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ILUSTRACIÓN: SR GARCÍA Acoso El ciberbullying crece en silencioLos protocolos por acoso escolar en Málaga son ya un 30% más que en todo el curso anterior: 733 procedimientos abiertos desde septiembre
Domingo, 22 de febrero 2026, 00:08
CompartirEl suicidio de Jokin Cebeiro hace 20 años en Hondarribia zarandeó las conciencias de un país que aún veía como «cosas de niños» que unos pudieran humillar y agredir a otros como si fuera un juego más. Fue uno de los primeros casos de acoso escolar que saltó a los medios de comunicación y acabó en los tribunales, con una condena a siete jóvenes. A éste siguieron otros con la misma raíz de fondo abriendo una trágica y vergonzante lista: menores que buscaron en la muerte la vía de escape de las vejaciones y el hostigamiento que soportaban de sus iguales.
El suicidio de Ángela, de 14 años, esta semana en Benalmádena ha vuelto a poner el foco sobre esta «pandemia social», como coinciden algunos expertos en denominarlo. La policía rastrea sus redes sociales y examina sus conversaciones en whatsapp para determinar si, como manifestaron los propios padres a los agentes, su hija que estudiaba en el IES Benalmádena y estaba en tratamiento psicológico, sufría acoso escolar.
Solo en los cinco meses que llevamos de curso, la delegación provincial de Educación de la Junta de Andalucía ya ha abierto 733 protocolos de acoso en Málaga, lo que representa casi un 30% más que todos los registrados en el anterior, cuando se contabilizaron 574. Eso supone la apertura de casi cinco procedimientos diarios en la provincia si atendemos al número total de protocolos hasta la fecha divididos por los 159 días que discurren desde el 15 de septiembre que arrancó el curso.
Ilustración: Sr. GarcíaUnas cifras que, si bien para Educación ponen de manifiesto «una mayor concienciación» del problema por parte de los centros educativos, lo que ciertamente revelan es un preocupante aumento de estas conductas violentas entre los adolescentes. Y así lo constata el estudio sobre acoso escolar 'La opinión de los estudiantes' presentado a finales de año por las Fundaciones Anar y Mutua Madrileña: el 12,3% de los alumnos Primaria y ESO conoce algún caso de acoso o lo sufre, casi tres puntos porcentuales más que en 2024 debido al ciberbullying y la IA.
«Hay protocolos que siguen anclados en el año en que se crearon. Esa sociedad ya no existe»
Carmen Guillén
Presidenta de FEDECAE
Regulado en la Orden de 20 de junio de 2011, el protocolo de acoso en Andalucía prevé hasta doce pasos para evitar que, en caso de «maltrato psicológico, verbal o físico» a un alumno por parte de uno o más compañeros «de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado» y en sus múltiples manifestaciones (entre ellas el ciberacoso), esas conductas queden impunes. En este sentido, del total de protocolos iniciados este curso, Educación ha avanzado que 162 ya han sido cerrados y ratifica que siete de ellos son casos de acoso. El curso anterior se cerró con 65 confirmados. Pese a todo, la administración educativa asegura que estos protocolos suponen una «garantía de protección» y una prueba de la «implicación» de toda la comunidad educativa en la identificación de episodios de acoso escolar. «En todo ello está resultando de gran importancia la labor de formación e información desempeñada desde los servicios de Ordenación y de Inspección de la Delegación Territorial», expresa el delegado provincial de Educación, Miguel Briones.
La propia Consejería de Educación no descarta el ciberacoso en el caso de Ángela: «Nos está pasando en muchos centros, pero no es algo dentro de los centros, sino en la sociedad en general por la convivencia en la era digital».
Esa misma frase lleva escuchándola María (nombre ficticio), a su pesar, desde que en octubre se torció el curso para su hija de 13 años, alumna de otro instituto ajeno al de Ángela. Le advirtió que tuviera cuidado con dos niñas de la pandilla, porque solían meterse en jaleos y no quería que la arrastraran con ellas. Pero la menor, para evitar problemas en la familia, optó por cortar aquella relación de «amistad». Fue el inicio de un calvario que aún perdura, porque lo encajaron mal, la echaron del grupo y al empezar el instituto comenzaron los movimientos para aislarla del resto.
