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Yousef Pezeshkian, junto a su padre en una manifestación en Teherán. Reuters El diario de guerra de un hijo del presidente iraníYousef Pezeshkian escribe sobre el «pánico» de los dirigentes del país a ser asesinados por Israel y dice que o se pone fin a esa sangría o perderán este conflicto bélico
Viernes, 20 de marzo 2026, 23:38
... un conflicto que ha desatado una crisis económica global. Los medios de comunicación internacionales tratan de informar y analizar desde fuera todo lo que sucede dentro, en Oriente Medio. Y allí, desde dentro, Yousef Pezeshkian escribe en un diario digital su versión de los hechos. Tiene 44 años, es físico y profesor universitario, y es hijo del actual presidente del país, Mazoud Pezeshkian. En sus notas, difundidas a través de Telegram, habla de la capacidad de resistencia del pueblo iraní y del «miedo» de los dirigentes del régimen a ser asesinados por Israel. El ejército hebreo mató en el descorche de las hostilidades al anterior Líder Supremo, Alí Jamenei, y casi a diario asesina a otros altos cargos. «Si no logramos acabar con eso, perderemos la guerra», augura Yousef.Los países del Golfo condenan los ataques sufridos pero rechazan entrar en la guerra
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«Creo que algunos políticos están entrando en pánico», escribió el 5 de marzo, según recoge 'The New York Times'. El servicio de Inteligencia israelí ha decapitado a buena parte de la cúpula de los ayatolás pese a las enormes medidas de protección que tenían. Más que en los dirigentes, Yousef Pezeshkian confía en los ciudadanos:«El pueblo es más fuerte y resistente que nuestros líderes. Debemos recordarnos constantemente que la derrota sólo llegará cuando nos sintamos derrotados». Confiesa que recibe mensajes contra el actual gobierno: «Nos instan a rendirnos y devolver el poder a la ciudadanía». Se opone a esa medida «ignorante y delirante».
Defiende siempre a su padre, que en un discurso retransmitido por la televisión estatal declaró:«Los enemigos se llevarán a la tumba su deseo de rendición incondicional de los iraníes». Le preocupa la seguridad del presidente. Mazoud Pezeshkian, de 70 años, dirige el país por carambolas del destino. Estudió medicina y aprendió el oficio curando heridos en la guerra Irán-Irak, en los años ochenta del pasado siglo. Fue profesor de fisiología y luego cirujano cardíaco hasta que le convencieron para entrar en el Ministerio de Salud. Llegó a dirigir la cartera y en julio de 2024, con un perfil moderado, ganó las elecciones presidenciales. Viudo –su esposa, que era ginecóloga, y un hijo fallecieron en 1993 en un accidente de tráfico–, educó al resto de la familia. Yousef teme ahora por él. Dice estar deseando que terminen los dos años que le quedan de mandato a su padre para volver a tener «una vida normal». Las bombas no lo permiten.
En su diario de guerra, el hijo del jefe del Gobierno insiste en el efecto que tienen las muertes de altos dirigentes como Alí Larijani, jefe del Consejo de Seguridad, y Esmail Khatib, responsable del servicio de Inteligencia. Detener esa sangría es «ahora una cuestión de honor» y la «prioridad» del país. También habla de una reunión en la que estuvo presente junto a funcionarios relevantes del gobierno. Durante ese encuentro hubo discrepancias sobre la táctica a seguir frente a los ataques de EEUUe Israel: «¿Cuánto tiempo se supone que debemos luchar? ¿Para siempre? ¿Hasta que Israel sea destruido y se retire Estados Unidos? ¿Hasta que Irán quede en ruinas y nos rindamos?». El debate entre resistir, claudicar, sobrevivir o el martirio.
Las disculpas de su padre
Defiende a su padre por disculparse ante los países árabes tras el lanzamiento de misiles por parte de Irán contra instalaciones energéticas, bases militares, aeropuertos y delegaciones diplomáticas de otras naciones del Golfo Pérsico. Mazoud Pezeshkian tuvo de retractarse de inmediato ante la reacción airada de los responsables del ejército persa y de dirigentes muy conservadores. «Pedir disculpas a nuestros vecinos es un deber ético, no legal», argumenta el hijo del presidente, para quien los habitantes de esos países no tienen ninguna culpa.
En su diario introduce también escenas personales en las que también se perciben el miedo a morir y la sombra de la guerra. Cuenta que recibió un mensaje para presentarse en una dirección. Pensó que era una trampa israelí. Y no. Eran amigos que montaban una cita para saltarse el ayuno del Ramadán. Recoge también la última visita a su abuela. «Desconocía por completo lo que estaba pasando en el país», señaló. La anciana vivía como si no se hubiera desatado este conflicto. «Tras casi tres semanas de guerra, finalmente me derrumbé y comencé a llorar», confiesa.
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