- MICHELLE CHAN
La revolución de la inteligencia artificial exige siete billones de dólares para la construcción de nuevos centros de datos. Este reto impulsa a Wall Street a crear nuevas soluciones financieras.
La revolución de la IA podría cambiar el mundo, pero tiene un precio astronómico. Se espera que de aquí a 2030 las empresas tecnológicas inviertan 7 billones de dólares en centros de datos, una cantidad suficiente para alimentar a toda la población de China durante tres años.
Tan grandes son las sumas involucradas que incluso los grandes grupos tecnológicos, que disponen de decenas de miles de millones de dólares en efectivo, necesitan financiar la infraestructura con deuda.
Esto plantea a los principales prestamistas un complejo conjunto de cálculos mientras hacen un gran esfuerzo para financiar, asegurar y suscribir una clase de activo completamente nueva.
Los posibles retornos son enormes, lo que ha convencido a algunos de los inversores privados más grandes y sofisticados del mundo para proporcionar a Nvidia 500.000 millones de dólares en financiación el mes pasado. Algunos sectores de la industria aseguradora ven una oportunidad de negocio: las aseguradoras de vida están ávidas de activos de largo plazo y alta rentabilidad, mientras que las aseguradoras de daños y responsabilidad civil necesitan nuevas oportunidades de suscripción.
Pero los riesgos también son grandes, y van en aumento. En primer lugar, está la cuestión de la longevidad: la posibilidad de que los centros de datos y los chips que los equipan no conserven su valor durante el plazo de vida de la financiación que los sustenta. También existe el riesgo de una creciente reacción popular contra estos centros, con su enorme consumo de agua y electricidad en un momento en que la IA genera cada vez más controversia.
Además, existe la dificultad adicional de transferir los riesgos a otras partes del sistema financiero. Los prestamistas y promotores de proyectos desean asegurarse contra todo tipo de imprevistos, desde desastres naturales y cortes de energía hasta una caída en la demanda de capacidad de cómputo. Sin embargo, las aseguradoras se han mostrado reacias a ofrecer coberturas multimillonarias para los proyectos más grandes, preocupadas por el riesgo de catástrofes y la exposición concentrada a estos gigantescos emplazamientos.
Y esto sin tener en cuenta la apuesta más fundamental de todas: que la revolución de la IA alcance su potencial. Para los inversores, esto significa no sólo un aumento sin precedentes en la productividad y los beneficios, sino también que los modelos de vanguardia que requieren la infraestructura de centros de datos más extensa se alcen como los vencedores. Además, cada uno espera que las empresas en las que invierte triunfen.
"Todos han decidido que quieren invertir en el sector ferroviario", afirma el ganador del Premio Pulitzer Liaquat Ahamed. Sólo Microsoft ha anunciado una inversión de unos 175.000 millones de dólares en centros de datos este año.
El problema con gastos así, añade Ahamed, es que "no tienen en cuenta que el resto de empresas tecnológicas están haciendo exactamente lo mismo".
Ante esta situación, los principales prestamistas buscan trasladar sus exposiciones más arriesgadas a otros sectores, incluidos algunos rincones del sistema financiero que podrían ser más vulnerables a las tensiones y que, en el proceso, podrían hacer que una parte aún mayor de la economía en general quedara atrapada en la burbuja de la inteligencia artificial.
Motor económico
La expansión de los centros de datos se ha convertido en un pilar fundamental de la economía estadounidense.
Stijn Van Nieuwerburgh, economista de la Columbia Business School, estima que el desarrollo de la IA representará alrededor del 2,8% de la producción económica en los próximos años, una proporción del PIB estadounidense incluso mayor que la que representaban los ferrocarriles en su apogeo en el siglo XIX.
Sólo los cuatro grandes hiperescaladores (Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta) han firmado contratos de arrendamiento por valor de más de 1,5 billones de dólares desde el inicio del auge de la IA, incluyendo compromisos que aún no se han hecho efectivos.
El ritmo frenético de actividad en los mercados de capitales ha sido sorprendente. Desde finales del año pasado, los hiperescaladores han recurrido repetidamente al mercado de deuda corporativa estadounidense, valorado en 11,7 billones de dólares, hasta el punto de tener que empezar a emitir deuda en divisas extranjeras para ampliar su base de inversores.
Las necesidades de financiación de la IA están poniendo a prueba el ingenio financiero de Wall Street, así como sus recursos.
Seis gigantes financieros se unieron a principios de agosto para cubrir el medio billón de dólares de financiación requerido por Nvidia. A BlackRock se le sumaron Blackstone, Apollo Global, KKR, Brookfield y Goldman Sachs. Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, calificó esta unión como el "futuro de la ingeniería financiera".
Los grandes bancos que invirtieron fuertemente en proyectos de centros de datos buscan maneras de deshacerse de estos riesgos concentrados.
