Imagen de la presa donde fallecieron madre e hija, que posan el día de la boda de Brigitte. RRSS
Palencia El cruel destino de Teo y Brilly, las voluntarias bautizadas en un río que murieron ahogadas por salvar al pequeño de la familiaMadre e hija de 52 y 32 años, fallecieron en Baños de Cerrato tras salvar a su nieto e hijo de cinco años. La comunidad evangélica de Palencia llora a las dos mujeres.
Más información: Mueren ahogadas dos mujeres, madre y abuela, al intentar rescatar a un niño en la presa palentina de Baños de Cerrato
J.I. Fernández Palencia Publicada 1 junio 2026 21:13h Actualizada 1 junio 2026 21:31hEn la ventana principal de la Iglesia Nueva Esperanza, Palencia capital, hay un cartel donde aparece una cascada inmensa de agua con una cita del evangelio de Juan 7:37:“El que cree en mí como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.
Ahora, ya no se sabe si era un cruel vaticinio o simplemente una casualidad. Teófila (52) y su hija Brigitte (32) murieron ahogadas en un río.
En esa agua donde la iglesia evangélica realiza sus tradicionales bautismos, como lo hicieron ellas, ya que su liturgia consiste en la inmersión total.
La corriente atrapó a la abuela y la madre ahogadas en Palencia al intentar salvar al niño: jugaba con una tabla de bodyboardMadre e hija, peruanas, fallecieron este pasado domingo en Baños de Cerrato (Palencia) cuando intentaban auxiliar al hijo y nieto de ambas.
En su iglesia, en el barrio del Campo de la Juventud, a la que iban casi a diario, las recuerdan como dos mujeres discretas, trabajadoras y volcadas en ayudar a los demás.
En sus perfiles de redes sociales también se puede comprobar su intensa relación con el agua.
"Yo derramaré aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra seca. (…) Y brotarán entre la hierba como los sauces junto a la riberas de las aguas. Isaías 44.", se puede leer en una publicación.
El domingo por la mañana, como tantos otros domingos, Teófila y Brigitte (Brilly) ocuparon sus asientos habituales en la iglesia evangélica a la que acudían desde hacía más de una década en Palencia.
Nada hacía presagiar que apenas unas horas después sus nombres recorrerían los titulares de toda España.
Ventanal de la sede de la Iglesia evangélica Nueva Esperanza de Palencia con el cartel JIF
“Una madre hace lo que sea por un hijo”, comentan dos vecinos palentinos en el Café Menta, que no saben dar más datos sobre las dos fallecidas.
Aitor, marido de Brigitte y padre del niño, no acompañó a la familia aquella tarde.
Según relata el pastor había trabajado y decidió quedarse descansando en casa.
"Se dedica al traslado de pacientes en ambulancia y, tras la jornada laboral, optó por echarse a dormir mientras su esposa, su hijo y su suegra se desplazaban hasta la zona de la presa para pasar la tarde", explica.
Madre e hija, de 52 y 32 años, fallecieron ahogadas en la presa cuando trataron de rescatar al hijo de Brigitte, un niño de cinco años que había tenido dificultades para regresar a la orilla mientras jugaba en el agua con una tabla.
El agua formaba parte de muchos de los momentos de ocio de la familia, aunque no por razones estrictamente religiosas.
Los talleres que ayudan a los migrantes a regularizarse en Castilla y León: "Es de justicia y aportan más de lo que reciben"El pastor de esta iglesia, José Luis Paniagua, explica que les gustaba disfrutar de la naturaleza y que la zona de la presa de Baños de Cerrato era un lugar que frecuentaban.
"Parece ser que iban bastante a menudo ahí", señala. En la tradición evangélica, además, los ríos tienen una presencia habitual porque en ellos se celebran bautismos.
Aunque el pastor matiza que se trata de una práctica puntual y no de una relación especial con el agua desde el punto de vista doctrinal.
Aquella tarde de domingo, un entorno asociado a paseos familiares y momentos de descanso pasó a ser el escenario de una tragedia que nadie podía imaginar.
La principal hipótesis que manejan los investigadores apunta a las fuertes corrientes existentes en la zona, que habrían separado a los tres y dificultado el rescate. El menor logró sobrevivir gracias a la intervención de varios pescadores.
Hoy Palencia, pero sobre todo este centro evangélico, habla de dos mujeres cuya vida estuvo marcada por el cuidado de los demás.
"Siempre se dice en estos casos que eran excelentes personas, y parece una frase hecha de funeral", explica el pastor. "Pero es que en este caso era verdad".
En la iglesia recuerdan especialmente a Teófila por una palabra: servicio.
Al comienzo de estar en Palencia trabajó en un restaurante. Luego era una de las personas encargadas de recibir a quienes llegaban por primera vez al templo, ayudarles a encontrar sitio y hacerles sentirse acogidos.
También participaba en las tareas de limpieza y colaboraba como voluntaria en una organización social de ayuda a madres jóvenes, quizás porque ella lo fue con 20 años.
Paniagua conserva además un recuerdo personal que resume su carácter.
