España es el primer productor mundial de algarrobas, un fruto leguminoso cada vez más versátil.
La algarroba ha tenido una curiosa evolución. En la antigüedad, sus semillas se utilizaban como instrumento de medida de peso, porque son muy iguales entre ellas, muy pequeñas y no se deterioran con el tiempo. Por su precisión, dieron lugar a lo que hoy conocemos como quilates en joyería y que los griegos estandarizaron, el qeuivalente a 0,189 gramos. De la palabra griega keration evolucionó a qirat en árabe y a quilate en castellano.
Con el tiempo perdió este uso y la algarroba se convirtió en un alimento para animales y para humanos en épocas de extrema escasez. Hoy en día es un ingrediente espesante en la industria alimentaria y, más recientemente, un superalimento. Su uso como sustituto del chocolate o como suplemento alimentario está generando investigaciones, mientras su cotización ha experimentado fuertes vaivenes en los últimos años.
Volumen de producción en España
España es hoy el primer productor mundial de algarroba, con entre 60.000 y 80.000 toneladas anuales, lo que supone alrededor del 30% de la producción global, según un informe elaborado por el Ifapa, organismo de la Junta de Andalucía.
En España la superficie máxima de algarrobo se alcanzó a principios de los años 30 con una superficie total de unas 190.000 hectáreas, pero actualmente ronda las 39.600 hectáreas. Si bien España aporta el 50 % de la superficie mundial, ésta ha ido disminuyendo desde los años 60 del siglo pasado, añade ese mismo informe.
Para qué se usa
La algarroba tiene dos partes. La pulpa representa el 90% del peso, pero es lade menor valor. La semilla, el garrofín, es ese diez por ciento que da rentabilidad al cultivo.
La pulpa se emplea en alimentación animal y también para elaborar harinas que cada vez más se emplean en repostería saludable y como sustituto del cacao. Ahí tiene un importante reto de futuro ya que se considera un superalimento por sus propiedades antioxidantes. Se está desarrollando innovación para mejorar la textura y lograr darle más usos.
El garrofín, aunque es solo el 10% del peso, representa hasta el 80% del valor económico debido a su alta demanda como espesante natural en helados y salsas, el E-410.
La burbuja de precios por el cacao
Durante décadas, la algarroba fue un cultivo menor. De ser "el chocolate de los pobres" en la posguerra, quedó relegado a la alimentación animal hasta que aproximadamente en 2019 aumentó la necesidad de garrofín para producir el espesante E-410. Si antes oscilaba entre 0,15 y 0,30 euros el kilo -que no cubría prácticamente los costes de la recogida-, empezó a rondar el euro por kilo.
Desde 2020 a 2022 se disparó y se llegarón a superar los dos euros por kilo de fruto entero. La razón fue la fuerte subida de la cotización mundial del cacao, que llevó a muchos fabricantes de confitería a buscar productos sustitutivos como la algarroba que mitigaran el impacto en los precios finales.
Pero el cacao volvió a bajar y, con él la algarroba, que desde 2024 volvió a caer hasta encontrarse de nuevo por debajo de 0,40 euros el kilo. El reto que tiene ahora el sector es volver a hacer de la algarroba un producto rentable que amerite una serie de inversiones para ganar tamaño en la agricultura.
Recientemente se presentó el Valencia el proyecto Ceratopia, que aglutina a los agricultores y a los investigadores para encontrar innovaciones, tanto en el propio campo, que faciliten la recuperación de hectáreas y de algarrobos en desuso, como en laboratorios para mejorar los usos industriales.
Empresas españolas que trabajan con algarroba
Este proyecto está apoyado por industrias que emplean la algarroba como ingreiente. Entre ellas, participa Indespan, una empresa que lleva varias décadas empleando la harina de algarroba como ingrediente para la panadería y pastelería, y que está diversificando en productos como el llamado Chocobag, un batido a base de bagazo de cerveza deshidratado y harina de algarroba.
Otro ejemplo es Bodega Eras, una pyme de Chella (Valencia) que produce licor de algarroba -de la variedad melero, que es especialmente dulce- a partir de cultivo ecológico macerado y sin aditivos artificiales.
Entre las industrias de mayor envergadura destaca la valenciana G.A. Torres, que produce tanto harina como garrofín, y cuenta además con cultivos propios. Su cifra de negocio ronda lso 25 millones de euros anuales.
La mallorquina Carob está especiailzada en la producción de garrofín y muy enfocada a la exportacón. La burbuja de las cotizaciones y la posterior caída llevaron a la empresa a pérdidas y a concurso de acreedores, que se resolvió el pasado agosto mediante la adjudicaciónd e la undidad productiva, que mantendrá la actividad.
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