JPMorgan Chase, Morgan Stanley y SMBC han explorado el uso de transferencias sintéticas de riesgo -mediante las cuales los prestamistas transfieren el riesgo a los inversores a través de una garantía financiera, mientras que los préstamos permanecen en sus balances- para reducir su exposición a los centros de datos. Bancos liderados por Morgan Stanley también planean deshacerse de 15.000 millones de dólares de deuda que prestaron a un centro de datos respaldado por Google en Texas.
Algunas nuevas estructuras de financiación han recurrido a vehículos de propósito especial, que mantienen los proyectos fuera de los balances de las empresas tecnológicas y transfieren el riesgo a inversores externos.
El acuerdo del fabricante de chips Broadcom con Blackstone y Apollo utiliza los semiconductores que desarrolla con Google como garantía para una capacidad de financiación que podría alcanzar cientos de miles de millones de dólares.
La promesa de pagos de alquiler a largo plazo y flujos de ingresos estables ha convencido a los prestamistas de ofrecer unos tipos de interés ultrabajos que sólo son accesibles para las empresas más solventes.
En muchos casos, estos proyectos de centros de datos tienen la misma calificación crediticia que las empresas tecnológicas que los alquilan, a pesar de que el instrumento de deuda a menudo no tiene un derecho directo sobre los activos físicos.
Sin embargo, a lo largo de este año el interés de los inversores por adquirir deuda relacionada con centros de datos ha comenzado a disminuir. Los libros de órdenes de las nuevas emisiones han reducido significativamente su tamaño.
Cuando QTS vendió bonos por valor de 4.600 millones de dólares para financiar su centro de datos en Fayetteville, Georgia, en abril, atrajo una cartera de órdenes casi tres veces superior al importe de la emisión, debido al gran interés de los inversores por su contrato a largo plazo con la empresa más solvente del mundo: Microsoft, con calificación AAA.
Muchos inversores pasaron por alto una advertencia en aquel momento: la deuda no se amortizará por completo antes de que finalice el contrato de arrendamiento inicial, lo que significa que el centro de datos tendrá que buscar nuevos inquilinos para mantenerse a flote, y los inversores se muestran escépticos sobre la demanda a largo plazo de computación de IA.
La nueva deuda emitida por QTS en agosto se vendió con una rentabilidad superior al 7,2%, similar a los costes de endeudamiento de las empresas con calificación de bono basura, frente al 5,7% de su última emisión de bonos en abril.
De manera similar, los préstamos para centros de datos respaldados por chips de IA se basan en la suposición de que esta tecnología en constante evolución no perderá valor rápidamente.
Pero Nvidia lanza cada año versiones nuevas, mejoradas y más caras de sus chips, lo que podría dejar obsoletos los chips antiguos en pocos años. Por esta razón, muchos prestamistas ahora exigen que dichos préstamos se liquiden por completo antes de que finalice el contrato de arrendamiento subyacente.
Oposición local
Los operadores de centros de datos se han instalado donde han podido identificar una fuente fiable de energía y agua para alimentar y refrigerar los chips semiconductores y otros equipos informáticos necesarios para entrenar e implementar modelos de IA.
Pero el auge de la IA se enfrenta a obstáculos muy humanos, ya que las comunidades protestan contra el desarrollo de centros de datos en sus entornos. Siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de centros de datos en su área, según una encuesta de Gallup de marzo.
Se han cancelado grandes proyectos, como una instalación respaldada por Blackstone en Virginia, tras encontrar oposición local y demandas judiciales, mientras que muchos gobiernos locales, incluido el del estado de Nueva York, están implementando moratorias sobre el desarrollo de nuevos centros de datos.
Los inversores están preocupados. Un campus de Oracle de 1,4 gigavatios en Saline Township, Michigan, sufrió problemas de financiación a finales del año pasado debido a retrasos en los permisos y la oposición local. El proyecto recibió el respaldo de Blackstone en abril, pero los inversores exigieron una prima de riesgo más alta y mayores garantías crediticias.
Las estrictas regulaciones locales están incrementando los costes. La Comisión de Servicios Públicos de Wisconsin, el organismo regulador de los servicios públicos del estado, impuso en junio a Oracle un nuevo requisito de garantía de 7.000 millones de dólares para asegurar el suministro eléctrico, citando la débil solvencia del gigante tecnológico. La calificación crediticia de Oracle fue rebajada por S&P ese mismo mes a triple B menos, apenas un escalón por encima de la categoría de bono basura.
En Nuevo México, Oracle reemplazó los planes sobre una potencial planta de gas con pilas de combustible de Bloom Energy para alimentar su centro de datos Project Jupiter de 567 hectáreas, después de que la población expresara su preocupación por la contaminación. Sin embargo, ahora el regulador ha tomado medidas enérgicas contra los planes para un gasoducto que alimente las pilas de combustible.
