El presidente de EE UU se siente «jodido» por su aliado hebreo y los dos mantienen disputas verbales muy duras, pero aún así conservan una cooperación que muchos no se explican en la Casa Blanca
Regala esta noticia Añádenos en Google Trump recibe a Netanyahu en la Casa Blanca en septiembre de 2025. (Reuters)Miguel Pérez
02/06/2026 Actualizado 03/06/2026 - 07:31h.La relación entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu puede definirse alrededor de un 'teléfono caliente'. La imagen amistosa que el presidente de Estados Unidos y ... el primer ministro de Israel han ofrecido en público durante sus entrevistas en la Casa Blanca dista bastante de lo que parece suceder en frecuentes ocasiones en privado y en la distancia. La bronca de este lunes a cuenta de las hostilidades del ejército hebreo sobre Líbano no es la primera en la que los insultos cruzan el Atlántico. Ni la única en la que los funcionarios estadounidenses escuchan las voces desaforadas de su jefe hablando con Netanyahu al otro lado de la línea, incluso con la puerta del Despacho Oval cerrada.
«Estás jodidamente loco». La frase que, según el portal 'Axios', le espetó esté lunes para ordenarle detener los ataques en Líbano es también una preclara muestra de las crisis que afectan de vez en cuando a la relación bilateral a causa de la dispar manera en que los dos dirigentes afrontan la guerra en Oriente Medio. Trump busca un pacto con Irán. Pero Teherán acaba de señalarle que no habrá paz mientras Israel prosiga la ofensiva contra Beirut y el sur libanés.
Netanyahu, mientras tanto, solo contempla el objetivo preferente de derribar a su histórico enemigo persa e inutilizar de paso a Hezbolá, la milicia proiraní. En busca de su destrucción sacude regularmente a bombazos la antigua región fenicia. El resultado es que más de 2.000 libaneses han muerto y cientos de miles han sido desplazados de sus poblaciones. Las Fuerzas de Defensa han vuelto a golpear este martes a su vecino, pero se han abstenido de hacerlo contra Beirut.
Cuatro muertos en Gaza City
El 13 de diciembre de 2025, las Fuerzas de Defensa hebreas asesinaron a Raed Saad, un alto mando del brazo militar de Hamás y arquitecto de la masacre del 7 de octubre de 2023. La ofensiva causó cuatro muertes en Gaza City y despertó la ira de la Casa Blanca. Netanyahu no había avisado de sus intenciones a EE UU. En Washington se temió que la frágil tregua acordada dos meses antes saltara por los aires.
El secretario de Estado, Marco Rubio, y los dos enviados a Oriente Medio, Steve Witkoff y Jared Kushner, trasladaron su frustración al presidente. El primer ministro hebreo iba una vez más por libre y además amenazaba un compromiso de paz en Gaza en el que Trump se había implicado directamente. El resultado, según desveló en su momento Axios, fue un contundente mensaje a Netanyahu: «Si quieres arruinar tu reputación y demostrar que no cumples los acuerdos, adelante, pero no te permitiremos arruinar la reputación del presidente Trump después de que él negociara el acuerdo en Gaza».
Aviso recibido. Unos días más tarde, el 29 de diciembre, los dos dirigentes celebraron una reunión en la mansión de Mar-a-Lago. Era la quinta vez que ambos se encontraban desde la llegada al poder del líder republicano. Netanyahu viajó sin periodistas en su comitiva. Y prefirió verse con su anfitrión lejos de la Casa Blanca, en Florida, en un entorno amigable que daba una mejor impresión de una entrevista de trabajo entre dos aliados bien avenidos. Aunque las sombras siempre persisten. El líder judío tiene auténtico pánico a que, en una de estas visitas, Trump le monte una bronca en público como la que le organizó al jefe de Estado ucraniano, Volodímir Zelenski.
Este riesgo, sin embargo, es poco probable. El mandatario norteamericano conoce el poder del lobby judío y el alcance de su billetera. En 2016, meses antes de ocupar el Despacho Oval, Trump ya prometió al grupo judío de presión más importante de EE UU que se encargaría de dejar sin efecto el acuerdo nuclear con Irán y que también instalaría la embajada estadounidense en Jerusalén, a la que denominó «la capital eterna del pueblo judío». Y antes que él, el demócrata Barack Obama, cuya nula sintonía con Netanyahu era bien conocida, también firmó un acuerdo de ayuda militar a Israel por valor de casi 40.000 millones de dólares.
En el momento de verse en Mar-a-Lago, hace apenas cinco meses, el desgaste de Netanyahu en la Administración Trump ya era severo. Se dice que sólo el presidente le aguanta dentro de su círculo de poder. Los allegados al inquilino del Despacho Oval están tremendamente contrariados no sólo por las ocasiones en que los bombardeos de las Fuerzas de Defensa han puesto en riesgo la posibilidad de una paz en la región sino por los episodios de violencia contra los colonos, la presión del Gobierno judío sobre Cisjordania y las muertes a balazos de civiles palestinos que acudían a recoger comida.
El primer ministro hebreo es consciente de todo ello y, como suele ocurrir en estas circunstancias, sobrevuela este círculo y se encarga de engrasar el vínculo con el máximo mandatario: en julio, durante una cena en Washington, le entregó solemnemente a Trump la candidatura israelí para que la Academia noruega le concediera el Premio Nobel de la Paz.
