El fenómeno 'Incontrolable' eleva a la categoría de estrella al actor británico, que brilla por su técnica y la empatía con la que retrata la lucha de John Davidson contra el síndrome de Tourette
Regala esta noticia Aramayo arrebató el Bafta a actores de la talla de Di Caprio y Ethan Hawke. (R. C.) 02/05/2026 a las 18:40h.Lo dio todo para ser 'Incontrolable' y ahora también son incontrolables las críticas que alaban su papel en la película dirigida por Kirk Jones, que ... le han elevado a la categoría de estrella. Robert Aramayo, que se convirtió en el atormentado Elrond, el elfo más popular del momento gracias a la exitosa serie 'El señor de los anillos: los anillos de poder', es ahora la reencarnación de John Davidson, el activista escocés al que diagnosticaron síndrome de Tourett a los 15 años. Dos premios Bafta han reconocido el trabajo del actor de moda, que comparte con Jacob Elordi sus orígenes vascos.
Cuenta el actor de rostro anguloso y complicado que su padre «habla español» y que a él le da «un poco vergüenza no haberlo aprendido». Seguro que, si se lo propone, no tardará en dominarlo porque Robert se ha revelado como un gran estudioso, concienzudo hasta el extremo. Dicen que su interpretación en 'Incontrolable (I Swear)' es de las que hacen carrera, de esas que «enamoran», como afirmó Carlos Boyero, que pasa por ser uno de los críticos de cine menos complacientes del país. Para lograrlo no escatimó esfuerzos.
Antes de meterse en la piel de Davidson, Aramayo se empapó sobre el síndrome de Tourette, que para él, como para casi todo el mundo, no era más que una suerte de tic que te hace soltar palabrotas de manera involuntaria. El documental de la BBC 'John's Not Mad', rodado en 1989, fue una de las fuentes que le permitió descubrir que la enfermedad era algo «mucho más complejo». «Me impresionó. Él tenía entonces 14 años y su padecimiento acababa de empezar», explica el actor. Diez años después el propio afectado hacía balance de su complicada existencia en otro especial. «¿Cómo voy a salir con una chica si en cualquier momento le puedo escupir en la cara?, se preguntaba. Era conmovedor», recuerda el protagonista de 'Incontrolable', que tampoco se perdió la última entrega rodada por el activista cuando ya tenía 30 años.
Los Aramayo hunden sus raíces en Gipuzkoa. «Mi abuelo era de San Sebastián», presume el actor
Robert no quería convertirse en un mero imitador de John Davidson. Quería acercarse a su sufrimiento, «captar su esencia». «Tenía que comprender una enfermedad del todo incomprensible», explica el intérprete británico, que alquiló durante un mes una casa junto a la del escocés para convivir con él. Valgan dos premios Bafta para certificar que lo consiguió.
Un imitador nato
El éxito de Aramayo, que ya suma una veintena de títulos, es de sobra conocido. Menos se sabe de su infancia en Hull en la década de los noventa, donde su madre trabajaba en hogares de acogida y tenía su propio negocio de venta de ropa de seguridad. Mike, su padre, fabricaba sofás. Su vena interpretativa ya asomó en el colegio, donde imitar a sus profesores le costó más de una reprimenda. Pero no fue consciente de lo que quería ser en la vida hasta que con nueve años descubrió a su hermana, dos años mayor, sobre un escenario. «Pensé: '¡Guau, es genial!' Y supe que quería hacer eso», recuerda.
Empezó entonces un periplo, de audición en audición, por las escuelas de teatro de Londres. Pero Reino Unido pronto se le quedó pequeño. «Buscaba algo diferente», dice. Y buscando encontró Juilliard School, el prestigioso conservatorio de artes escénicas del Upper Manhattan, en Nueva York. Un centro caro, al alcance sólo de unos pocos, que le obligó a sobrevivir con un presupuesto escaso y a trabajar para la universidad pintando o archivando para intentar ganar un dinerillo extra.
Fue graduarse y un año después llegaron los proyectos: 'Animales nocturnos', de Tom Ford; 'Juego de tronos'; 'Los anillos de poder'; 'Kingsman: El origen'... Hasta 'Incontrolable', el pelotazo final, que le permitió dejar con un palmo de narices al mismísimo DiCaprio, a Timothée Chamalet y a Ethan Hawke, su inspiración, arrebatándoles el Bafta. El elfo fue solo la presentación. Ahora ha nacido la estrella.
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