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El fabricante neozelandés de cohetes que compite con Elon Musk y Jeff Bezos

El fabricante neozelandés de cohetes que compite con Elon Musk y Jeff Bezos
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La empresa Rocket Lab del multimillonario Peter Beck desarrolla un negocio de satélites de Internet capaz de rivalizar con Starlink y Amazon Leo. Leer
Financial TimesEl fabricante neozelandés de cohetes que compite con Elon Musk y Jeff Bezos
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Actualizado 23 JUL. 2026 - 16:59Peter Beck, fundador y consejero delegado de Rocket Lab.David Paul MorrisEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La empresa Rocket Lab del multimillonario Peter Beck desarrolla un negocio de satélites de Internet capaz de rivalizar con Starlink y Amazon Leo.

Tras lanzar con éxito el primer cohete neozelandés al espacio, el multimillonario Peter Beck se ha propuesto competir con Elon Musk y Jeff Bezos en el negocio de los satélites de Internet.

El mes pasado, el fundador de Rocket Lab firmó el mayor acuerdo de su vida, comprometiéndose a pagar 8.000 millones de dólares (7.000 millones de euros) por el proveedor de comunicaciones por satélite Iridium, que cotiza en la Bolsa estadounidense.

Esta operación añade una valiosa red y espectro —a menudo considerados la "savia de la industria móvil"— a la empresa neozelandesa, dedicada a la fabricación y lanzamiento de cohetes y otros componentes espaciales.

"Es una apuesta arriesgada para Rocket Lab adquirir una empresa de este tipo, pero al fin y al cabo se trata de un negocio rentable y consolidado", afirma Beck a Financial Times.

Fundada en 2006 con el objetivo de lanzar cohetes ligeros a un coste más bajo y con mayor frecuencia que con los métodos tradicionales, Rocket Lab es un rival más pequeño para SpaceX de Musk y Blue Origin de Bezos en términos de valoración.

Hizo su primer lanzamiento exitoso en 2009, y para 2017 sus cohetes orbitales Electron se habían consolidado como un competidor del Falcon 9 de SpaceX en el lanzamiento de satélites.

"Si nos comparan con Jeff y Elon, sin duda somos el advenedizo intrépido", afirma Beck. "No me oirán hablar de extraer minerales de asteroides que orbitan Marte", refiriéndose a la visión de Musk sobre la minería espacial.

El acuerdo con Iridium cumple la antigua ambición de Beck de expandirse al sector de los servicios satelitales. Además, sitúa a Rocket Lab en una mayor competencia con Musk y Bezos, quienes han expandido sus redes de satélites Starlink y Amazon Leo. SpaceX compró el espectro de EchoStar por 17.000 millones de dólares el año pasado y Amazon adquirió Globalstar por 11.600 millones en abril.

Al comprar la red y el espectro de Iridium en lugar de construir los suyos propios, "hemos acortado ese proceso entre 10 y 20 años", afirma Beck, que añade que Iridium se beneficiará de la infraestructura de lanzamiento de Rocket Lab para reducir el coste y el riesgo del lanzamiento de una nueva constelación en el futuro.

"Quien tenga el cohete tiene las llaves del espacio", sostiene.

La adquisición llega en un momento delicado para la industria. Las acciones de Rocket Lab han caído más de un 50% desde el máximo alcanzado en mayo, a medida que se disipa la euforia en torno a la salida a Bolsa de SpaceX. La venta de 5 millones de acciones por parte de Beck por 465 millones de dólares ha incrementado la presión.

El consejero delegado explica que Iridium, que a diferencia de Rocket Lab ya es rentable, aportará una sólida base de clientes y un "nicho de mercado de alto valor e increíblemente defensivo" en áreas como las comunicaciones marítimas. Beck indica que Rocket Lab buscará expandir esos servicios.

Luke Pearce, analista de CCS Insight, apunta que la adquisición acelerará la competencia en el floreciente sector de los servicios satelitales en la órbita terrestre baja (LEO). "Esto crea otro competidor creíble en el mercado LEO, junto a empresas como SpaceX, Amazon Leo y AST SpaceMobile", afirma.

Rocket Lab ha sido una extraordinaria historia de éxito para Beck y para Nueva Zelanda. Una remota granja de ovejas en la escasamente poblada costa este de la Isla Norte se ha convertido en un punto clave para el lanzamiento de cohetes.

El país ocupa el tercer lugar en número de lanzamientos de cohetes, después de Estados Unidos y China, ya que su ubicación remota ha demostrado ser ideal para lanzar proyectiles al espacio sin afectar al tráfico aéreo y marítimo.

En el trimestre que finalizó en marzo, la compañía registró ingresos de 200 millones de dólares, un 60% más que un año antes, y redujo sus pérdidas netas de 60 a 45 millones de dólares.

Valorada en 40.000 millones de dólares, Rocket Lab es, con diferencia, la mayor empresa surgida de "la tierra de la gran nube blanca", que históricamente ha producido campeones nacionales en sus sectores de lácteos y electrodomésticos. A pesar de la reciente caída, sus acciones acumulan una subida de casi el 600% desde su salida a Bolsa en el Nasdaq en 2021.

Su debut bursátil creó más de 100 millonarios en Nueva Zelanda. Exempleados han fundado algunas de las start up más prometedoras del país, como la empresa de tecnología agrícola Halter, el grupo de la cadena de suministro automotriz Partly y su competidor local Dawn Aerospace.

Rocket Lab trasladó su sede a California en 2013 y se ha convertido en un proveedor clave del Departamento de Defensa de Estados Unidos, pero aún lanza la mayoría de sus cohetes desde una base remota en la península de Mahia, en la Isla Norte.

Su gran planta de fabricación al este de Auckland se ubica al pie de una tranquila calle sin salida donde las gallinas de pantano pukeko picotean el césped. Dentro de la fábrica, 1000 personas ensamblan cohetes bajo gigantescas banderas de Nueva Zelanda y Estados Unidos.

Beck atribuye a su padre el haber despertado su pasión por la industria aeroespacial durante su juventud en Invercargill, en el extremo meridional de la Isla Sur de Nueva Zelanda.

El ingeniero recuerda cómo su padre señalaba las estrellas y decía: "Podría haber alguien ahí parado mirándote".

"Para mí, eso fue más importante que nada de lo que rondase mi mente", afirma Beck, y le inculcó una "sensibilidad especial por los temas planetarios".

Entre las adquisiciones anteriores de Rocket Lab se incluyen empresas que suministran ruedas, cámaras, robótica y otros componentes esenciales usados en misiones a Marte, Venus y la Luna. Iridium representa una nueva frontera para la compañía.

"Sin duda, uno forja su propia suerte, pero fue una fortuna que todo se alineara", afirma Beck sobre el acuerdo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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