Juan Tamariz, con su hija Ana y su yerno, Manuel Vera. @anatamariz
Famosos LEGADO E ILUSIONISMO El discreto patrimonio de Juan Tamariz: escuela de magia en el barrio de Argüelles, una futura fundación y su yerno al frenteEl legado del mago trasciende los escenarios a través de su icónico centro de Madrid, el relevo de Manu Vera y una ONG que perpetuará su figura.
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Alina Varela Publicada 20 agosto 2026 01:45h Actualizada 20 agosto 2026 08:52hLa muerte de Juan Tamariz deja un vacío difícil de llenar en el ilusionismo español, pero también el legado imperecedero de más de seis décadas de trabajo incansable.
Un talento desbordante que traspasó fronteras: más allá de convertirse en el mago de cabecera de la pequeña pantalla para varias generaciones, recorrió el mundo entero deslumbrando al público de países iberoamericanos como México, Argentina, Puerto Rico o Venezuela con su innegable maestría en el arte de la cartomagia, su verdadera especialidad.
Con su marcha, la rama en la que fue un prodigio, esa que consiste en la realización de trucos y juegos utilizando naipes o barajas de cartas y es considerada una de las disciplinas más complejas y refinadas de la magia, sigue más viva que nunca a través de su propia escuela de magia.
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Una "empresa familiar" de magia
Situada en el número 25 de la calle Tutor, en pleno corazón del barrio madrileño de Argüelles, Juan Tamariz fundó este centro de enseñanza en 1988. El espacio nació con la humilde vocación de transmitir a las nuevas generaciones su buen hacer con la baraja.
Con el paso del tiempo, su hija Ana Tamariz pasó a dirigir la escuela y a hacerse cargo de la formación de aficionados y amantes de la prestidigitación.
A día de hoy, 38 años después de su apertura, la "empresa familiar", como la definen en su propia web, permanece operativa y cargada de nuevos proyectos.
El negocio está capitaneado por la propia Ana y por su marido, Manuel Vera, yerno del ilusionista y aventajado pupilo que ha tomado el testigo del que fuera su gran maestro.
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El yerno de Tamariz, mago y profesor
Vera, que durante años actuó junto a Tamariz en los principales teatros de España y que actualmente triunfa con su propio espectáculo en la capital, compagina los escenarios con su labor como editor de libros de ilusionismo y profesor del centro.
En calidad de tutor y coordinador de los cursos profesionales (como el Máster de Magia y Profundización), Vera se ha encargado tradicionalmente de revisar de forma periódica junto al propio Tamariz el temario de los cinco niveles anuales que imparte el centro: Iniciación, Medio, Avanzado, Superior y Nivel Cinco.
Juan Tamariz, en una imagen de las redes sociales, con su hija Ana y su yerno, Manuel Vera. @anatamariz
Sin lujos y enfocado en su pasión
Sobre el patrimonio acumulado por Tamariz a lo largo de su dilatada carrera se ha especulado mucho tras su pérdida.
No existen datos públicos que desvelen las cifras exactas de sus cuentas, pero resulta innegable que los éxitos acompañaron al mago durante toda su vida.
Sus apariciones televisivas en formatos míticos como Magia potagia,Por arte de magia o Chantatachan, unidas a sus giras internacionales, conferencias y su prolífica obra como autor de libros de divulgación, le reportaron durante años un holgado colchón económico.
Según ha podido conocer EL ESPAÑOL a través de personas de su entorno, lo recaudado fue a parar directamente a su familia, formada por su última esposa, la ilusionista colombiana Consuelo Lorgia (con la que contrajo matrimonio en 2008) y sus cuatro hijos:Ana, Mónica, Alicia y Juan Diego.
A todos sus vástagos, fruto de sus matrimonios anteriores (las dos mayores los tuvo con su primera esposa, María Isabel; y los menores con su segunda esposa, Nirêlis),logró mantenerlos en un discreto segundo plano, a pesar de su notoria carrera en la pequeña pantalla.
A medida que iba cosechando el aplauso del público dentro y fuera de nuestras fronteras, procuraba invertir nuevos recursos en la propia escuela de Argüelles, contratando más profesorado, ampliando proyectos y abriendo nuevas vías de colaboración.
Juan Tamariz, con su hija Ana. @anatamariz
El reconocimiento internacional que obtuvo tras ganar en 1973 el Premio Mundial de Cartomagia consolidó un prestigio que le garantizó trabajo continuo durante el resto de su vida.
Esa fue siempre su única prioridad: lejos de buscar lujos u ostentaciones, a Tamariz le bastaba con poder disfrutar, año tras año, del oficio que amaba.
Juan Tamariz. Europa Press.
Preservó su imagen del Parkinson
Los últimos años del ilusionista no fueron del todo fáciles. El portavoz familiar y amigo personal, Moisés Rodríguez, ha revelado las dificultades que atravesó el maestro debido a una dolencia que afectó directamente a su herramienta fundamental de trabajo: las manos.
"En Navidad ya estaba enfermo, tenía muchos problemas de movilidad. El Parkinson hizo que ya no tuviera actuaciones, pero él seguía haciendo cositas muy puntualmente con la Asociación de Magos de España", explicó.
Aunque jamás ocultó que le había ido bien en la vida ni presumió de sus propiedades en Madrid o en su querido San Fernando, en Cádiz, Tamariz prefirió llevar con absoluta discreción su enfermedad.
Bien por cierta 'coquetería', o bien por cierto orgullo profesional, lo cierto es que procuró evitar que el público percibiera su deterioro físico.
"Él iba en silla de ruedas, por eso quería preservar su imagen. Recuerdo que hace año y medio fue a un programa de cine y escondía la mano. A mí me dijo: 'Es que tengo Parkinson y hay momentos en que no puedo controlarlo'", ha relatado Rodríguez.
Juan y Ana Tamariz, en una imagen de las redes sociales. @anatamariz
Homenaje y fundación
"Mi éxito es vivir esta vida haciendo algo que me apasiona y tratar de compartirlo", declaró el propio Tamariz en una entrevista a El Norte de Castilla en 2018.
Su deseo se mantendrá intacto. Tras su partida, la escuela de la calle Tutor seguirá formando a futuros magos y, muy pronto, el proyecto se coronará con la creación de una entidad que llevará su nombre.
Así lo confirmaba su hija Ana a las puertas del tanatorio madrileño: "Estamos creando la Fundación Juan Tamariz, que va a pertenecer a Jorge Blass, Moisés, Aranzazu... Para que todo su legado siga vivo".
La iniciativa, que aún se encuentra en fases primigenias, busca mostrar la obra del maestro "de la manera más bonita posible, con alegría, pasión y mucha magia".
Como antesala a este hito, Madrid acogerá el próximo mes de octubre un gran homenaje que reunirá a compañeros y amigos que no pudieron despedirle en el tanatorio.
Una auténtica "fiesta mágica" que servirá de impulso definitivo para la fundación sin ánimo de lucro con la que Juan Tamariz seguirá haciendo posible lo imposible.