cuestionadas por las sospechas de fraude, sobre todo en los últimos comicios, que redujeron el respaldo internacional a Venezuela a un puñado de países.
12 años
y 9 meses ha estado Nicolás Maduro en el poder tras recibir la bendición de Hugo Chávez semanas antes de su muerte y ganar tres elecciones (2013, 2018 y 2024), siempre entre sospechas de fraude.
Una crisis que Maduro trató hasta el sábado de capear con sus habituales golpes de efecto, como adelantar la Navidad a octubre o lanzarse a bailar en público -pese a su creciente obsesión por su seguridad, que le hacía cambiar constantemente de teléfono o residencia- al ritmo de su 'hit', 'No war, yes peace'. Hace menos de un mes, con la excusa del 195 aniversario del fallecimiento de Simón Bolívar, intentó rebajar el 'éxito' de la líder opositora María Corina Machado como ganadora del Nobel de la Paz con la creación del premio Arquitecto de la Paz, que recibió él mismo. Ni en eso de tener un galardón por su aportación al pacifismo ha conseguido adelantarse a Donald Trump.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión