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El error de Barbra Streisand que todos cometemos: por qué intentar ocultar un secreto lo hace viral

El error de Barbra Streisand que todos cometemos: por qué intentar ocultar un secreto lo hace viral
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Beyoncé, Hillary Clinton... hasta el propio rey emérito han tenido problemas por lo mismo

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Vivir | Ocio El error de Barbra Streisand que todos cometemos: por qué intentar ocultar un secreto lo hace viral

Beyoncé, Hillary Clinton... hasta el propio rey emérito han tenido problemas por lo mismo

José Carlos Castillo

Viernes, 3 de abril 2026, 18:36

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5 min.

Te ha pasado seguro. Y más de una vez. Has contado o te han contado algo que es supersecreto. Y tú intentas por todos los ... medios que no salga a la luz. Pero sin saber muy bien por qué, de repente, todo el mundo se confabula para que salga a la luz. No es casualidad, es un fenómeno que tiene nombre de cantante, el 'efecto Streisand'. Y que con la popularización de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea ha ganado impulso.

No fue la única consecuencia negativa de la situación. La foto de Adelman formaba parte de una colección de 12.000 imágenes en las que este aficionado documentaba cómo el desarrollo urbanístico exacerbado estaba erosionando el litoral de California. Nadie habría reparado en la foto del domicilio de Streisand si esta no hubiese puesto a trabajar a sus abogados. El objetivo último de la demanda era que nadie supiese dónde residía la celebridad, pero con su comportamiento consiguió justo lo contrario. La imagen se volvió viral y la desconocida página web de Adelman superó las 420.000 visitas en tan solo un mes.

No fue hasta dos años después cuando se nombró por primera vez el 'efecto Streisand'. Lo hizo un blog especializado en tecnología en un artículo en el que hablaba de otros casos en los que el intento de censurar o restringir una información amplificó su difusión.

Pero más allá del colorín de la anécdota, este fenómeno tiene una base psicológica. Concretamente en el principio de reactancia, por el que nos sentimos irremediablemente atraídos hacia todo aquello que percibimos como prohibido, especial o limitado. Por supuesto, también entran en juego la curiosidad humana; el que cualquier información pueda recorrer internet en apenas unos segundos; y cómo los medios de comunicación tienden a captar la atención de su audiencia destapando verdades.

Novelas, minijuego porno...

Hay ejemplos del 'efecto Streisand' mucho antes de que se acuñase el término. Y algunos son muy célebres, como el de la novela 'Lolita', de Vladimir Nabokov, en 1955. Varios países prohibieron su comercialización al considerarlo un tomo «pornográfico», lo que provocó que muchos intentasen agenciárselo por cualquier medio. La popularidad de la obra creció de tal manera que hoy día no solo se considera un clásico literario, sino que sigue provocando mucha curiosidad saber qué esconde en sus páginas.

En 2005, Hillary Clinton protagonizó otro caso. La entonces senadora por el estado de Nueva York arremetió contra la desarrolladora Rockstar Games a causa de un minijuego de índole sexual incluido en el videojuego 'Grand Theft Auto: San Andreas'. Aunque dicho contenido estaba oculto, un hacker encontró la forma de desbloquearlo, lo que derivó en una investigación por parte del Congreso de los Estados Unidos en relación a la clasificación por edades del software. Sus responsables intentaron acallar la polémica lanzando un parche que suprimiese las escenas subidas de tono, pero ya era tarde: se multiplicaron las búsquedas al respecto y no hubo periódico internacional que no se hiciese eco.

Sobre el efecto Streisand también saben mucho en Rusia, donde la ley contra la propaganda homosexual (también conocida como 'ley federal para el propósito de proteger a los niños de la información que aboga por la negación de los valores familiares tradicionales'), lleva más de una década demostrándose inútil. La censura de libros, películas o declaraciones a favor del movimiento LGTBIQ+ no ha hecho más que incrementar su repercusión internacional.

El caso del rey emérito

Pero es que ni tan siquiera la realeza escapa al empeño de la verdad por salir a la luz. Cuando el rey emérito hizo una escapada para cazar en Botsuana, en plena crisis económica, la Casa Real intentó suprimir una polémica fotografía del monarca posando frente al cadáver de un elefante. No sirvió de nada, al contrario, la imagen se difundió y florecieron las tertulias políticas sobre el tema. La indignación popular fue creciendo y desembocó en un 'mea culpa' del propio Juan Carlos frente a las cámaras de televisión con la ya célebre frase «lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir».

Un año después, fue el equipo de Beyoncé el que salió escaldado al intentar que el medio BuzzFeed retirase unas fotos poco favorecedoras de la cantante tomadas durante su show de la SuperBowl de 2013. ¿El resultado? Se convirtieron en un 'meme' a lo largo y ancho de la red.

Si algo podemos aprender de todos estos casos es que, ante cualquier error, la mejor opción siempre será la transparencia: asumirlo con naturalidad en lugar de intentar hacer ver que no ha pasado nada. Por este motivo, numerosos políticos y 'celebrities' confían cada vez más en la figura del relaciones públicas para que gestionen sus crisis reputacionales en la red de redes.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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