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A Alexei Navalni trataron de matarlo con Novichok y finalmente lo lograron con un veneno procedente de ranas de Latinoamérica. Reuters El diplomático austriaco que entregó el agente mortal Novichok a los rusos se declara «no culpable»La Fiscalía sostiene que fue clave para que un agente de inteligencia corrupto fotografiase documentos sobre la sustancia tóxica que se usó para matar a varias personas
Berlín
Martes, 17 de marzo 2026, 21:05
... Ott, un agente de inteligencia austriaco que se había vendido por dinero a la agencia rusa FSV. Ott fotografió los papeles que había llevado Peterlik en una carpeta y que horas antes había ordenado a su secretaria solicitar en su nombre a l la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). Contenían información técnica muy precisa sobre un peligroso agente químico denominado Novichok.En el edificio del Straflandesgericht, un bloque de hormigón que parece diseñado para guardar secretos, Johannes Peterlik ha tomado asiento en el centro de la sala. Impecable en sus maneras, como siempre, se ha declarado «no culpable». Su abogado, Michael Mössler, ha criticado lo que considera una «acusación extremadamente incompleta» y «errores de investigación». Estrictamente hablando, ha subrayado, «no existe un documento clasificado por el Estado de Austria, por lo que no procede la acusación de violación de confidencialidad o secretos». «Mi cliente nunca ha visto el documento del móvil de Ott», ha añadido.
El segundo abogado defensor, Volkert Sackmann, ha prometido demostrar a lo largo del juicio que los documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores estaban perforados para su archivo de forma diferente a los de las fotos de Ott, por lo que no son los mismos, y ha reprochado al equipo fiscal basarse esencialmente en las declaraciones de un testigo que ya había dado falso testimonio varias veces y que, por tanto, también ha sido condenado por pruebas falsas.
Relato de la Fiscalía
La fiscalía sostiene, sin embargo, que Peterlik actuó movido por un «interés privado», que no dejó rastro administrativo de su solicitud y que su relación con Ott iba más allá de lo profesional. Chats recuperados del teléfono del exagente muestran consultas, favores y un flujo de comunicación que, para los investigadores, sugiere una cercanía impropia entre un alto diplomático y un funcionario de inteligencia ya entonces bajo sospecha. Hay gran expectación por la comparecencia como testigo de Ott, acusado en un proceso paralelo de espionaje de dimensiones inéditas en el país.
Aquel otoño de 2018 fue un periodo turbulento para la seguridad austríaca. Tras la polémica redada en el servicio de inteligencia (BVT), su estructura estaba debilitada. Según documentos del caso Ott, circulaban planes para crear un «mini-servicio secreto» dentro del Ministerio de Exteriores, bajo la órbita de la entonces ministra Karin Kneissl, famosa por haber invitado a Vladimir Putin a su boda.
En ese clima, la llegada de un informe sobre Novichok a manos equivocadas no parece solamente un error administrativo, sino el fruto de una gran grieta en la arquitectura de seguridad del país que convirtió un documento técnico en un arma política, diplomática y estratégica. Todo apunta a que Austria estaba siendo utilizada como plataforma para operaciones de influencia rusas en Europa. En la sala, la fiscalía habla de «daño a las relaciones internacionales» y de una violación grave de la obligación de proteger información sensible.
Este juicio es una ramificación del mayor escándalo de espionaje de varias décadas en Austria ha enfrentado en décadas, el caso Ott, acusado de haber traicionado al Estado al proporcionar información sensible a Rusia. Según la fiscalía, entre 2015 y 2020, Ott utilizó su acceso privilegiado a bases de datos policiales nacionales e internacionales para recopilar grandes cantidades de datos personales: ubicaciones, matrículas, movimientos de viaje y otra información sensible. Todo ello sin autorización y con un objetivo claro: entregar esos datos a agentes de inteligencia rusos con Marsalek como intermediario.
Ott no actuaba por afinidad ideológica, sino por dinero y por una profunda frustración profesional. En palabras de la acusación, realizó un «trabajo excelente» para el servicio secreto ruso, motivado por dificultades económicas que soportaba desde al menos 2013. Uno de los principales episodios del caso tuvo lugar en 2022, cuando Marsalek le encargó obtener un portátil con hardware de seguridad utilizado por la UE para comunicaciones cifradas. Según la fiscalía, ese dispositivo terminó en manos del servicio secreto ruso. Ott también está acusado de entregar tres teléfonos gubernamentales pertenecientes a altos cargos del Ministerio del Interior de Austria.
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