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El drama de la obesidad: «Pasé dos años encerrada en casa, fumando, comiendo... esperando a morirme»

El drama de la obesidad: «Pasé dos años encerrada en casa, fumando, comiendo... esperando a morirme»
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Un 17% de la población sufre esta enfermedad crónica, a la que se asocian 200 patologías. Rosa llegó a pesar 140 kilos y desarrolló varias de estas dolencias
El drama de la obesidad: «Pasé dos años encerrada en casa, fumando, comiendo... esperando a morirme»

Un 17% de la población sufre esta enfermedad crónica, a la que se asocian 200 patologías. Rosa llegó a pesar 140 kilos y desarrolló varias de estas dolencias

Regala esta noticia Añádenos en Google Rosa, que hoy pesa 98 kilos, a las puertas de su casa en Guadalajara.

Yolanda Veiga

30/09/2026 Actualizado a las 12:27h.

«Pasé dos años encerrada en mi casa. Solo fumaba, comía, engordaba y esperaba a morirme. En la cama no podía respirar, me ahogaba, así ... que dormía en un sillón. El resto de las horas las pasaba sentada en la cocina, los brazos apoyados sobre la mesa, sujetándome la cabeza... Me salieron hasta callos en los codos». Era 2017 y Rosa Gómez Osorio (Madrid, 62 años) ya había «tirado la toalla». Encerrada como estaba en una jaula, su cuerpo de 140 kilos, que la hizo enfermar hasta solo desear morirse.

Rosa estaba ya en plena escalada de kilos, que elevaban semana a semana los dígitos de la báscula. «Tuve que dejar de conducir porque la barriga me pegaba contra el volante y me salieron cataratas que me dejaron ciega de un ojo y con un 30% de visión en el otro. Sufría asma, bronquitis crónica, la tensión la tenía por las nubes y el médico me tenía que poner una pastilla debajo de la lengua para controlarla. En el hospital me decían que todas esas patologías que yo nunca había tenido eran consecuencia de la obesidad, incluso el quiste en los ovarios del que me operaron. Entonces, me daban una hojita con una dieta de 1.200 kilocalorías diarias. La cumplía el primer día; al siguiente la rompía».

No podía seguir un régimen porque su hambre era emocional. «Compraba dos barras de pan y me las comía enteras, no me molestaba ni en meter algo dentro. Y, si cocinaba lentejas, añadía un montón de grasa. Cuanto más comía, más hambre tenía». Y más engordaba.

«Mañana voy a por ti»

Cuenta Rosa que llegó un momento en que dejó de salir de casa. «No podía ni ir a tirar la basura porque al intentar ponerme el abrigo me ahogaba del esfuerzo». Ni sabe las veces que su marido le instó a ir a Urgencias: «Yo siempre le mandaba a la porra». Era tal la depresión que sufría que no tenía esperanzas de curarse. «Quité todos los espejos de la casa, dejé de ver a la gente...». En las navidades de 2017 volvió a zafarse de las celebraciones familiares, a las que ya hacía tiempo que no acudía. «Escribí un mensaje a los míos y dicen que les sonó a despedida. Igual sí, igual me estaba despidiendo porque creía que me iba a morir».

Asustada por el mensaje, una de sus hermanas le hizo una videollamada. «Cuando vio mi aspecto se alarmó. Me dijo: 'Mañana voy a por ti'». A regañadientes, Rosa fue al hospital con ella. «Fui desfilando, uno por uno, por la consulta de todos los especialistas: neumólogo, nefrólogo, ginecólogo...». El cuerpo de Rosa estaba lanzando SOS por todas partes. Entonces, le incluyeron en la lista de espera para cirugía bariátrica. «Me operaron en 2019 y tuve que bajar hasta los 120 para la operación». Con la intervención perdió otros veinte. Por fin estaba en la barrera que tanto le obsesionaba: la de los 100. «Yo soñaba con pesar 99».

Pero sucedió justo al revés. «Llegó la pandemia y se anularon las revisiones. En poco tiempo cogí diez kilos». Los bajó cuando le recetaron

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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