Mientras León XIV se encaminaba a bordo de su papamóvil -que cambiaría por un BMW en la calle Alcalá- hacia el Santiago Bernabéu, con las pantallas gigantes retransmitiendo en directo el trayecto, la grada se lanzó a hacer la ola. También, a petición de Christian Gálvez, presentador del evento junto a su pareja, Patricia Pardo, el estadio se desgañitó: «¡Gol!». Lo haría unas cuantas veces durante la cálida velada. Las gargantas de la comunidad diocesana madrileña se preparaban para la entrada del Santo Padre, mientras agitaban con entusiasmo los abanicos. Los más de 30 grados aterrizaban sobre la gran cúpula cerrada de un estadio que, 44 años después, volvía a recibir entre sus muros al Santo Padre. Si en 1982 Juan Pablo II se citó con 150.000 jóvenes de todos los puntos del planeta junto a la Castellana, ayer fueron cerca de 70.000 de comunidad diocesana los quienes recibieron a León XIV.
Hubo banderas, de España y de muchos países más. Hubo también quien lució una camiseta de Andrés Iniesta con la selección o la del alemán Mesut Özil, que un día cautivó a esa misma grada que aguardaba con el corazón encogido la llegada de León XIV. Y hubo fiesta, claro. La hubo antes, durante y después, con una marea de fieles por la Castellana. Este martes se despedirá de los voluntarios en Ifema. Fueron cerca de cuatro kilómetros de ruta desde la catedral de la Almudena que sus fieles acompañaron con su cántico de guerra: «¡Contigo, León; un solo corazón!».
Pasaban 25 minutos de las siete de la tarde, la hora prevista para la gran cita, cuando el Santo Padre asomó por la misma bocana del fondo norte donde algún que otro entrenador blanco encontró refugio. Entró a pie a un coliseo blanco que regaló la ovación más sentida y estruendosa que se recuerda por el lugar. Como si fuera un galáctico más. «León XIV es el fichaje estrella de este estadio», pronunciaba minutos antes el propio Gálvez. Y durante seis minutos el Papa dio una vuelta de honor a lomos de un vehículo, mientras bendecía y saludaba a quien salía al paso para darle la bienvenida. Necesitó más de dos minutos para poder tomar asiento, pues los vítores eran infinitos.
El papa León XIV sube al escenario principal del Bernabéu.ANTONIO HEREDIA«Queridos hermanos, queridas hermanas, ¡buenas tardes! Yo supongo que para un jugador de fútbol hacer un gol en este estadio es algo que le marca para toda la vida. Pero la Iglesia de Madrid ha marcado un golazo para siempre», fueron las primeras palabras del Pontífice, contagiado por la magia de un escenario y una estampa que ya es historia de la Iglesia madrileña. Historia de Madrid. «Es importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía. Para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la ciudad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros», pronunciaba, en un discurso que duró algo más de un cuarto de hora.
La grada respondió con otros dos minutos de atronadora ovación y varios cánticos de profundo aroma futbolístico. Del «¡Oé, oé, oé!» al «¡León, León, León!» -con los clásicos acordes de hinchada-, pasando por el gran clásico: «¡Esta es la juventud del Papa!». Tomaba nota Florentino Pérez, ungido horas antes como presidente, ante la misión de echar el guante a alguna megaestrella que ponga en pie al recinto como lo hizo el papa León. En el palco, a su vera, la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso; el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida; y las ministras Elma Saiz e Isabel Rodríguez. Antes de saltar al campo, el Pontífice se fotografiaría con todos ellos... y con las 15 Copas de Europa del Madrid. También se llevó una camiseta del Real Madrid con el '1' y el nombre de Robert Prevost.
Procesión y chotis
"Más que levantar la voz, queremos aprender a afinarla; no tanto multiplicar discursos, como dejar que nuestra vida suene a Evangelio", había anticipado el arzobispo de Madrid, José Cobo. Y eso fue un poco lo que no cesó de ocurrir durante una velada marcada por profundos testimonios de fe. De Orcasitas a Perú. De Madrid a muchos rincones del planeta.
Pasaron cosas mágicas en un Bernabéu entregado. Como que el ocho de junio fuera Viernes Santo y el estadio blanco una suerte de Puerta del Sol. Procesionaron Jesús de Medinaceli y la Virgen de la Almudena, sostenidos por los hombros de 70 costaleros. Ambos, iconos de Madrid, miraron a los ojos del Papa durante un partido imborrable para el Papa que contempló Madrid cuando era Robert Prevost. Durante su viaje a España en avión aseguró que el Papa era de todos los equipos y Robert del Real Madrid... y del Atlético.
Vista panorámica del estadio Santiago Bernabéu.ANTONIO HEREDIAHubo también piques sanos entre las diócesis de Getafe y Alcalá de Henares para saber quién gritaba con más fuerza. También entró en la disputa la archidiócesis de Madrid, amén de sacerdotes, monjas y catequistas. Y David Bustamante, Diana Navarro y Daniel Diges interpretaron ese himno de la visita papal que es "Alza la mirada". El Papa obró el milagro, aunque fuera durante unos minutos, de que volviera a haber conciertos en el Bernabéu.
A las 20.48 horas, tras dar la bendición a los presentes, y llevarse en el bolsillo cuatro minutos de palmas, León XIV enfiló por esa misma bocana del fondo norte del estadio. La fiesta siguió sin él -chotis incluido-, pero ya no fue lo mismo. Dentro de unos años habrá quien cuente a sus hijos -o nietos- que vio al Papa meter un golazo en el Bernabéu.