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"El Estado de Bienestar ya no existe en los trenes": la caída en picado de las Cercanías mientras Puente presume del "mejor momento de la historia"

"El Estado de Bienestar ya no existe en los trenes": la caída en picado de las Cercanías mientras Puente presume del "mejor momento de la historia"
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Los retrasos e incidencias en las redes ferroviarias se han vuelto tónica en estos meses, abocando a los usuarios a una constante «incertidumbre» en un servicio esencial que les está fallando Leer

«Próxima parada: Atocha. Correspondencia con todas las líneas de Cercanías y línea 1 de Metro. Conexión con trenes AVE, Larga Distancia y Media Distancia desde la estación Puerta de Atocha». De media, unas 244.000 personas escuchan esta locución cada día, tanto que muchos incluso podrían recitarla de memoria. Sin embargo, en los últimos años, otra grabación se ha hecho hueco en la megafonía de Renfe con más asiduidad de la que los miles de usuarios diarios de Cercanías querrían: «Debido a una avería en las instalaciones en la estación de Atocha, todos los trenes que se dirigen o efectúan su paso por Atocha circulan con fuertes demoras». Y, si todos los trenes que pasan por el pulmón ferroviario de Madrid van con retraso, como ocurre en Barcelona, Sevilla, Murcia, Alicante..., la ciudad se paraliza. Una realidad que es, cada vez más, sintonía para los ciudadanos de la capital.

«Impulsaremos el transporte ferroviario asegurando la conectividad en todo el territorio, consolidándolo como una alternativa más eficiente y menos contaminante», se comprometieron PSOE y Sumar hace casi tres años, en el pacto que sustenta la coalición de Gobierno. Pero, para muchos, el tren, y sobre todo el servicio de Cercanías, es cada vez menos esa «alternativa» por la que apostar.

«Es un problema estructural, en el sentido de que es de una forma muy recurrente, casi a diario», sintetiza Sandra Cerrada, vecina del barrio de Santa Eugenia, en el distrito madrileño de Villa de Vallecas, y socia de la Plataforma de Usuarios de Cercanías Hartos.

Ella coge -o cogía, porque cada vez lo hace menos- el tren para ir desde allí a su puesto de trabajo en Atocha, un trayecto que ordinariamente suele durar unos 20 minutos, pero que, cuenta, se ha llegado a extender hasta una hora por las incidencias y demoras -Santa Eugenia y Atocha están separadas por cuatro paradas de tren, nueve kilómetros en coche-. «Vivimos con esa incertidumbre un poco, porque los usuarios del Cercanías de Madrid no saben lo que les depara cada día», cuenta a pie del andén de este barrio de la periferia de la capital. Según las estadísticas que proporciona Renfe, en el mes de junio, los trenes que se retrasaron -el 34,6% del total- lo hicieron con una demora media de 12,3 minutos.

No es que el último mes del curso antes del verano fuera una excepción. Si se analizan los datos del primer semestre del año, resulta que solo el 61,2% de los trenes que circularon por la red de Cercanías de Madrid concluyeron el trayecto puntuales o con un retraso de menos de cinco minutos. Esto es: quienes esperaban en el andén, cuatro de cada diez veces no llegaron a tiempo a destino. Y tampoco es este un problema que afecte exclusivamente al transporte ferroviario de la capital. En Cataluña, por ejemplo, el escenario fue incluso peor: solo el 36,9% de los trenes de Rodalies Barcelona llegaron a final de línea a la hora prevista o con esa ligera demora de cinco minutos. Por detrás, la puntualidad se quedó en el 31,4% en la red cántabra y en el 29,8% en Sevilla. Mientras, Málaga (93,4%) y Zaragoza (92,8%) encabezan el ranking del servicio más eficiente en lo que a cumplimiento horario se refiere.

