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Fede Ramiro avanza ante la defensa de un joven Nacho Rodríguez y de Enrique Fernández en aquel partido jugado en Ciudad Jardín. SUR El desquite del Mayoral MaristasTal día como hoy, el conjunto colegial ganaba su único derbi al Caja de Ronda en Ciudad Jardín
Málaga
Viernes, 3 de abril 2026, 00:30
Como en cada uno de los cuatro derbis entre el Caja Ronda y el Mayoral, aquel 3 de abril, Ciudad Jardín estaba hasta la bandera y los aficionados, mayoritariamente del equipo cajista, esperaban un triunfo de sus jugadores, que se codeaban con los mejores conjuntos de la Liga. Aquel equipo dirigido por Mario Pesquera era reconocible por un baloncesto control en el que el quinteto formado por Fede Ramiro, Palacios, Joe Arlauckas, Rafa Vecina y Ricky Brown disputaba los partidos al completo con la ayuda de Jordi Grau o Luis Blanco, de hecho varios de ellos acabaron la temporada con medias de juego que superaban los 40 minutos...
Caja Ronda
Fede Ramiro (6), Luis Blanco (10), Rafa Vecina (18), Ricky Brown (18) -quinteto inicial-, Jordi Grau (2), Pepe Palacios, y Carlos Sánchez.
78
-
83
Mayoral Maristas
Iñaki Rodríguez (3), Nacho Rodríguez, Enrique Fernández (19), Ray Smith (25), Ray Smith (25) -cinco inicial-, Alberto Frías (9), Paco Aurioles (4) y Miguel Luna (2).
Parciales 40-33, 30-37 y 8-13.
Árbitros Vicente Sanchís y José Antonio Martín Bertrán. Eliminaron por personales a Blanco y Arlauckas.
Cancha Pabellón de Ciudad Jardín, 4.500 espectadores.
La ACB usaba entonces un sistema de dos grupos y dos fases en función de la clasificación de la campaña anterior. El Mayoral acabó la primera como segundo del grupo 2, lo que le dio la opción de competir con los mejores. Ahí llegó ese derbi en el ahora rebautizado pabellón Alfonso Queipo de Llano. Los estudiantiles llegaban con un buen equipo formado por Mike y Ray Smith, Paco Aurioles, Enrique Fernández, Iñaki Rodríguez, Alberto Frías, Miguel Luna y un joven Nacho Rodríguez.
Como todos los derbis, la Málaga baloncestística lo había vivido con intensidad. Aunque la rivalidad era enorme, la realidad es que la relación entre los equipos era relativamente buena, pues compartían cancha y algunos jugadores eran hasta vecinos. La primera parte fue para el Caja Ronda, que dominó 40-33, pero en la segunda fue mejor el Mayoral con su habitual despliegue físico, hasta lograr forzar la prórroga con una canasta de Paco Aurioles, que ni él recordaba. «Años después un aficionado me lo recordó y entonces sí que caí. Fue un lanzamiento desde el tiro libre, la típica que tira ahora Kalinoski», cuenta el ahora asistente de Ibon Navarro en el Unicaja, que como canterano de Maristas recuerda aquellos partidos de forma especial. «Yo me había enfrentado al Caja Ronda en todas las categorías, así que verte allí jugando contra Fede Ramiro, Arlauckas o Vecina era la repera. Como es lógico, aquella victoria la celebramos en la casa de Mike y Ray, que era algo clásico y que nadie se perdía...», comenta Aurioles entre risas. El malagueño recuerda la anécdota protagonizada por Alberto Frías, entonces en edad júnior y que tuvo la difícil papeleta de tratar de parar a Arlauckas, que acabó eliminado. «Cuando estábamos en el vestuario le pregunté en medio de la celebración cómo había sido defender a Arlauckas y me respondió que no le había parecido tan duro. '¿Me lo estás diciendo en serio, tío?', le dije».
Mike Smith se pelea por un rebote con Fede Ramiro y Jordi Grau. SURComo Aurioles, un joven Nacho Rodríguez había vivido la rivalidad Caja Ronda-Maristas desde las categorías inferiores. El internacional malagueño llegó al equipo desde San Estanislao y esa temporada, la 89-90 tenía 20 años. «Jugar contra el Caja de Ronda en la ACB era lo máximo, pero había más ambiente que rivalidad. Creo que los derbis duraban tres semanas con la expectación que había. Aquel partido lo recuerdo vagamente, pero fueron años fantásticos. En general, los equipos que mejor han funcionado a lo largo de mi carrera eran los que tenían mejor ambiente en el vestuario, como luego me pasó en el Barcelona o en la propia selección, y por cierto, yo no iba a las fiestas de la casa de Mike y Ray, iba mi hermano Juanma...», cuenta entre risas.
Uno de los protagonistas del partido fue Enrique Fernández, al que Javier Imbroda había traído a Málaga un año antes. El cacereño firmó 19 puntos con un fantástico 5-8 en triples jugando los 45 minutos, los mismos que Mike Smith (21 puntos) y Fede Ramiro (seis puntos y ocho asistencias). Fernández jugó en el Mayoral cuatro campañas y luego se marchó al Cáceres, que había ascendido a la ACB y en el que jugó siete temporadas. En el tiempo que estuvo en Málaga conoció a la que hoy es su mujer y aquí nació su hijo mayor. Cuando se retiró se instaló en Manilva. «El ambiente de aquellos partidos era increíble porque las dos aficiones los vivían de forma intensa, pero curiosamente los equipos nos llevábamos bien. Yo era vecino de Jordi Grau y Rafa Vecina, teníamos una gran relación», cuenta Fernández, que en sus últimas campañas jugó en el Murcia y en el Baloncesto León en la LEB.
«Con el tiempo, uno entiende que aquella rivalidad fue mucho más que un enfrentamiento puntual. Fue uno de los motores que hizo crecer la afición al baloncesto en Málaga. Y eso, al final, es lo que permanece»
La Málaga baloncestística, la más veterana ya porque han pasado 36 años, recuerda aquella época de forma entrañable, aunque como se explicó antes, sólo hubo cuatro partidos entre el Caja de Ronda y el Mayoral en la élite, con sólo un triunfo para los colegiales aquel 3 de abril y que Pedro Ramírez, entonces asistente de Imbroda y ahora colaborador de SUR, compara con los derbis sevillanos del fútbol. «Era un partido de rivalidad máxima, algo parecido a un Betis-Sevilla en versión malagueña. Dos equipos de la misma ciudad, dos formas de entender el baloncesto frente a frente. Y eso se maceraba durante toda la semana en la ciudad, entre aficionados y curiosos, para explotar definitivamente el día del partido en el pabellón. Vivir todo aquello junto a Javier Imbroda fue inolvidable. La grada también jugaba su partido. Cada defensa se celebraba, cada canasta se empujaba desde fuera y todo tenía un eco impresionante. Para nosotros, ganar a aquel Caja de Ronda era casi una hazaña. Y precisamente por eso, aquel partido y aquella victoria tuvieron un valor enorme. Con el tiempo, uno entiende que aquella rivalidad fue mucho más que un enfrentamiento puntual. Fue uno de los motores que hizo crecer la afición al baloncesto en Málaga. Y eso, al final, es lo que permanece», rememora como asistente de Imbroda en aquella etapa en el Mayoral Maristas.
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