Entre memoria histórica y debates actuales, el pasado recupera protagonismo. Un análisis de su impacto continuo en la política, los derechos y la vida pública.
Texto Eva Calzadilla Fecha de publicación:10 noviembre 2024, 1:06h
Actualizada:24 noviembre 2024, 21:32h
El 24 de marzo de 1976, la junta militar se covierte en la nueva autoridad de Argentina tras un golpe de Estado que derrocó al Gobierno constitucional de Isabel Perón. Comienza así una de las etapas más oscuras de la historia argentina: la dictadura militar.
Desde entonces, en esta fecha se conmemora en Argentina el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”. El 24 de marzo es una jornada para recordar a todas las personas detenidas, desaparecidas, asesinadas y exiliadas, así como a sus familiares. Es, además, una forma de reafirmar el “Nunca Más” a los golpes de Estado y a la violación de los derechos humanos.
Un país al borde del colapso
El golpe de Estado de 1976, que cambió Argentina para siempre, fue el resultado de una larga acumulación de crisis política, violencia, polarización ideológica y colapso económico.
En 1973, el país parecía abrir una nueva etapa. Después de casi veinte años de exilio, Juan Domingo Perón, el líder político más influyente de Argentina, regresaba a su país. Desde 1955, el peronismo había estado prohibido tras el golpe militar que lo expulsó del poder. Pero su apoyo popular seguía intacto, especialmente entre trabajadores y sindicatos.
En marzo de 1973 se celebraron elecciones y resultó electo Héctor José Cámpora, candidato peronista cercano al caudillo. Su gobierno facilitó el regreso definitivo del líder. Sin embargo, ese regreso también dejó al descubierto una profunda fractura dentro del movimiento peronista.
Dos corrientes convivían con tensiones crecientes: una izquierda peronista, formada por jóvenes militantes y organizaciones revolucionarias, y una derecha peronista, más conservadora, vinculada a sindicatos tradicionales, sectores del ejército y grupos anticomunistas.
En junio de 1973, miles de personas se congregaron cerca del aeropuerto de Buenos Aires para recibir a Perón. Por lo que debía ser una celebración terminó en tragedia: la masacre de Ezeiza. Grupos armados de la derecha peronista dispararon contra militantes de izquierda. Hubo muertos y heridos. Fue una advertencia clara de lo que estaba por venir.
Poco después, Cámpora renunció y se convocaron nuevas elecciones. En septiembre de 1973, Perón fue elegido presidente con una amplia mayoría, acompañado por su esposa, Isabel Martínez de Perón, como vicepresidenta.
Muchos vieron en su regreso una esperanza de estabilidad. Pero la realidad fue distinta: la tensión política no dejó de crecer.
El escenario político se volvió cada vez más violento. Guerrillas como los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo intensificaron sus secuestros, atentados y ataques. Desde la derecha, la respuesta también fue violenta.
El 1 de julio de 1974, la muerte de Perón dejó un vacío de poder. Isabel Martínez de Perón asumió la presidencia en un contexto extremadamente frágil. Su gobierno, debilitado por la falta de experiencia y autoridad, tuvo que enfrentar crisis económicas, violencia política y una creciente represión.
En ese contexto, ganó protagonismo José López Rega y la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), responsable de la persecución y asesinato de opositores. Profesores, estudiantes, periodistas: muchos fueron víctimas o se vieron obligados al exilio.
Al mismo tiempo, el país atravesó el “Rodrigazo”, un fuerte ajuste económico que provocó devaluación, inflación y pérdida del poder adquisitivo. Las protestas y huelgas se multiplicaron. El malestar social era cada vez más evidente.
El inicio de la dictadura
En la madrugada del 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas tomaron el poder en una operación rápida, coordinada y sin resistencia. Así comenzó el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”.
El golpe había sido preparado durante meses por los altos mandos del ejército, la marina y la fuerza aérea. Los comandantes Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti encabezaron la primera junta militar.
Durante la noche, las fuerzas armadas se desplegaron en todo el país. Buenos Aires amaneció ocupada por tanques, camiones y soldados. Edificios públicos, aeropuertos y sedes sindicales quedaron bajo control militar. El objetivo era claro: controlar la información y evitar cualquier tipo de reacción.
Isabel Perón fue detenida en la residencia presidencial y obligada a abandonar el poder. Posteriormente, permaneció bajo arresto durante años.
Pocas horas después, los militares difundieron un comunicado por radio y televisión. Aseguraban venir a restaurar el orden y reorganizar el país.
La población recibió la orden de permanecer en sus casas. Algunos sintieron alivio, creyendo que el caos llegaría a su fin. Ese mismo día comenzó la censura.
Y, muy pronto, la represión.
El terrorismo de Estado
Entre 1976 y 1983, Argentina vivió un periodo marcado por la represión sistemática. El Estado desplegó un aparato clandestino de violencia: secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos.
Aunque el discurso oficial hablaba de combatir la “subversión”, las víctimas fueron miles de personas: estudiantes, trabajadores, periodistas, intelectuales y sindicalistas.
