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El coste empresarial de un país más caliente

El coste empresarial de un país más caliente
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Los datos empiezan a mostrar con claridad la dimensión económica del fenómeno: las olas de calor y las sequías ya reducen los ingresos de los hogares europeos

LA TRIBUNA

El coste empresarial de un país más caliente

Los datos empiezan a mostrar con claridad la dimensión económica del fenómeno: las olas de calor y las sequías ya reducen los ingresos de los hogares europeos

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CRISTINA SÁNCHEZ. DIRECTORA EJECUTIVA DEL PACTO MUNDIAL DE LA ONU ESPAÑA

18/08/2026 a las 02:00h.

Durante demasiado tiempo hemos tratado el cambio climático como una cuestión ambiental. Algo importante, sí, pero situado en los márgenes de la estrategia empresarial. El ... problema es que el clima ya no está en los márgenes. Ha entrado de lleno en la cuenta de resultados. Las primeras olas de calor de este verano, acompañadas de incendios devastadores, han demostrado que España tiene un problema ambiental y de salud pública, pero también económico. Y afecta a cuestiones tan básicas para una empresa como, por ejemplo, producir, transportar mercancías, atender a sus clientes o mantener sus costes bajo control.

Los datos empiezan a mostrarnos con claridad la dimensión económica de este fenómeno. Un estudio de Climate Analytics publicado en Global Environmental Change señala que las olas de calor y las sequías ya están reduciendo los ingresos de los hogares europeos. A medida que aumenta el calentamiento, las pérdidas también crecen: alrededor del 7,5% con 1,5 °C, del 12% con 2 °C y del 27% con 2,7 °C. También advierte de que en España la pérdida podría acercarse a un tercio de los ingresos si se cumple el último escenario.

La adaptación climática debe entenderse también como una política empresarial

Conviene detenerse un momento en lo que significan realmente estas cifras. Hablan de familias con menos capacidad de compra, de empresas que operan en mercados más frágiles y de territorios con menor margen para absorber una crisis. Hablan también de desigualdad.

Para una familia con pocos ingresos, encender más horas el aire acondicionado, pagar una factura energética mayor o perder jornadas de trabajo tiene un impacto inmediato. En el caso del tejido empresarial, una gran compañía tiene más margen para cambiar de proveedores, acometer inversiones o diseñar planes específicos de adaptación, pero para muchas pequeñas empresas, una decisión de ese tipo resulta todavía mucho más difícil.

La buena noticia es que España no parte de cero. Los datos de Comunicando el Progreso 2025, el análisis de la información ESG de las empresas españolas participantes en el Pacto Mundial de la ONU España, reflejan avances importantes. El 70% cuenta con políticas sobre cambio climático. El 79% dispone de políticas relacionadas con el uso de recursos y energía, el mismo porcentaje que en materia de residuos. Y el 86% afirma tener procesos para identificar, evaluar y mitigar riesgos medioambientales.

Hay motivos para hablar de progreso, sí. Pero hay una diferencia importante entre identificar un riesgo y estar realmente preparado para afrontarlo. Y es precisamente ahí donde todavía tenemos trabajo por delante. Actualmente solo el 16% de las empresas españolas analizadas cuenta con planes de adaptación climática que incorporan una evaluación de los riesgos físicos.

Si miramos específicamente a las pymes, apenas llegan al 11%. A esto se suma que solo el 27% mide las emisiones de Alcance 3, vinculadas a su cadena de valor. En otras palabras, hemos sido más rápidos a la hora de establecer compromisos ambientales que al preparar nuestras organizaciones para determinadas disrupciones climáticas.

¿Cómo cerrar esta brecha? En buena medida, revisando decisiones empresariales muy concretas. Incorporando el calor extremo y la sequía a los planes de continuidad, por ejemplo, aunque también preguntándonos dónde están las dependencias más delicadas de cada negocio: qué ocurre si falla un proveedor, si escasea el agua o si aumenta de forma brusca la demanda energética.

Será necesario revisar cómo protegemos a las personas trabajadoras según el tipo de actividad que realizan y decidir dónde merece la pena invertir hoy para evitar interrupciones mañana. No todas las empresas necesitarán las mismas medidas, y precisamente por eso la adaptación tiene que bajar del plano de las políticas generales a la realidad de cada negocio.

La adaptación climática debe entenderse también como una política empresarial. Tiene que ver con continuidad de negocio y competitividad, por supuesto, pero también con responsabilidad y cohesión social. El clima ya condiciona decisiones que se toman hoy en consejos de administración y comités de dirección. No estamos hablando de un riesgo que llegará dentro de varias décadas. Está aquí.

La cuestión es qué hacemos con esa realidad. Podemos anticiparnos y construir empresas más preparadas para operar en un entorno distinto. O podemos esperar a que cada nueva ola de calor nos recuerde, otra vez, cuánto cuesta no haberlo hecho.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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