Pero, en el global, hay una sensación que se ha apoderado de quienes dependen de la red de Cercanías para moverse por su ciudad: «Desesperación». «Es un poco como una montaña rusa, no sabes qué te puede esperar», describe Sandra, y probablemente muchos usuarios la secundarían, a la vista de las encuestas de satisfacción que se han ido conociendo en los últimos años y que no dejan nada bien a Óscar Puente, el responsable de Cercanías desde un ministerio marcado antes por la gestión de José Luis Ábalos.

Una de las encuestas, de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), constata que solo el 34,2% de los españoles que usaron Cercanías en 2025 se dice «satisfecho» o «muy satisfecho» con la puntualidad de los trenes, mientras que, cinco años atrás, el 52,1% de los viajeros secundaba ese visto bueno al cumplimiento horario del servicio. También, en consonancia, ha caído en los últimos años la satisfacción con el tiempo de los trayectos -antes gustaba al 50,9%; ahora, al 43,9%- y, en general, «con los trenes»: el 38,3% los aprueba en 2025, frente al 53,7% que lo hacía en 2020.

Constata la opinión ciudadana que el servicio de transporte público ferroviario de corta distancia ha empeorado en los últimos años. Y ello ha derivado, en contra de lo que pretendía el Gobierno, en que algunos de quienes pueden opten por medios alternativos para desplazarse por las grandes ciudades. «Yo sinceramente lo usaba mucho más antes», reconoce Sandra, que señala, entre los motivos que la desalientan de coger el Cercanías, el «miedo» a llegar tarde, que le lleva a tener que salir «casi con hora y pico de antelación». «Porque no sé lo que me espera», lamenta. De un estudio del Departamento de Psicología de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de 2025 se desprende que quienes se desplazan en tren con frecuencia tienen más síntomas de ansiedad, depresión y malestar físico.

Coincide con Sandra en el porqué de no ir en tren Loli Lóriga, vecina de Collado Villalba, un municipio a 40 kilómetros del centro de Madrid, pero tan solo separado por ocho paradas de la estación de Chamartín.

-Llevo trabajando en una residencia de Madrid 26 años y he utilizado siempre Renfe. Pero ahora he tenido que optar por utilizar mi coche particular, -expone Loli.

-¿Por qué?

-Más que nada lo hice por respeto a mis compañeros. Si yo tengo que entrar a las siete y media [...] y llego tarde, mi compañera no se puede ir, porque no podemos dejar solos a nuestros residentes, -explica.

Si todo va bien, Loli puede ir de su casa al trabajo en transporte público en 45 minutos, pero ha llegado a tardar «hora y mucho». Y, por eso, ahora va en coche, pese a que los atascos también son una constante en las carreteras que tiene que recorrer. Es, aun así, mejor alternativa. «Al principio cogía el tren de las 6.20 horas, luego empecé a coger el de y 10. ¿Qué me voy, a las cinco de la mañana?».

Los casos de Sandra y Loli retratan un problema que no se circunscribe al ámbito de la movilidad, sino que repercute en el funcionamiento de las ciudades a mayor escala. «Cercanías es el único medio de transporte que conecta toda la región de Madrid», resume Sandra, que cree así que mejorar el funcionamiento de la red podría contribuir a que más gente se anime a vivir en pueblos a las afueras de Madrid, descongestionando la ciudad y contribuyendo a aliviar, por ejemplo, la presión de demanda de vivienda.

Otra de las metas que PSOE y Sumar se propusieron alcanzar en esta legislatura es el modelo de la ciudad de los 30 minutos: «Aprobaremos la cartera de servicios básicos de calidad a menos de 30 minutos del lugar de residencia». Sin embargo, ahora, los retrasos e incidencias en Cercanías hacen difícil que, por ejemplo, un vecino de una localidad a las afueras de la capital pueda llegar en 30 minutos al hospital.