Un método sistemático
Los secuestros solían ocurrir de noche. Sin orden judicial, grupos armados irrumpían en las viviendas, detenían a las personas, las amordazaban y las trasladaban en vehículos sin identificación.
A partir de ese momento, desaparecían. No había registros, ni juicios, ni información para sus familias.
Los centros clandestinos
Las víctimas eran llevadas a centros clandestinos distribuidos por todo el país. Hubo más de 600. Uno de los más conocidos fue la ESMA, en Buenos Aires.
Allí eran interrogadas bajo tortura, aisladas del mundo exterior y mantenidas en condiciones extremas. Muchas permanecían encapuchadas durante meses.
Los vuelos de la muerte
Entre las prácticas más brutales del régimen estuvieron los “vuelos de la muerte”.
Los prisioneros eran sedados, subidos a aviones militares y arrojados vivos al mar o al Río de la Plata. Décadas después, estas prácticas fueron confirmadas por las autoridades en los juicios.
Los bebés robados
Muchas mujeres embarazadas dieron a luz en cautiverio. Sus hijos fueron separados de ellas y entregados a familias vinculadas al régimen. Muchas de esas madres fueron asesinadas.
Las Abuelas de Plaza de Mayo
En 1977 comenzó una búsqueda que aún continúa. Un grupo de mujeres empezó a reunirse en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. Eran madres y abuelas de desaparecidos.
Así nacieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Cada semana marchaban con pañuelos blancos, exigiendo saber la verdad.
Final de la dictadura
A comienzos de los años 80, el régimen comenzó a debilitarse. La crisis económica, la presión social y el aislamiento internacional hicieron crecer el descontento.
Las protestas aumentaron, los sindicatos organizaron huelgas y la oposición política comenzó a reorganizarse.
La guerra de las Malvinas en 1982, iniciada como un intento de recuperar apoyo, terminó en derrota. Fue el golpe final para la dictadura.
El presidente Leopoldo Galtieri fue destituido y reemplazado por Reynaldo Bignone, encargado de organizar la salida del poder.
El regreso de la democracia
En octubre de 1983, Argentina volvió a las urnas. Raúl Alfonsín ganó las elecciones y asumió la presidencia, marcando el fin de la dictadura.
Memoria y justicia
El nuevo gobierno impulsó la investigación de los crímenes. Se creó la CONADEP y se publicó el informe “Nunca Más”, que documentó miles de casos.
En 1985 se celebró el histórico Juicio a las Juntas. Argentina se convirtió en uno de los primeros países en juzgar a los responsables de una dictadura.
Casi 50 años después del golpe de Estado, Argentina ha construido una política pública basada en memoria, verdad y justicia.
Sin embargo, desde la llegada al poder de Javier Milei en diciembre de 2023, estas políticas han sufrido recortes significativos.
Uno de los cambios más importantes se ha visto dio en la financiación. El presupuesto del Museo Sitio de Memoria ESMA cayó un 88% en términos reales en 2024. El programa de “puesta en valor de sitios de memoria” cayó un 92,2%. En cifras, la ESMA pasó de 29,1 millones a 10,3 millones de pesos; los sitios de memoria, de 19,4 millones a 4,8 millones; y para 2025 ambas partidas aparecen con presupuesto cero. Además, se produjeron más de 800 despidos en la Secretaría de Derechos Humanos en 2024.
Los recortes no son solo económicos: también afectan a las instituciones. En 2025 cerró el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Hubo despidos de investigadores y trabajadores dedicados a la memoria histórica.
Los sitios de memoria, más de 600 en todo el país, son los escenarios donde la dictadura perpetró sus crímenes. Hoy, los recortes impactan directamente en la identificación de desaparecidos, la búsqueda de bebés robados y los juicios por crímenes de lesa humanidad.
Las Abuelas de Plaza de Mayo denuncian un “vaciamiento de las políticas de memoria”.
Créditos Diseño visual Eva Calzadilla Gema Fernández Lina Smith Julia Ramírez Datos Juan López Cachón Sandra VilchesMetodología
Las fuentes principales con las que se ha elaborado este reportaje visual incluyen informes institucionales y documentación histórica sobre la dictadura argentina y la llamada “guerra sucia”, entre ellas el informe Nunca Más de la CONADEP (1984), así como contenidos de Encyclopaedia Britannica sobre la historia de Argentina y el periodo represivo. También se han consultado archivos desclasificados del National Security Archive y documentación de organismos internacionales como Human Rights Watch, Amnesty International y la Organización de las Naciones Unidas, que aportan informes sobre la situación de los derechos humanos en el país.
Asimismo, se han utilizado artículos periodísticos y plataformas de verificación como Chequeado, junto con informaciones publicadas por El País y RTVE, que permiten contextualizar la evolución reciente de las políticas de memoria y derechos humanos en Argentina.
Más noticias
- Especial
50 años de la Revolución de los Claveles: del fin de la dictadura al regreso de la ultraderecha en Portugal
- Entrevista
Un año del 7-O: el día que Hamás abrió las puertas del infierno que ahora nadie quiere cerrar
- Moda
Un año de la dana de Valencia: el día en que un barranco abandonado llevó más agua que el Nilo y nadie fue capaz de reaccionar