Los financiadores intentan mitigar el riesgo político exigiendo que los proyectos cuenten con los permisos, el equipo y la mano de obra necesarios antes de la firma de los acuerdos, e implementando cláusulas de rescisión en caso de que estos requisitos no se cumplen.
Mientras tanto, los promotores inmobiliarios afirman que la cautela de los inversores puede impedirles obtener los permisos necesarios.
Seguros
La construcción de centros de datos promete una recompensa colosal para el sector asegurador en lo que respecta a la suscripción de pólizas, especialmente en un momento en que su negocio se enfrenta a presiones en otros ámbitos.
Sin embargo, la magnitud de estos proyectos está poniendo a prueba los límites de las capacidades de las aseguradoras y sus balances.
Los costes de construcción de un solo centro de datos superan habitualmente los 10.000 millones de dólares, y los paquetes de financiación para los hiperescaladores ascienden a billones de dólares.
En comparación, la mayor exposición a catástrofes naturales de Munich Re, la mayor reaseguradora del mundo, el año pasado fue de 8.500 millones de euros para un hipotético huracán de enormes proporciones en el Atlántico, cifra que representa las pérdidas agregadas de miles de entidades aseguradas individualmente.
Incluso después de que decenas de aseguradoras acepten respaldar un centro de datos, los brókeres han tenido dificultades para conseguir la cobertura suficiente para los riesgos básicos de catástrofe, por no hablar de las coberturas más complejas, como los cortes de energía, que buscan los promotores.
Las aseguradoras también señalan que carecen de datos para modelar los riesgos que enfrentan los centros de datos, lo que las ha vuelto más cautelosas.
La cautela de las aseguradoras amenaza con frenar las ambiciones de los hiperescaladores. Grandes inversores como KKR y Blackstone figuran entre los prestamistas que han rechazado la deuda de los centros de datos debido a los seguros insuficientes, según fuentes cercanas al asunto.
A pesar de ello, los hiperescaladores han seguido adelante con los proyectos, exponiéndose a miles de millones de dólares en posibles daños en caso de catástrofe, apagón o demanda judicial.
Solo una fracción del nuevo centro de datos de 14.000 millones de dólares de Meta en Texas está cubierta por un seguro, lo que deja el proyecto expuesto a miles de millones de dólares en posibles pérdidas en caso de desastre.
Que las grandes empresas tecnológicas avancen con una inversión de capital prevista de 3 billones de dólares sin una cobertura de seguro completa conlleva sus propios riesgos, y los analistas de S&P advierten que esto podría, en última instancia, mermar la disposición de los inversores a financiar proyectos.
Además de las pólizas de seguro de construcción y de propiedad, los promotores han pagado decenas de millones de dólares en primas por seguros contra terrorismo que les brindarán cobertura contra ataques por valor de cientos de millones de dólares.
Riesgo económico
Finalmente, subyace el riesgo de que los centros de datos y las centrales eléctricas que se construyen para alimentarlos se conviertan algún día en activos improductivos.
La industria de la IA no ha sido inmune a las perturbaciones del mercado. El modelo R1 del laboratorio chino DeepSeek provocó ventas masivas a principios del año pasado, ya que estaba entrenado con muchos menos recursos que sus competidores occidentales. Este lanzamiento generó dudas sobre la cantidad de potencia de cómputo que los principales laboratorios de IA necesitarían para desarrollar modelos capaces.
En julio, los temores de los inversores sobre el plazo en el que podrían obtenerse rentabilidades gracias a la IA borraron más de un billón de dólares de capitalización de mercado de varias empresas líderes en semiconductores.
Las OPV previstas de Anthropic y OpenAI este año pondrán a prueba aún más el interés de los inversores por la tecnología y su disposición a impulsar un ciclo de capitales que depende de rentabilidades inciertas.
Advait Arun, socio sénior de mercados de capitales en el Center for Public Enterprise, advierte que, incluso con la posibilidad de una intervención gubernamental, no existe un plan preestablecido para desmantelar un centro de datos con problemas.
Si la burbuja de los centros de datos estalla, los lugares donde se han instalado podrían sufrir graves consecuencias económicas.
Las comunidades podrían encontrarse con enormes proyectos fallidos en sus alrededores, cuyos costes podrían repercutir en las facturas mensuales de servicios públicos de los consumidores. Las localidades que ofrecieron generosos incentivos fiscales a los centros de datos podrían encontrarse con un importante agujero en sus arcas.
Incluso si los proyectos de centros de datos no se cancelan en masa, los avances en la eficiencia de los chips y la disminución de la demanda podrían frenar el auge del gasto.
Según Andy DeVries, que cubre las empresas eléctricas en la firma de análisis crediticio CreditSights, la oferta de capacidad de cómputo para IA comenzará a superar la demanda después de 2029, lo que tendrá repercusiones significativas más allá de la burbuja actual.
"Eso se extenderá por todo el ecosistema de la IA", afirma. "Y luego a la economía real".
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