Ilustración: Sr. GarcíaEl primer día pareció que nada ocurría. Pero fue un espejismo. Pronto empezaron los mensajes a otros compañeros para que no se juntaran con ella y, más tarde, publicaciones en TikTok. «Tu karma será ver cómo yo cada día estoy mejor mientras tú te hundes en la miseria», decía un post. En el instituto evitaban hacerle o decirle algo por miedo a represalias. «No están en la misma clase, pero si se encuentran en el baño la miran mal», asegura su madre. Luego el castigo llega en redes cuando cuelgan una foto con el texto: «Mira la cara que se te queda cuando ves a una asquerosa en el baño».
El centro fue informado en octubre, «desde el minuto uno», recalca María. El orientador calificó los hechos de «ciberacoso» y se mostró dispuesto a «cortarlo desde ya». Sin embargo, la respuesta de la dirección fue la de echar balones fuera: «Si ocurre fuera del instituto, en redes sociales, no podemos hacer nada».
«Hay códigos casi universales que los adolescentes reconocen y utilizan para hablar de autolesiones o de quitarse la vida»
Rocío Santana
Investigadora de la UMA
Mientras tanto, la menor guarda silencio. «No quiere hablar del tema, hasta que a veces rompe a llorar». Ha bajado el rendimiento académico y ha habido días en que no quería ir a clase con la excusa de que le dolía la cabeza o la barriga. Pese a que la madre decidió quitarle el móvil para evitar más sufrimiento, en una ocasión que se lo dejó aprovechó para compartir en redes lo que no era capaz de expresar en casa: «Aunque parezca muy chula, nadie sabe lo mierda que me siento por dentro». La frase fue reveladora para la familia. «La vemos triste y otras veces muy alterada. Puede ser la edad también, pero lo que tenemos claro es que no está bien. Hemos intentado hablar con ella, pero no hay manera».
La madre no quiere levantar más revuelo: «Solo pido que hablen con las alumnas y que el tema se aborde en el instituto para que se tome conciencia de la gravedad. Porque hoy es mi hija, pero mañana pueden ser otros».
La guía de prevención del ciberacoso del Ministerio de Educación advierte de las particularidades de estas agresiones: «No existe un espacio físico ni horario específicos, la información que se expone en el espacio virtual perdura en el tiempo y llega a personas externas al centro educativo, puede tener un efecto multiplicador y permite ejercer la violencia desde el anonimato». Y precisamente son esas «particularidades» las que prolongan y perpetúan el castigo al menor más allá del colegio y agrandan la falla del sistema con colegios que no afrontan el problema, padres que siguen restando importancia al maltrato que ejercen sus hijos sobre otros y chavales que con su silencio amparan a los agresores por miedo a ser los chivatos y a abandonar el rol de mirones cómplices para convertirse en víctimas ellos también.
«El problema es que el propio sistema se protege a sí mismo y la propia estructura del abordaje del acoso escolar es un error. No se puede ser juez y parte»
Enrique Pérez-Carrillo
AEPAE
Fuentes de la Fundación Anar indican que el acoso digital se da más entre los 11 y los 12 años, prácticamente con paridad de género, y que las agresiones se centran sobre todo en una persona. Las principales plataformas a través de las que se produce en Secundaria son WhatsApp, Instagram, TikTok, mientras que en el ciclo inferior se ejerce sobre todo a través de videojuegos y juegos online y en TikTok.
Y cuando casos como los de Ángela vuelven a sacudir a la sociedad, la pregunta es inevitable: ¿Qué está fallando? «Estamos fallando todos», afirma categórica la presidenta de la Federación Española de Asociaciones contra el Acoso Escolar (Fedecae), Carmen Guillén, que critica que haya «17 protocolos distintos, cuando el acoso escolar es el mismo en todos lados». Considera que el verdadero problema no reside tanto en el documento, sino en su aplicación y actualización: «Hay protocolos que siguen anclados en el año en que se crearon. Esa sociedad ya no existe» .
