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René Redzepi posa en Noma. AFP El chef que daba puñetazos en las costillas, empujaba e insultaba a sus empleadosRené Redzepi ha renunciado a dirigir el reputado restaurante Noma tras reconocer los hechos
Yolanda Veiga
Viernes, 13 de marzo 2026, 09:11
hiperbólico chef René Redzepi, ... tres estrellas Michelín y cinco veces número uno del mundo a sus 48 años. Era 2013 y aquella joven cocinera de Londres perdió 18 kilos en solo un año fruto de unas jornadas extenuantes. Pero el cansancio no fue lo peor. Cuenta que una noche cogió el móvil para bajar el volumen de la música del local a petición de un cliente. Redzepi, que había prohibido a sus subordinados el uso de teléfonos durante el servicio, le propinó tal puñetazo en las costillas que la chica cayó contra un mostrador metálico y se hizo un corte sangrante en la cadera. Nadie la auxilió, a nadie le sorprendió. Un sous-chef (segundo al mando de la cocina) le preguntó si podía regresar al tajo. Acabó su turno, se fue a casa y escribió a sus padres para contarles lo sucedido. Este episodio demuestra cómo la violencia ya era entonces marca de la casa en el reputado Noma.El aclamado chef ha reconocido en su cuenta de Instagram (tiene un millón de seguidores) los abusos de los que se le acusan. Describe «arrebatos, ira e incluso agresión física» y ha confesado que «gritaba y empujaba a la gente», que actuaba de manera «inaceptable». Redzepi habla de un comportamiento aprendido: «Cuando empecé a cocinar, los gritos, la humillación y el miedo eran simplemente parte de la cultura (...) Después de abrir Noma y de que la presión empezara a crecer, me encontré convirtiéndome en el tipo de chef que una vez me prometí que nunca sería».
«Era como ir a la guerra»
Tal como cuenta El Correo, los abusos dibujan una cronología extensa. En 2003 abrió sus puertas Noma y comenzó la escalada (en todos los sentidos) de René Redzepi. La crítica le reconocía su papel como referente de la nueva alta cocina (incluso fue nombrado caballero por la reina de Dinamarca) pero, entre fogones, él ideaba platos joya que dejaban un sabor amargo. Las agresiones, conocidas, normalizadas y silenciadas, salieron a la luz hace un mes, cuando Ignacio White, exjefe del laboratorio de fermentación de Noma, empezó a publicar en Instagram denuncias de exempleados que llegaron a 14 millones de visualizaciones. «Noma no es una historia de innovación. Es la historia de un maníaco que generó una cultura de miedo, abuso y explotación».
El incendio se había desatado ya en la cocina y se avivaba este pasado fin de semana, con la publicación en el diario 'The New York Times' de testimonios de testigos y víctimas de los abusos físicos y psicológicos cometidos en este templo de la gastronomía entre 2009 y 2017. El diario entrevistó a 35 personas que trabajaron esa década con el chef danés. «Era como ir a la guerra», asegura Alessia, ahora empleada como cocinera en Londres. Ben, australiano que pasó por Noma en 2012, reveló que los castigos eran rutinarios pero que ellos aguantaban porque haber trabajado allí abría muchas puertas. «Iba pasando por la línea y nos daba puñetazos en el pecho». Los errores, por nimios que fueran, encontraban una respuesta desproporcionada, como aquella vez que un trabajador dejó una pequeña marca de la pinza en un pétalo de flor al colocarlo en el plato: Redzepi se dio cuenta, lo agarró por el delantal para empujarlo contra la pared y le dio dos puñetazos en el estómago.
En otro episodio similar, mientras el restaurante estaba lleno, el chef mandó al personal salir a la calle (40 empleados en manga corta en una noche fría). Redzepi empujaba a un cocinero que había puesto música tecno en la cocina (al chef le disgustaba esa música). Le golpeó en las costillas y gritó que nadie entraría al restaurante hasta que el chico dijera en voz alta que le gustaba practicar sexo oral a los DJ. Lo hizo y volvieron al trabajo.
Pinchazos con un tenedor
Las humillaciones no eran a veces siquiera respuesta, más bien aviso, como cuando pinchaba a los trabajadores con tenedores y otros objetos punzantes. Lo hacía incluso cuando había clientes en el comedor: se agachaba bajo los mostradores de la cocina abierta y les pellizcaba en las piernas con los dedos o con algún utensilio que tuviera a mano.
Aunque los episodios se remontan al pasado, sus exempleados consideran que nunca pagó por el daño que les hizo. Agresiones físicas, humillaciones e incluso amenazas, ya que les intimidaba diciéndoles que les metería en la lista negra de los restaurantes de todo el mundo o que utilizaría su influencia para que deportaran a sus familias. «No puedo cambiar quién era entonces. Aunque no reconozco todos los detalles en estas historias, puedo ver suficiente de mi comportamiento pasado reflejado en ellas como para entender que mis acciones fueron perjudiciales para las personas que trabajaron conmigo», ha dicho el chef en su perfil de Instagram, donde ha contado que hace años se sometió a terapia para tratar de controlar sus accesos de ira.
«A aquellos que han sufrido bajo mi liderazgo, mi mal juicio o mi enojo, lo siento profundamente. He trabajado para cambiar». El post acumulaba ayer por la mañana casi 38.000 'me gusta' –Cristina Pedroche, entre muchos, le dio 'like'–.
Redzepi no se desvinculará totalmente del restaurante, pero sí se aleja de la operativa diaria. El negocio seguirá en manos de su equipo, su «familia», dice. También deja MAD, la fundación sin ánimo de lucro que fundó en 2011.
Menús de 1.300 euros sin posibilidad de cambio de fecha
El escándalo de Noma no parece que vaya a vaciar el restaurante efímero que ha abierto esta semana en Los Ángeles. El plazo de reserva se abrió el 26 de enero y tienen todo lleno. El «paquete» cuesta 1.300 euros (1.500 dólares) e incluye «menú, maridaje de bebidas, hospitalidad e impuestos». Se exige el pago por adelantado y aceptan cancelaciones hasta cuatro semanas antes, «con un cargo del 4% no reembolsable». En la web de Noma se advierte de que «no es posible cambiar la hora o la fecha ni transferir la reserva a otra persona».
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