La presa de Baños de Cerrato (Palencia), lugar donde tuvo lugar la tragedia. Brágimo ICAL
Durante la pandemia de covid, el pastor pasó meses hospitalizado y su esposa permaneció sola en casa, enferma y sin posibilidad de desplazarse. Teófila fue una de las personas que acudieron a ayudarla.
"Cuando terminaba de trabajar venía a ver si mi mujer necesitaba comprar algo o hacer alguna gestión", recuerda. "Estuvo pendiente de ella durante todo ese tiempo".
Quienes compartieron comunidad con ella la describen como una mujer sencilla, cercana y especialmente atenta a las necesidades de los demás.
Brigitte, la voz del coro
La hija, Brigitte, había seguido un camino parecido.
Delineante de formación, nunca consiguió desarrollar plenamente su profesión.
En los últimos meses trabajaba en labores de limpieza en varios centros escolares de la provincia.
Al terminar la jornada, seguía encontrando tiempo para colaborar en la vida de la iglesia.
Formaba parte del grupo de alabanza, el coro de la congregación, y participaba habitualmente en actividades de voluntariado y evangelización durante el verano.
"Hace unos ocho años se casó y formó su familia", recuerda el pastor que fue el encargado de hacerlo.
La Iglesia evangélica a la que acudían las fallecidas. JIF
"Era una mujer fiel, muy comprometida con su fe y siempre dispuesta a colaborar", apunta.
Ese domingo había acudido al culto junto a su madre, su hijo y otros familiares. Una imagen cotidiana, pero que ya no se podrá volver a repetir.
Una familia unida
La familia era conocida en la comunidad evangélica palentina desde hacía años. Vivían en el barrio del Otero, donde hay mucha afición por el fútbol. Es la pasión de Aitor y de su hijo Nazael.
El padre llegó incluso a jugar la Copa del Rey en la recordada eliminatoria que jugó el Villamuriel contra el Rayo Vallecano (0-5).
Según explica Paniagua, tanto Teófila como Brigitte llevaban entre diez y doce años integradas en la congregación, aunque residían en España desde mucho antes, ya que la madre llegó desde Perú en busca de una ilusión en forma de trabajo.
Su presencia era constante en reuniones, actividades y celebraciones. "Han sido personas muy fieles y muy comprometidas", afirma.
Por eso la conmoción ha sido especialmente intensa entre quienes compartían con ellas algo más que los oficios religiosos. Compartían la vida cotidiana.
En otro lugar de Palencia también se llora su muerte. El bar Bugatti 11 especializado en comida peruana responde gentilmente a la llamada de este medio. “Claro que las conocía, sobre todo a la madre”, explica una camarera.
Hasta que se emociona al recordarlas: “Eran muy buenas, y dejan a un pobre niño de cinco años”, lamenta.
Recuerda que estuvieron hace poco en una celebración.
El último gesto
Las investigaciones apuntan a que el niño comenzó a tener problemas para regresar a la orilla mientras jugaba en el agua.
Su madre y su abuela se lanzaron para ayudarle. Las corrientes de la presa habrían terminado arrastrándolas y separándolas entre sí.
El menor fue localizado posteriormente con vida, aferrado a unos troncos, y ya ha recibido el alta hospitalaria.
La tragedia ha dejado devastada a la familia, especialmente al marido de Brigitte y padre del niño: Aitor, que también era conocido en la provincia.
Sobre todo en el mundo del fútbol ya que era jugador del CD Villamuriel. “Hoy es un día triste”, aseguraba el club en redes sociales.
En medio del dolor, el pastor encuentra consuelo en las creencias que compartían ambas mujeres.
"Mañana, cuando celebremos el funeral, no será un adiós, sino un hasta luego", explica. "Para nosotros la esperanza cristiana significa que volveremos a encontrarnos".
Es la idea a la que se aferran ahora familiares y amigos.
Esa convicción religiosa es también la que sostiene ahora a familiares y amigos en las horas más difíciles.
Paniagua, la persona encargada de realizar este martes el funeral, explica que, para la comunidad evangélica, la muerte no representa una despedida definitiva.
El pastor asegura que la esperanza del reencuentro forma parte del consuelo al que se aferran quienes compartieron con Teófila y Brigitte años de vida comunitaria.
"Saber que algún día volveremos a encontrarnos da una paz especial en momentos tan críticos", sostiene.
En una congregación profundamente golpeada por la tragedia, esa esperanza es hoy una de las pocas certezas a las que muchos intentan agarrarse.
La familia ultimaba este lunes los preparativos para la despedida de madre e hija.
Según explicó el pastor José Luis Paniagua, la decisión final sobre el destino de los cuerpos corresponde al marido de Brigitte y al resto de familiares más cercanos, aunque apuntó que la incineración era una de las opciones que se contemplaban.
El funeral se celebrará en el tanatorio, donde familiares, amigos y miembros de la comunidad evangélica podrán dar el último adiós —o, como prefieren decir muchos de ellos, el último "hasta luego"— a dos mujeres cuya ausencia ha dejado una profunda huella.