'Operación Entebbe': Hace medio siglo, el Ejército israelí hizo historia con su espectacular rescate de los rehenes de un avión retenido en el corazón de África
Regala esta noticia Añádenos en Google Pasajeros rescatados de Air France saludan a la multitud en el aeropuerto Ben Gurion. (R. C.) 21/06/2026 a las 13:08h.La azafata recorre el pasillo con pasos apresurados, como si la premura revelara la importancia de su misión. Desgraciadamente para ella, los pasajeros se ríen ... a su paso. Nadie puede tomarse en serio a alguien que blande la escultura de una jirafa de largo cuello y, con gesto circunspecto, reclama que el propietario se levante de su asiento. Esta situación dura casi una hora y la temperatura dentro del avión aumenta y comienza a ser agobiante. Podemos imaginar el tremendo calor y el miedo que, hace cincuenta años, sufrieron los viajeros del vuelo Tel Aviv-París, desviados contra su voluntad al corazón de África. Estamos en el mismo lugar, en Entebbe, el aeropuerto de Kampala, la capital ugandesa, allí donde tuvo lugar la exitosa 'Operación Thunderbolt'.
Nosotros hemos viajado por los Kivus y volvemos a Europa a través de Ruanda y Uganda ya que las compañías congoleñas se hallan entre las peores del mundo. El pasaje lo forman monjas y sacerdotes nativos, jóvenes predicadores rubicundos y sujetos de aspecto eslavo que suponemos contratistas rusos. También encontramos una familia española que, como los otros escasos turistas, ha contemplado los esquivos gorilas en el Parque Nacional de los Volcanes. Por supuesto, están ellos, los nativos ruandeses, que, entre nosotros, denominamos altos y bajos, porque, según se dice, los agentes locales de inteligencia siempre están al acecho de esas palabras oficialmente condenadas, hutus y tutsis. Los raptados del vuelo 139 fueron divididos en dos categorías simples y efectivas: judíos y no judíos.
Aquellos no eran buenos tiempos para la seguridad aérea. En 1976 se produjeron 126 asaltos de aeronaves. Tampoco fue el mejor momento para ser ministro encargado de hidrocarburos en la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Seis meses antes, habían sido secuestrados mientras celebraban una reunión en la sede vienesa del organismo. La operación estuvo liderada por el mítico terrorista Carlos y varios correligionarios alemanes. Los radicales germanos abundaban, caso de Brigitte Kuhlmann y Wilfried Böse, la pareja que fundó las Células Revolucionarias, red de grupúsculos empeñados en combatir el Estado, y que se implicó en el mayor de sus golpes al 'establishment'.
Los extremismos de izquierda y derecha monopolizaron la violencia terrorista durante la década. Luego, en 1988, llegaría Al Qaeda y la amenaza se hizo confesional. Pero, incluso en esos años, el irredentismo palestino seguía incitando a actos desesperados como el que alió al matrimonio Böse con el Frente Palestino de Liberación Popular Maniobras Externas, una entidad laica, marxista leninista y revolucionaria con especial apoyo entre los cristianos árabes. Wadi Haddad, cabeza de su brazo armado, fue el inductor de la iniciativa.
Un botín de cinco millones
Las circunstancias de aquel operativo eran aún más peligrosas. Hace cuarenta años que las calles ugandesas aparecen empapeladas con retratos del presidente Yoweri Museveni, pero en 1976 el mariscal Idi Amin Dada era su imprevisible y sanguinario jefe de Estado. Teóricamente, el dictador llevaba a cabo labores de mediación, cuando, en realidad, actuaba como cómplice prestando tropas para proteger a los secuestradores. A menudo, visitaba a los raptados, reunidos en una terminal en desuso, para atemorizarlos con sus diatribas contra Israel.
Conflictividad
Aquellos no eran buenos tiempos para la seguridad aérea. En 1976 hubo 126 asaltos de aeronaves
La liberación de 53 prisioneros palestinos y un botín de 5 millones de dólares eran el rescate demandado. El gobierno egipcio y Yasser Arafat intentaron conciliar posturas sin éxito. El 4 de julio fue la fecha establecida para dilucidar el destino de los 106 retenidos tras varias liberaciones. Los rehenes eran los pasajeros de origen hebreo junto a la tripulación y tres viajeros que se habían solidarizado con los más desdichados.
La Operación Entebbe, también conocida como Thunderbolt o Yonatan, se aprobó la víspera del día para el ultimátum. Siete aviones, incluidos cuatro de transporte, habían de aterrizar en Entebbe sobre las 23.00 horas del día 3, y sus cien efectivos debían asegurar el perímetro y recuperar a los retenidos. También se barajó la posibilidad de emplear comandos navales, pero se desechó ante la existencia en sus aguas de cocodrilos del Nilo. Los aviones sobrevolaron a baja altura el Mar Rojo, Yibuti y Somalia, para no ser detectados por los radares antes de llegar a Kenia, que había dado en secreto su apoyo, y donde podían repostar.
El diablo está en los detalles. Un Mercedes negro pudo arruinar el rescate. Los israelíes intentaron burlar los controles de seguridad del centro de reclusión con un vehículo similar al que utilizaba el tirano en sus visitas, desconociendo que acababa de estrenar otro blanco. Los soldados ugandeses sospecharon y ordenaron que parara. Entonces, los judíos comenzaron a disparar alertando a los secuestradores.
La ética de Wilfried Böse también resultó crucial para la supervivencia de los raptados. El terrorista consiguió llegar hasta los retenidos pero no se vengó, tal y como cabía esperar, y sólo disparó contra los militares antes de ser abatido. Todos los milicianos perecieron y tres rehenes cayeron víctimas del fuego cruzado. La operación se realizó en menos de una hora. Los soldados ugandeños respondieron a la invasión disparando desde la torre de control y medio centenar perdió la vida.