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La factoría trabaja casi todos los días del año en varios turnos para producir miles de productos. L'Oréal El champú de las estrellas se hace en BurgosCosmética ·
Desde una fábrica de Villalonquéjar cuyas líneas apenas se detienen salen cada año 339 millones de productos hacia 52 paísesJosé Antonio González
Sábado, 21 de marzo 2026, 00:10
... vacían, se retiran los restos del lote anterior, cambian moldes, ajustan fórmulas y vuelven a arrancar. Desde aquí salen cada año cientos de millones de productos de una de las mayores multinacionales de la cosmética.La planta burgalesa produce 339 millones de unidades al año que viajan a 52 países. Solo el 8% se queda en España. El resto cruza fronteras: el 54% a Europa, el 19% a China, el 9% a Estados Unidos. La planta se sitúa, además, entre las cinco más importantes del grupo a nivel mundial. Esa escala global tiene un origen muy concreto. Más allá del frío, la catedral o la morcilla, desde aquí salen productos que terminan en peluquerías de medio mundo sin que casi nadie repare en su origen. Toda la producción de Kérastase, una de las marcas más reconocidas del grupo en cuidado capilar profesional, sale de estas líneas. Da igual dónde se compre: siempre sale de Burgos.
650 personas
trabajan en esta factoría para surtir de productos cosméticos a todo el planeta.
El origen de todo está en 1971, cuando abrió como planta vinculada a Vichy en una ciudad marcada por la tradición industrial. En los años noventa, L'Oréal la adquirió y la transformó en un centro especializado en productos profesionales. En 2000 añadió un centro internacional de distribución. Hoy, en sus 49.000 metros cuadrados no cabe un metro más.
Una fábrica de empleo
En la planta trabajan 650 personas, de las que el 37% son mujeres. Hay 14 nacionalidades distintas y una edad media que ha bajado hasta los 45 años, cuatro menos que hace un par de años, señal de un proceso de renovación en marcha. El año pasado se incorporaron 110 empleados y la rotación apenas alcanza el 1,1%. En una economía marcada por la temporalidad, la fábrica funciona casi como una anomalía: estabilidad, especialización y arraigo.
«Cada producto que hacemos tiene su receta. Es como cocinar»
Inés Fernández
Directora de la factoría
La planta busca perfiles de Formación Profesional en electrónica y mecánica para mantener sus 45 líneas de producción activas las 24 horas, además de perfiles químicos para sus tres laboratorios y especialistas en logística para un centro que mueve 213.000 palés al año.
Cada día entran y salen una veintena de camiones y alrededor de 1.000 palés. Los envases de plástico llegan desde Cataluña y Zaragoza antes de incorporarse a la producción, en un flujo constante de materiales que conecta distintos puntos del país. Pero el impacto va más allá de la plantilla directa. Por cada empleo dentro de la planta se generan hasta 17 indirectos en la cadena de valor, con un efecto arrastre que alcanza miles de puestos en Burgos y en el conjunto de Castilla y León. La fábrica no solo produce cosméticos: sostiene un ecosistema.
5.000 referencias
distintas trabaja la planta de L'Oréal y unas 1.600 fórmulas activas.
Al cruzar las puertas de la nave principal, el ruido constante de motores eléctricos y cintas transportadoras sustituye al silencio exterior. Paneles digitales muestran en tiempo real el estado de cada línea mientras los operarios supervisan el proceso. El olor mezcla alcoholes, fragancias y productos químicos en una combinación reconocible para cualquiera que haya abierto un champú. Todo se mueve como una orquesta de alcoholes, donde cada ingrediente entra en el momento exacto. «Cada producto tiene su receta. Es como cocinar», relata Inés Fernández, directora de esta instalación internacional de productos capilares de L'Oréal en Burgos.
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Los trabajadores de la planta apenas tocan los productos. Todo está robotizado. J. A. G.La operativa , explica, comienza mucho antes de que un envase llegue a una zona de llenado. El proceso arranca con cientos de materias primas y miles de referencias de envases, tapones y etiquetas. Los ingredientes se pesan con precisión y se mezclan durante horas hasta obtener el resultado final -el «jugo», en la jerga de la industria-, que viaja por tuberías hasta las líneas de llenado. La planta gestiona más de 5.000 referencias distintas y unas 1.600 fórmulas activas. Cada unidad pasa por más de 100 controles antes de salir al mercado.
InternacionalizaciónSolo el 8% de la producción de la factoría se queda en el mercado español
Burgos, con su tradición manufacturera, compite ahora en un escenario global donde la eficiencia y la especialización determinan la supervivencia. Parte de la producción viaja en tren hacia el norte de Europa; los envíos a Asia o América salen desde el puerto de Valencia.
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