Cree que falta formación obligatoria desde las universidades para todo profesional que trabaje con menores. No es la única. La investigadora de la Universidad de Málaga (UMA), Rocío Santana, alerta sobre este extremo en su estudio 'Bullying cibernético en edad escolar. El peligro oculto tras las pantallas'. Los datos recabados no dejan lugar a dudas: «El 100% del alumnado encuestado en los últimos años de carrera sabe qué son el bullying y el ciberbullying, sin embargo, reconoce que no sabría cómo abordarlo en el aula». En su opinión, el acceso precoz a dispositivos móviles y redes sociales amplifica los riesgos. Según los datos manejados en el estudio, el 47% del alumnado que sufre acoso presencial también padece ciberacoso. La red social favorita entre adolescentes españoles, TikTok, concentra buena parte de la preocupación. «Los algoritmos de recomendación pueden convertirse en un factor de riesgo añadido: si un menor acosado consume contenido relacionado con su situación, la plataforma tenderá a mostrarle más vídeos similares, algunos de ellos vinculados a la normalización de la autolesión o el suicidio», expone. Además, la investigación ha detectado el uso de códigos y expresiones en redes sociales que esquivan los sistemas de moderación y permiten difundir contenidos sensibles sin ser censurados de inmediato. «Son códigos casi universales que los adolescentes reconocen y utilizan para hablar de autolesiones o de quitarse la vida», explica la investigadora de la UMA.
«El acoso escolar y el ciberacoso son una pandemia social que genera traumas profundos. Todos somos de alguna manera cómplices si no actuamos »
Rafael Guerrero
Psicoterapeuta
Ante esta realidad, Guillén insta a asumir la realidad, porque es consciente de que la negativa de muchos centros a asumir sus responsabilidades responde a intereses reputacionales, «a que le cuelguen una medalla que no quieren». Sin embargo, insiste: «Un centro que reconoce el problema y actúa siempre tendrá credibilidad».
En el caso de Ángela, según la delegación de Educación, no hubo ninguna alerta ni indicio de una posible situación de acoso escolar y en ningún momento, ni la familia ni la propia alumna, comunicaron al centro que lo sufriera. Tampoco consta ninguna comunicación de compañeros o de profesores advirtiendo de que sufriera acoso escolar».
Cuando se abre un protocolo, son los propios centros los que concluyen si ha habido o no una situación de acoso. Los informes elaborados por los colegios con las pruebas recopiladas y la conclusión se envían a la Inspección Educativa para su supervisión. «Precisamente, el problema es que el propio sistema se protege a sí mismo y la propia estructura del abordaje del acoso escolar es un error», sostiene el presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE), Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva. «No se puede ser juez y parte», asegura.
La Fiscalía General del Estado detectó un total de 1.196 casos de acoso escolar en el 2024, según recoge su memoria anual. En Málaga, se incoaron 66 procedimientos por acoso, entendiendo este concepto, según fuentes judiciales, como «suma de hechos delictivos, o humillantes e injuriosos no siempre delictivos». En ella advierte que las cifras «evidencian un importante déficit en la prevención e intervención en el entorno educativo y son motivo de una notable preocupación».