No obstante, a pesar de todos los elogios y obsequios, el líder republicano no ha tenido la más mínima duda en dejar a los pies de los caballos a su principal socio en Oriente Medio cuando la situación así lo ha requerido. El pasado septiembre, un bombardeo israelí a Doha intentó asesinar a la comisión de Hamás responsable de negociar el alto el fuego en Gaza. Los misiles dejaron seis muertos y una conmoción internacional generalizada: se trataba de un ataque frontal a una delegación de paz, invitada además por Qatar y Estados Unidos.
Trump llamó de inmediato a Netanyahu. Se cuenta que la bronca pudo escucharse desde Emiratos Árabes. Luego, el presidente conversó con el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, y publicó el siguiente mensaje: «Esta fue una decisión tomada por el primer ministro Netanyahu, no fue una decisión tomada por mí. Bombardear unilateralmente dentro de Qatar, una nación soberana y aliada cercana de los Estados Unidos, que está trabajando muy duro y asumiendo riesgos con nosotros para negociar la paz, no promueve los objetivos de Israel o de Estados Unidos».
El polémico memorando
Más recientemente, los dos líderes han mostrado sus discrepancias sobre el memorando de intenciones que EE UU e Irán han transaccionado en las últimas semanas con vistas a establecer una tregua de 60 días, negociar la neutralización del programa nuclear persa y la reapertura del estrecho de Ormuz, y acordar un posible fin definitivo de las hostilidades. Según 'Axios' y otros medios, discutieron de modo acalorado y el primer ministro rechazó cesar los ataques sobre Hezbolá en el Líbano para facilitar el pacto. «A Bibi le ardía el pelo después de la llamada», relataron miembros de su Ejecutivo.
Vayan por delante las disculpas a Jack Lemmon y Walter Matthau, pero el comportamiento de Trump y Netanyahu se asemeja bastante al de los dos veteranos gruñones de 'La extraña pareja', pero con la salvedad de que a estos poderosos politicos parecen unirles más intereses geopolíticos que un cariño profundo. Y que sus consecuencias se miden en sangre.
La cuestión es que el mantenimiento de ese vínculo les está costando un gran crédito político. Sobre Trump siguen en aumento las quejas nacionales, incluso desde el Partido Republicano, por haberse dejado arrastrar por Israel a una guerra en Oriente Medio. Las encuestas continúan mostrando que un alto porcentajes de ciudadanos no entiende todavía las razones de la participación estadounidense en un conflicto que, además, perjudica directamente sus bolsillos.
A Netanyahu, los ministros ultra del gabinete le impelen a no achantarse ante la bronca de su aliado republicano. El titular de la cartera de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, le ha pedido este mismo martes que diga «no» a Trump y haga caso omiso a la orden de cesar los combates en Líbano. «Señor primer ministro, usted dijo que un primer ministro fuerte le dice 'sí' al presidente de los Estados Unidos cuando es posible y 'no' cuando es necesario. Este es el momento de decirle 'no' a nuestro amigo», ha advertido Gvir en un comunicado público. «Ahora es el momento de hacer lo que se requiere y es necesario para atacar a Hezbolá, para dar rienda suelta a nuestros combatientes y para restablecer la seguridad en el norte».
Gadi Eisenkot, líder del Yashar, un partido contra el que el Likud gobernante deberá medirse seriamente en las próximas elecciones, ha arremetido también contra el primer ministro por «capitular» ante su aliado estadounidense. «¡Nunca ha habido un primer ministro en Israel que haya cedido ante una exigencia tan descabellada!», ha subrayado en un mensaje recogido por 'The Times of Israel'.
Estrategas y asesores de la Casa Blanca consideran muy complicado desentrañar la naturaleza de la cooperación entre el presidente de EE UU y el jefe del Gobierno israelí, que se ha mantenido contra viento y marea a pesar de las discrepancias en el frente bélico, la frustración del primero, el descontrol del segundo y de algunos comentarios despectivos capaces de sellar enemistades. Trump ha llegado a decir de su aliado que es un «líder en tiempos de guerra», el dirigente que «Israel necesita en estos momentos», y ha admitido que, a pesar de «mis disputas con él, fueron solucionadas rápidamente. Ha sido fantástico trabajando conmigo», enfatizó en octubre de 2025 durante un viaje a Tel Aviv.
Sin embargo, el verano pasado, cuando la aviación norteamericana bombardeó las instalaciones nucleares persas, Trump hizo un comentario sobre la presunta futilidad de la confrontación entre Israel e Irán que no pasó desapercibido en círculos diplomáticos. Declaró que las dos naciones «han estado luchando durante tanto tiempo y con tanta intensidad que no saben qué demonios están haciendo».
Al líder republicano le molestó extraordinariamente que Netanyahu felicitase a Biden en 2020 y tiempo después reconocía que «no he vuelto a hablar con él». Sin embargo, durante el actual mandato ha sido capaz de enviar a su homólogo hebreo, Isaac Herzog, una carta proponiéndole que estime el indulto para el primer ministro, inmerso en un juicio por corrupción. El propio Bibi le pidió a Trump por teléfono que intercediera en su favor para poner fin a los procesos judiciales.
Sin embargo, la conversación de este lunes parece apuntar a que el trato entre los dos mandatarios tiene las connotaciones de una relación de amor-odio donde nada cae en saco roto y todo se recuerda. «Estarías en la cárcel si no fuese por mí. Estoy salvando tu culo», le ha echado Trump en cara a su 'amigo' israelí.
comentarios Reportar un error