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Política

El desastre de los ganaderos bajo "piñas que saltaban como bombas"

El desastre de los ganaderos bajo "piñas que saltaban como bombas"
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Un total de 27.000 hectáreas están calcinadas mientras los dueños del vacuno denuncian la pesadilla que vivieron Leer

Alberto Fernández Magos conoce la ganadería desde la cuna. Por eso, con 17 años, cuando heredó unas vacas de su abuelo y su tío, dio el paso para inscribirse como ganadero. Era 2017 y se convirtió en uno de los profesionales del campo más joven de la Comunidad de Madrid. Ahora, camino de los 26, está más que atareado, pues a las labores propias de un profesión tan esclava como la de ganadero suma el ingenio y la astucia para sacar adelante todo después del incendio. En muchos casos, volver a empezar.

Es miércoles por la mañana en San Martín de Valdeiglesias y los ganaderos de la zona se cruzan mientras recorren los caminos en sus pick ups. Como uno, que apurado se dirige a su finca a medir bien lo comido por las llamas, pues asegura que le han llamado para empezar a contabilizar el desastre. Al lado de una rotonda, aún queda algún resto del coche que salió ardiendo y provocó uno de los focos más importantes del incendio.

José Herradón recoge a la periodista y al fotógrafo en Cenicientos. Dueño de 300 vacas, varios caballos y bueyes por la zona, tuvo que trabajar con muchos vecinos para ir moviendo animales y que el fuego no se cobrara, además de los terrenos, las cabezas de ganado. En el camino entre Cenicientos y San Martín de Valdeiglesias muestra las marcas de los cortafuegos hechos por los bulldozers de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Enseña también la finca de Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, totalmente calcinada. Y entra en el complejo histórico de los famosos Toros de Guisando, que se salvaron de la quema. Casi un centenar de buitres sobrevuelan el cerro de enfrente, por ese lado apenas quemado.

En la otra cara de ese monte está la finca de Luis Roca de Togores. El fuego quedó a pocos metros de su casa. «A las seis y veinte de la madrugada vi las primeras llamas por el cerro, arriba de la urbanización de la Atalaya», recuerda. «Las piñas saltaban, parecía un bombardeo», cuenta. Según su relato, hasta las 21.55 horas no apareció ningún medio para ayudarle: «Estuvo todo el día abandonado», denuncia en una descripción en la que no quiere señalar a ningún profesional, sino evidenciar «la falta de medios que tiene España». Cifra la totalidad de la finca como quemada: «460 hectáreas», aunque le resulta difícil cuantificar las pérdidas económicas. De momento, ayer le llegaba a casa 48 toneladas de forraje para dar de comer a las especies de caza mayor que pululan por el terreno, asumiendo que muchas estarán calcinadas. «Yo abrí todos los portones para que se buscaran la vida».

Alberto Fernández estaba con su padre y un vecino cuando empezaron a ver las llamas acercarse a su casa. Era sábado y este jovencísimo agricultor de pelo rubio y ojos claro veía las llamas acercarse sin más ayuda que las seis manos que sumaban entre los tres. Tiene 130 vacas y seis fincas arrendadas, se le han quemado 50 hectáreas de «la mejor de todas». Lo primero que hicieron al ver las llamas a las cuatro de la mañana fue ponerse a mover vacas, que hoy pacen tranquilas en la finca colindante, sin quemar. Fernández señala un montón de heno hecho cenizas. Eran 120 paquetes que tenía para «echar de comer a los animales». Cada uno vale 50 euros. Son 6.000 euros en comida que se le han quemado. Lamenta la falta de coordinación entre administraciones porque asegura que en su finca, al estar en el límite entre Madrid y Ávila, «hubo un punto en el que no podían entrar los bomberos de un lado».

Aun así, no es pesimista porque logró salvar una nave donde tenía 10 veces más cantidad de forraje para sus animales. El cercado en el que las ha metido ha tenido que ser vallado por él y por su ayudante, Víctor, en tiempo récord. Además, duda mucho de las ayudas que les van a dar. «Me gustaría pedir que hubiera más flexibilidad para el saneamiento de las fincas, y que haya menos burocracia», reflexiona. Por su parte, Herradón denuncia que con las leyes actuales «no te dejan ni quemar una zarza en invierno, un sin sentido».

Los testimonios de estos ganaderos reúnen el sentir de todos los que han visto sus campos afectados. En la Comunidad de Madrid se han quemado un total de 27.000 hectáreas y ha afectado a un centenar de casas. El valor económico de las fincas de casa y la biodiversidad no está cuantificado, tampoco se paran a pensarlo los que aún conservan el monte con sus vacas, que sólo quieren seguir cuidando el campo.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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