Mohamed Ghalibaf, jefe negociador de la república islámica que el viernes estará en Suiza, mantuvo una conversación con el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, y le aseguró que «la población del sur de Líbano debe regresar a sus hogares» e Israel debe retirarse de las «zonas ocupadas». Esto va en contra de los planes anunciados por el ministro de Defensa, Israel Katz, que aseguró que mantendrán sus posiciones en el interior del país, como también mantendrán las ocupaciones en Gaza y Siria.
Las voces de los libaneses críticos con Hezbolá quedaron eclipsadas por los mensajes llegados desde Teherán, pero analistas como Anthony Samrani, del diario L'Orient, no dudaron en denunciar que «para Líbano, el acuerdo que se está gestando parece una doble condena. Corremos el riesgo de sufrir tanto la ocupación israelí como la venganza de Hezbolá. Ambos se atrincherarán aún más en sus posiciones frente al Estado: el primero imponiendo condiciones imposibles y el segundo amenazando con derribar al gobierno».
Nuevo escenario en Israel
Trump dedicó parte de sus intervenciones en el G7 a criticar a Netanyahu, pero el primer ministro guardó silencio y no respondió. El líder del Likud sabe que Trump no es Barack Obama y hasta el momento no ha osado desafiarle en público, todo lo contrario. También sabe que Trump habla mucho, pero que sus hechos, tanto en el primer mandato como en este segundo, se traducen en un apoyo total a Israel en temas como el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, el blindaje diplomático ante las acusaciones de genocidio por la guerra en Gaza o el final de las ayudas a UNRWA. La aparente ruptura puede quedarse en un rifirrafe mediático entre dos figuras con enormes egos y a las puertas de elecciones.
Ahora Netanyahu e Israel se enfrentan a un nuevo escenario provocado por el fracaso de la guerra a la que el primer ministro empujó a Trump y en la que no han logrado lo deseado El primer ministro fijó como objetivos: eliminar el programa nuclear y el de misiles y llevar al régimen, si no al colapso, al borde del colapso. Israel y Estados Unidos no han logrado ninguno de esos objetivos. Netanyahu no eleva la voz, pero sus medios afines como el Canal 14 criticaron con dureza a Jared Kushner y Steve Witkoff, dos de los principales enviados de Trump para Oriente Medio, acusándolos de ser los impulsores del acuerdo. La presentadora Tal Meir les envió un mensaje para decirles que «nos dais la espalda así, en el momento de la verdad. Simplemente sois unos perdedores». Otros comentaristas de la cadena les acusaron de actuar bajo presión catarí y de «vender a sus hermanos en Israel».
Washington le niega el memorando a Tel Aviv
El analista político Ben Dror Yemini dedicó su artículo en Yediot Ahronoth a este nuevo escenario y escribió que «Trump no es Churchill. No quería sangre, sudor y lágrimas para derrotar al eje del mal. Quería precios más bajos para el combustible. Al diablo los intereses estadounidenses a largo plazo. Al diablo todas sus declaraciones y promesas. Al diablo Israel (…) Nunca, absolutamente nunca, la potencia más fuerte del mundo había mostrado una debilidad tan aterradora frente a un país que supuestamente había sido derrotado de forma tan contundente».
El malestar en Israel creció un poco más al informar el canal I24 News que las autoridades del país «solicitaron formalmente acceso al Memorando de Entendimiento (MoU) con Irán y su petición fue rechazada. Se trata de un hecho extraordinario y muy poco habitual entre aliados tan estrechos en una cuestión de seguridad nacional de tanta importancia».
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