La radiación que recibimos al salir a la calle siempre se debe combatir con la protección solar
1 comentarioFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-07-01T10:30:59ZJosé A. Lizana
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Colaborador Linkedintwitter682 publicaciones de José A. LizanaCuando preparamos la bolsa para ir a la playa o a la piscina, el protector solar es uno de los primeros elementos que tenemos en nuestra lista de imprescindibles. Esto se debe a que automáticamente asociamos estos dos sitios con las posibles quemaduras a las que nos exponemos por estar ante el sol; sin embargo, nos olvidamos de que en otras muchas tareas diarias también recibimos exposición solar y ahí no nos ponemos crema.
Los dermatólogos tienen claro que esto es un grave problema en la percepción del riesgo de exponernos al sol, puesto que creemos que este solo quema en la playa, pero no mientras paseamos por la calle o conducimos en el coche. Esto precisamente es lo que apunta el dermatólogo Miguel Sánchez Viera en declaraciones recogidas por elDiario: "Gran parte del daño solar se produce en actividades diarias que pasan desapercibidas"
Y va un paso más allá al afirmar que "muchas veces el cáncer que diagnosticamos hoy es consecuencia de exposiciones solares que comenzaron décadas atrás".
En XatakaUsar paraguas contra el sol es la última moda en España. La ciencia tiene claro hasta qué punto nos protege realmenteEl peligro invisible. La propia OMS y el Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos tienen claro que la luz solar y otras fuentes de radiación ultravioleta con causantes directas del fotoenvejecimiento y del cáncer de piel. Pero el matiz importante es que estamos ante un daño acumulativo.
Esto es importante, porque no hace falta tumbarse al sol para sumar "papeletas" de padecer alguna enfermedad de la piel grave, sino que caminar hacia el trabajo, sacar al perro o sentarse a tomar un café en una terraza son formas de exposición solar incidental. Son estas exposiciones diarias y casuales las que van sumando dosis clínicamente relevantes a lo largo de nuestra vida.
En el coche. Uno de los ejemplos más claros de esta falsa sensación de seguridad es el coche, puesto que muchos conductores asumen que estar detrás de un cristal bloquea la radiación. Pero aquí la ciencia apunta que, mientras que los parabrisas modernos están diseñados para bloquear la mayor parte de la radiación UVA y UVB, las ventanillas laterales son otra historia. Múltiples estudios demuestran que el cristal lateral bloquea los rayos UVB, que son los principales causantes de las quemaduras inmediatas, pero deja pasar los rayos UVA en proporciones muy variables.
Los rayos UVA penetran más profundamente en la piel y son grandes responsables del envejecimiento prematuro y del daño celular a largo plazo. Por tanto, conducir o incluso estar sentado habitualmente cerca de una ventana muy iluminada, contribuye silenciosamente a nuestra dosis total de UVA.
En XatakaLa próxima revolución en protección solar no es un filtro ni una nueva crema: es dar de "comer" a tus bacteriasEl callo solar. En los últimos meses se ha popularizado este concepto al apuntar que la piel puede ir "acostumbrándose" al sol poco a poco para generar tolerancia sin necesidad de cremas que encima han sido demonizadas. Pero las autoridades sanitarias son tajantes en este sentido al apuntar que la piel no se puede acostumbrar de forma segura a la radiación.
El daño en el ADN celular es acumulativo y la piel tiene "memoria" y no perdona los excesos, vengan de una quemadura intensa en agosto o de veinte años de radiación moderada sin protección yendo a la oficina. De hecho, la OMS y la OIT destacan que la exposición ocupacional al aire libre tiene un peso real y documentado en el desarrollo de cáncer de piel no melanoma.
La protección solar es innegociable y lo recomendable es dejar de asociarla únicamente al verano o a los días de playa y piscina. Aplicársela antes de salir de casa y exponernos a la radiación UV es un imperativo si buscamos mantener una buena salud dermatológica.
Imágenes | Amy Humphries