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El emperador del mal (III)

El emperador del mal (III)
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La clave es la gran brecha que hay entre la atención primaria y la atención especializada, puesta de manifiesto por ejemplo en nuestra comunidad autónoma donde un usuario tiene para una consulta de un especialista un tiempo medio de espera de 100 a 135 días, y ello dificulta los accesos precoces a urólogos, ginecólogos o especialistas de digestivo
LA TRIBUNA El emperador del mal (III)

La clave es la gran brecha que hay entre la atención primaria y la atención especializada, puesta de manifiesto por ejemplo en nuestra comunidad autónoma donde un usuario tiene para una consulta de un especialista un tiempo medio de espera de 100 a 135 días, y ello dificulta los accesos precoces a urólogos, ginecólogos o especialistas de digestivo

CÉSAR RAMÍREZ

MÉDICO - ESBQ EN CIRUGÍA ONCOLÓGICA

Sábado, 21 de febrero 2026, 01:00

... en el diagnóstico y tratamiento del mismo. Una vez que el cáncer se ha instaurado, ya la prevención no sirve y lo realmente determinante para la persona que lo padece es realizar un diagnóstico lo antes posible en la etapa más temprana con objeto de poder ofrecer un tratamiento con intención curativa. Y aquí cabe hablar de dos conceptos que son diferentes y que se están abordando de forma desigual por las autoridades sanitarias: prevención secundaria (diagnóstico sin síntomas establecidos) y diagnóstico precoz propiamente dicho a raíz del estudio de síntomas concretos asociados.

Los tumores malignos en los que se han desarrollado los programas de cribado deben cumplir dos criterios muy claros: ser muy prevalentes (es decir, frecuentes) y existir una prueba diagnóstica que desde el punto de vista del coste sea efectiva en dicho diagnóstico precoz para los sistemas de salud pública, que como todos sabemos, tienen unos recursos que son finitos y para nada ilimitados, aunque la sanidad es siempre un pozo sin fondo que es capaz de asumir todo el dinero que a ella se dedique. Así, el cáncer de mama (el más frecuente en las mujeres) tiene en nuestro país un programa de cribado de realización de mamografía bienal en mujeres de entre 50 y 69 años que, aunque debería ser ampliable a edades más tempranas y avanzadas, ha sido el responsable de un descenso de la mortalidad por cáncer de mama de más de un 30% en las últimas décadas y de que se hayan logrado unas tasas de supervivencia global de casi el 90% a 5 años. Sin embargo, en el cáncer del varón, el cáncer de próstata, el impacto del estudio anual del PSA en sangre a partir de cierta edad no ha sido tan grande porque biológicamente muchos tumores de próstata no precisan de tratamientos agresivos (por 'inofensivos') y el impacto establecido por las sociedades científicas es el de haber salvado una vida de cada 400 hombres invitados a cribado.

Mención especial merece el cáncer colorrectal, el más frecuente si obviamos la separación por sexos, en el que la aplicación del cribado mediante el test de sangre en heces ha permitido un descenso de un 40% de la mortalidad y aumento global del número de tumores diagnosticados en etapas precoces con el consiguiente aumento de la supervivencia global, que ha pasado del 45% al 65% a 5 años en las últimas décadas. Es por ello que, cuando recibimos la carta de la Consejería de Salud para acudir al programa de cribado, no podemos mirar a otro lado y debemos ser conscientes de lo que esté en juego.

Otra cosa bien distinta al fenomenal funcionamiento de los programas de cribado en nuestro país es el problema que supone el diagnóstico precoz del paciente con síntomas sospechosos. La clave es la gran brecha que hay entre la atención primaria y la atención especializada, puesta de manifiesto por ejemplo en nuestra comunidad autónoma donde un usuario tiene para una consulta de un especialista un tiempo medio de espera de 100 a 135 días, y ello dificulta los accesos precoces a urólogos, ginecólogos o especialistas de digestivo.

Espero que algún día algún gobierno decida desde el Ministerio de Sanidad afrontar la gran reforma que necesita nuestro país en salud, la de la Atención Primaria, que permita prestigiar, reforzar y dotar de recursos a los médicos de familia en busca de una transversalización de la asistencia sanitaria. Este asunto ahora mismo es imposible mientras estemos en manos de una ministra inepta e impresentable, que no sólo no sabe lo que es una bata sino que anda enzarzada en meter el dedo en el ojo a los sufridos médicos de nuestro país. No hay más que verla... (continuará)

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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