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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al de Brasil, Luiz Inázio Lula da Silva, y el de Colombia, Gustavo Petro EfeSan Sebastián
Domingo, 19 de abril 2026, 00:10
... da Silva, el colombiano Gustavo Petro, el uruguayo Yamandú Orsi y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para ofrecer una respuesta a los desafíos del giro reaccionario que está tomando el mundo. El encuentro apela a una 'movilización progresista global' para construir una alternativa en estos tiempos en los que las certezas se esfuman y en los que la velocidad de los acontecimientos nos rompen los esquemas contínuamente. Lo que antes tardaba madurar décadas ahora cristaliza y desaparece en pocas horas.Bajo este marco, Pedro Sánchez ha jugado un papel destacado en la cumbre, no solo como anfitrión, sino también como uno de los más comprometidos en la necesidad de fijar un nuevo modelo que ilusione. Su posición claramente crítica frente a figuras como Donald Trump ha ganado terreno especialmente tras la guerra en Irán, donde ha abierto un camino en el que no se ha quedado solo. Determinadas posiciones del Papa León XIV o de la primera primera ministra italiana Georgia Meloni han terminado por darle la razón frente a la deriva caótica del presidente estadounidense.
Sin embargo, aunque la cumbre refuerza la imagen de Sánchez como un referente internacional, su supervivencia política se libra en España. El juicio al que se someterá a su esposa Begoña Gómez tras la instrucción controvertida del juez Peinado y las implicaciones del caso Koldo —que salpican políticamente a la presidenta del Congreso, Fancina Armengol, en su etapa de presidenta de Baleares- acentúan el evidente desgaste que sufre su legislatura. Cuando se debate sobre el auge de la extrema derecha en el mundo tiene también que examinarse qué errores han cometido la izquierda y los conservadores en el poder para que el populismo antipolítica envenene la sociedad.
El futuro de la democracia dependerá de la capacidad de los progresistas para consolidar su unidad y afianzar su lucha común contra la polarización creciente. Pero también de que la derecha democrática marque un territorio autónomo sin complejos frente a la ultraderecha. No es solo una cuestión de ideología, sino de supervivencia de nuestros valores. Al menos los que nos han servido para que Europa sea un paraguas de libertad y de protección social en el mundo.
El momento subraya la urgencia de que aquellos que creen en la democracia liberal, los derechos humanos y la justicia social, se unan y actúen de manera decidida frente a los desafíos globales. No es tanto el enfrentamiento clásico entre la izquierda y la derecha sino un gigantesco pulso entre la democracia liberal y el autoritarismo. Y no hay nada ganado de antemano.
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