El delito del acoso escolar, recuerda el organismo, suele estar integrado por otras figuras delictivas, como lesiones o amenazas, y fundamentalmente por el delito contra la integridad moral que recoge artículo 173.1 Código Penal. Fiscales especializados en Menores muestran su preocupación por el empeoramiento en la salud mental de los jóvenes, más expuestos a partir de la pandemia y con ideación suicida. Actualmente, el suicidio es ya la primera causa externa de muerte entre los adolescentes, por delante de los accidentes de tráfico y por detrás de los tumores, representando el 17,5% de los fallecimientos de esta edad. En 2024, 90 adolescentes menores de 20 años se quitaron la vida, 14 más que el año anterior. De esos 90 jóvenes, los suicidios en menores de 15 años mantienen la tendencia del último lustro: fallecieron 12 (6 niños y 6 niñas), dos más que en 2023, cuando el número de niñas (7) duplicó al de niños (3). En cuanto al siguiente tramo, las muertes de jóvenes entre 15 y 19 años ascendieron en 2024 a 78 sólo superadas por las 86 contabilizadas en 2000.
Uno de los grandes problemas del acoso escolar y del ciberacoso (ciberbullying) es la ley del silencio que lo envuelve, un silencio social que, entre otras graves consecuencias, no permite que los casos se detecten y aborden a tiempo. Así lo recoge el I Estudio sobre el acoso escolar y el ciberacoso en la infancia y adolescencia en España, llevado a cabo por la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense y la Fundación Colacao y en el que han participado 20.622 estudiantes, de Primaria y Secundaria de las 17 comunidades autónomas, pertenecientes a un total de 325 centros educativos (61,5% públicos y el 38,5% de titularidad concertada/privada). Es una de las mayores investigaciones sociales realizadas recientemente, que deja constancia de que en los casos de ciberbullying, el aislamiento se acentúa: más del 55% de las víctimas no lo cuenta a nadie. El miedo y no querer preocupar a sus familiares están detrás de ese silencio. Cuando lo hacen, los principales confidentes son los amigos (78,1%), la madre (68,7%) y el padre (58%).
No es común que un menor diga explícitamente «me están acosando». Lo más frecuente es que manifieste síntomas: cambios drásticos en la alimentación (comer con ansia o dejar de comer), pesadillas, llanto constante, miedo, rechazo a ir al colegio o instituto y aislamiento. «En la adolescencia confluyen dos necesidades fundamentales: ser vistos y pertenecer a un grupo. Cuando la única forma de ser visible es a través de la humillación y, además, se experimenta el rechazo del grupo, la autoestima se desploma. La víctima puede llegar a sentirse señalada, juzgada y completamente sola», explica Rafael Guerrero, psicoterapeuta y autor de 'Trauma: niños traumatizados, adultos con problemas'.
Las consecuencias del acoso son dramáticas y, en muchos casos, duraderas. Guerrero ha acompañado en consulta tanto a menores que sufrían hostigamiento como a adultos que arrastraban síntomas originados en experiencias de bullying vividas años atrás. El mayor daño, explica, es el sufrimiento continuado. «El acoso escolar y el ciberacoso son una pandemia social que genera traumas profundos y un sufrimiento extremo en las víctimas, cuya solución no recae únicamente en las escuelas.Todos somos de alguna manera cómplices si no actuamos y, por tanto, todos tenemos la responsabilidad de hacerlo adecuadamente para erradicarlo», alerta Guerrero.
Un teléfono para denunciar los casos de acoso escolar las 24 horas: 900 018 018
Hace diez años que el Gobierno habilitó un teléfono gratuito (900 018 018) contra el acoso escolar que está operativo las 24 horas y los 365 días del año para atender a familias, testigos o docentes en busca de información o de una vía para denunciar su situación. El pasado año recibió un total de 18.472 «intentos de llamada», pero se atendieron solo 9.988 peticiones de ayuda (un 46% de los intentos quedaron sin respuesta efectiva). De esas llamadas atendidas, únicamente 9.090 llegaron a completarse. En cuanto al tiempo, las comunicaciones de atención especial se prolongaron más de 45 minutos de media, a lo que se sumaron 40 minutos adicionales para la elaboración de informes por cada caso. Por otra parte, el 96% de las comunicaciones fueron realizadas por adultos, sobre todo, padres, madres o tutores. Solo 95 de ellas fueron efectuadas directamente por menores de edad. Andalucía, con 1.126 llamadas, es después de Madrid la comunidad que más recurrió a este teléfono.
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