Análisis
El desastre sin fin de Aston Martin: ¿hasta cuándo aguantará Alonso?Con un lacónico «nada que no esperáramos», Fernando Alonso resumió el sentir del equipo tras acabar último y doblado tres veces en el Red Bull Ring
Regala esta noticia Añádenos en Google Fernando Alonso en el GP de Austria. (Afp)David Sánchez de Castro
29/06/2026 a las 15:14h.Hay un chiste recurrente entre los aficionados más ácidos a la Fórmula 1 que es ver en qué punto se encuentra Fernando Alonso. Hace años ... se soñaba con el tercer campeonato, se pasó a pensar en la '33', luego en los podios, de ahí se redujeron las expectativas a puntuar, posteriormente llegar a acabar la carrera por delante de su compañero Lance Stroll y, ahora mismo, ya estamos en el punto más bajo: acabar la carrera. En este sentido, Alonso cumplió en Austria: acabó la cita en el Red Bull Ring. Lo hizo último, doblado tres veces y penalizado por exceso de velocidad en el pitlane, pero acabó.
El piloto asturiano fue el único de los dos del equipo que acabaron la carrera de este domingo, ya que Lance Stroll abandonó para evitar una rotura de motor. Y por ello fue el encargado de hablar ante los medios. Entre otras cosas, al español le toca intentar poner paños fríos sobre una quemadura borboteante y que deja a las claras el fracaso que, carrera a carrera, se confirma en Aston Martin. «Otro fin de semana de carreras difícil para nosotros, pero nada que no esperáramos», resumía el asturiano en declaraciones recogidas —y filtradas— por su propio equipo. Para ellos, lo «valioso» fue acabar la carrera y «seguir recopilando datos» hasta que decidan introducir las novedades que, prácticamente, obligarán a convertir el AMR26 en un coche totalmente nuevo. Unas novedades que tampoco llegarán este fin de semana en Silverstone, donde Aston Martin tiene su sede.
«Lo esperado» es hacer el ridículo
Hace ya tiempo que Alonso procura calmar las aguas en sus declaraciones, consciente de que también ejerce una labor que va más allá de ser el piloto líder. Mientras Lance Stroll se comporta, para sorpresa de nadie, quejándose constantemente de un coche a todas vistas menor —de sus propias pifias, que son numerosas y notorias, jamás dice nada—, a Alonso le toca el ingrato papel de seguir creyendo de cara a la galería.
Terminar cada carrera es el mínimo exigible que se puede establecer a cualquier competidor. Ya no es siquiera estar en una posición de puntos, es cumplir con el trabajo: hacer las 71 vueltas que se deben dar. Si un accidente o una avería lo marra es algo que el piloto no puede evitar, pero no es el lugar donde quiere estar nadie. Alonso, literalmente, no podía caer más bajo salvo que abandonara este domingo. Y quizá incluso hubiera sido menos doloroso para él y su extensa y melancólica afición.
Terminar la carrera para recopilar datos que sabe Dios para qué se van a usar no es el destino que esperaba el español a un mes de cumplir 45 años. El trabajo mental que requiere tener una paciencia infinita con esta situación están haciendo de Alonso todo un ejemplo de la tan manida resiliencia que muchos otros deportistas con éxito en el pasado no hubieran soportado. Porque tampoco pone el foco en errores operativos, como el del exceso de velocidad en el pitlane o una estrategia mejorable, sino que simplemente pide agachar la cabeza y seguir trabajando. Aunque sea para acabar este viaje a ninguna parte hasta que lo que sea que vayan a sacar de la fábrica de Silverstone esté en la pista.