En paralelo al empeoramiento del servicio de Cercanías que se ha producido en los últimos años -según acreditan testimonios y encuestas-, lo cierto es que el número de pasajeros se ha incrementado en paralelo, situándose ya por encima de los valores previos a la pandemia, cuando se produjo una caída en picado del número de usuarios. De media, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 49,6 millones de personas utilizaron el tren de Cercanías para moverse cada mes en 2025, solo un 0,6% más que el año anterior, pero a la vez un 6,6% más que en 2018, cuando Pedro Sánchez asumió el mando en España.

Esto, más allá de lo que derive del aumento poblacional, es quizás fruto de que sus gobiernos han situado entre los ejes prioritarios la democratización del transporte público. Y especialmente el ferroviario, tanto en la larga distancia -con la entrada de nuevos operadores- como en la corta, con la aprobación de la gratuidad del servicio de Cercanías para los usuarios habituales como una de sus medidas estrella -se aprobó para paliar las consecuencias de la guerra de Ucrania, pero se extendió hasta mediados de 2025-.

En consonancia, España es hoy uno de los países europeos donde menos ciudadanos apelan al precio del transporte público como el motivo que los aleja de usarlo -solo el 1,3% expone esta razón, según datos de 2024 de Eurostat, frente al 3,4% de media comunitaria-. Por contra, el 76,8% se justifica apelando a «otros motivos», entre los que estarían, por ejemplo, puntualidad e incidencias.

Esto es, a pie de calle, lo que más aquejan los usuarios. «Nosotros pagamos los impuestos. Me tendrán que dar los servicios», reprocha Sandra, para quien, en lo que a transporte ferroviario se refiere, «el Estado de Bienestar que teníamos... El Estado de Bienestar ya no existe». Desde la Plataforma de Usuarios de Cercanías Hartos, de la que forma parte, piden al Gobierno que el año que resta de legislatura se impulsen mayores inversiones y, sobre todo, mejor dirigidas y coordinadas. Fuentes del sector apuntan que, mientras durante décadas «no se ha invertido lo que se debía», esa situación está cambiando «a mejor», pues se están acometiendo obras tanto de mantenimiento como de nuevas vías. «Pero las obras ya se sabe que conllevan perjuicio para el servicio», exponen estas fuentes.

La crisis de puntualidad e incidencias -en suma, de calidad del servicio- que atraviesa Cercanías protagoniza a diario la conversación en redes sociales, fenómeno avivado por el perfil polémico de quien tiene bajo su mando el grueso de las competencias: el ministro Óscar Puente. Especialmente viral se hizo cuando, en verano de 2024, dijo que «el tren vive en España el mejor momento de su historia». A esa afirmación le responde Sandra «con todo respeto y educación»: «Que cuando se tenga que desplazar a su puesto de trabajo lo haga a través de Cercanías, no en coche privado. Y quizás, a lo mejor, sepa lo que están viviendo todos los ciudadanos a diario». Loli se lo pone «como deberes. O como castigo».

Ni la mitad de trenes puntuales en cuatro redes

En la red de Cercanías de Murcia-Alicante, Barcelona, Cantabria y Sevilla, ni la mitad de los trenes que circularon en el primer semestre de 2026 llegaron puntuales a su destino. En Madrid, la ciudad con más trayectos de Cercanías, poco más de seis de cada 10 trenes alcanzaron el final de línea a la hora prevista o con un retraso máximo de cinco minutos. En el extremo opuesto, en Málaga, Zaragoza, San Sebastián, Bilbao, Asturias y Cádiz se registró una puntualidad media superior al 80%. Según un sondeo de la CNMC, en 2025, solo el 34,2% de usuarios de Cercanías estaba satisfecho con la puntualidad.

El ministro de Transportes, Óscar Puente.J. BARBANCHO

ÓSCAR PUENTE

2023-PRESENTE. El ministro más activo y polémico en redes sociales, se viralizó cuando, en 2024, dijo que el tren «vive el mejor momento de su historia». Antes que él, entre 2018 y 2021, la cartera de Transportes la ocupó José Luis Ábalos, quien está hoy condenado por corrupción por delitos cometidos como ministro.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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