- SERGIO SAIZ Nueva York
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El Fondo Monetario Internacional anticipa un frenazo económico global y asegura que revisará a la baja sus previsiones económicas para 2026 debido a la escalada bélica en Oriente Próximo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió ayer de que ya se aprecian "perturbaciones significativas" en la economía global. El organismo multilateral anticipa un frenazo del crecimiento acompañado de un repunte de la inflación.
La institución que dirige Kristalina Georgieva pone el foco en el impacto de un shock energético prolongado, con el petróleo disparado y las rutas comerciales tensionadas, que podría deteriorar de forma notable el equilibrio macroeconómico mundial en los próximos meses.
La interrupción del flujo de crudo y gas en el estrecho de Ormuz, junto con los daños a infraestructuras energéticas en el golfo Pérsico, está tensionando los mercados y alimentando un fuerte repunte de los precios, según reconoció ayer el FMI.
El encarecimiento del crudo es el principal canal de transmisión del shock. Según los cálculos del organismo, cada aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo podría elevar la inflación global en 0,4 puntos porcentuales y restar entre una y dos décimas al crecimiento económico mundial. El Brent ha superado los 100 dólares por barril tras dispararse cerca de un 50% en el último mes.
El riesgo es que este encarecimiento no sea transitorio. "El impacto económico dependerá de la duración, el alcance y la intensidad de la crisis", tal y como ha explicado la directora de Comunicación del Fondo Monetario Internacional, Julie Kozack. Durante una rueda de prensa, adelantó que la institución revisará a la baja sus previsiones del próximo informe de Perspectivas Económicas Globales, que se publicará en abril.
En enero, el organismo había elevado ligeramente su previsión de crecimiento mundial para 2026 hasta el 3,3%, pero ya advertía de importantes riesgos a la baja vinculados a tensiones geopolíticas y comerciales que ahora se han materializado con la guerra en Irán.
La combinación de precios energéticos al alza, interrupciones logísticas y mayor incertidumbre en el tablero internacional está generando un entorno cada vez más complejo para bancos centrales y gobiernos. Instituciones como el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía han advertido en los últimos días de que un cierre prolongado de Ormuz podría desencadenar una crisis energética de gran magnitud, con efectos en cadena sobre la industria, el transporte y el consumo.
Riesgo de recesión
Además del petróleo, el conflicto está impactando en otros mercados clave. El FMI alerta de que el encarecimiento de las materias primas, unido a la disrupción en el transporte marítimo y a la interrupción de los envíos de fertilizantes desde la región, podría trasladarse rápidamente a los precios de los alimentos. Este factor añade presión adicional especialmente en economías emergentes y en desarrollo, donde el peso de la cesta básica es mayor y el margen de maniobra fiscal es más limitado.
La tensión se traslada también a los mercados financieros. Kozack señaló un aumento de la volatilidad tanto en economías avanzadas, como Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, como en países emergentes. En Wall Street, el repunte del crudo y el temor a un endurecimiento de las condiciones financieras están elevando la prima de riesgo en varios activos, mientras que los inversores buscan refugio en activos que hasta ahora se consideraban seguros, como el oro o la deuda pública estadounidense, aunque lo cierto es que ninguno ofrece garantías contra un escenario tan volátil.
El FMI pone el foco en que el dilema para los bancos centrales es que este nuevo shock llega en un momento especialmente delicado. Tras meses de lucha contra la inflación, un repunte de los precios energéticos podría obligar a mantener tipos de interés elevados durante más tiempo, enfriando aún más la actividad económica. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra afrontan así un escenario de "estanflación suave", con menor crecimiento y presiones inflacionistas persistentes que podría alterar su hoja de ruta en política monetaria para este año.
Desde el organismo multilateral insisten en la necesidad de evitar reacciones descoordinadas que amplifiquen el impacto.
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