- J. DÍAZ
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Los índices PMI corroboran la entrada en retroceso de la actividad por primera vez en casi año y medio y apuntan a una caída del PIB del 0,1% en el segundo trimestre por la crisis en Oriente Próximo.
Entre mensajes confusos y trufados de amenazas cruzadas, EEUU e Irán vuelven a deshojar la margarita de un posible acuerdo de paz en Oriente Próximo que traiga consigo la reapertura del estrecho de Ormuz, cuyo bloqueo tanto daño está causando en el tránsito de materias primas esenciales, disparando sus precios y amenazando con estrangular la actividad económica mundial. Mientras se dilucida ese escenario, los estragos provocados por estos dos primeros meses de conflicto han sido ya devastadores para la economía de la eurozona, que en abril se contrajo por primera vez en casi año y medio (desde finales de 2024), con los precios tirando cada vez más al alza. Así lo corroboró ayer el índice PMI Compuesto de Actividad Total de la Zona Euro de S&P Global, que se desplomó hasta los 48,8 puntos en abril, 1,9 puntos menos que en marzo y su cota más baja en 17 meses. Era la crónica de una caída en gran medida anunciada que ahora conduce al PIB de la zona euro hacia un descenso del 0,1% en el segundo trimestre.
Es una caída todavía incipiente y "modesta", según el economista jefe de Negocios de S&P Global Market Intelligence, Chris Williamson, que, sin embargo, ayer advirtió de que "la desaceleración podría agravarse rápidamente" si la crisis no remite "pronto". De momento, la Administración Trump seguía lanzando ayer mensaje tan antagónicos como la posibilidad de un acuerdo y las amenazas de un renovado bombardeo a Irán que "será, tristemente, a un nivel y una intensidad mucho mayores que antes" si no se alcanza dicho pacto.
Enfriamiento
Mientras, el deterioro económico en la zona euro es cada vez más palpable. El PIB del conjunto de los países de la moneda única se frenó en seco en el primer trimestre del año, con un exiguo avance del 0,1% intertrimestral, el ritmo de crecimiento más pobre desde el segundo trimestre de 2025, con el preludio de un enfriamiento aún mayor entre abril y junio y las advertencias de los expertos y de las autoridades europeas de que, aun en el caso de que la guerra acabase ya, las secuelas de la crisis serán prolongadas. Así lo advirtió a finales de abril la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien afirmó que "las consecuencias de este conflicto pueden repercutir durante meses o incluso años", mientras que el BCE adelantó que en su reunión de junio volverá a subir los tipos de interés en la zona euro, escenario que, de materializarse finalmente, redundaría en un mayor deterioro de la confianza empresarial, de la inversión y, por ende, de la actividad económica en la región.
Precisamente, la otra gran derivada del bloqueo de Ormuz junto a la amenaza de carestía de suministros ha sido el encarecimiento de los precios, tanto de la energía como de otros insumos críticos, lo que a su vez ha reactivado la amenaza inflacionista y, por tanto, estanflacionaria (crecimiento económico escaso o nulo con altos niveles de precios). En abril, la inflación de la eurozona escaló hasta el 3% interanual, según el último dato de Eurostat, muy por encima del 1,9% de febrero, antes de que la ofensiva militar de EEUU en Irán convulsionara el tablero geoeconómico mundial. De hecho, en abril los precios de venta de las empresas subieron "al ritmo más rápido en tres años", señaló el informe de S&P Global, mientras que la confianza empresarial se desplomó a su nivel más bajo en 31 meses y las plantillas se redujeron, evidenciando que estos dos meses de guerra ya han empezado a golpear el empleo.
El impacto del conflicto está siendo, sin embargo, desigual. Mientras que la industria ha mostrado resiliencia ante las embestidas de la crisis, lo está haciendo únicamente por la acumulación de stocks ante el miedo de las empresas a nuevos incrementos de precios y a posibles restricciones de suministros.
En el sector servicios, por contra, se ha hundido en terreno de contracción (hasta los 47,6 puntos en abril frente a los 50,2 de marzo), ya que las compañías "orientadas al consumidor están sufriendo una presión particular, en medio de la doble crisis del aumento vertiginoso de los precios de la energía y las interrupciones de los viajes", señaló Williamson. A su vez, la aparente resistencia del sector manufacturero tiene una lectura claramente negativa de cara a futuro si se prolonga el conflicto, ya que la actual acumulación de stocks "no solo frenará el crecimiento de la economía manufacturera en los próximos meses a medida que disminuya el acopio de existencias, sino que también tendrá un efecto dominó en las empresas del sector servicios que dependen de insumos manufacturados, especialmente alimentos y, por supuesto, combustibles refinados", señaló el experto.
España no esquiva la crisis
Aunque las economías de Alemania y Francia, las dos mayores del euro, están particularmente afectadas, España no ha logrado esquivar la onda expansiva de la crisis y, al igual que las dos anteriores, su actividad total también ha entrado en contracción. Especialmente duro ha sido el varapalo sufrido por su sector servicios, que en abril retrocedió hasta los 47,9 puntos desde los 53,3 de marzo, nada menos que una caída de 5,4 puntos y la primera caída por debajo de los 50 puntos desde agosto de 2023. Este volantazo es fruto del impacto "que la incertidumbre ha tenido en la demanda", según S&P Global, que avisa de que se reducen tanto la actividad como los nuevos pedidos, al tiempo que crecen las presiones inflacionistas. Al menos, el crecimiento del empleo se mantiene, por ahora.
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