Tres días después, apenas queda rastro del paso del Papa por la capital. La gran cruz de la plaza de Lima, que acompañó al multitudinario acto de la vigilia, ha desaparecido. E igual ocurre en el entorno de Cibeles, donde ayer cargaban a los camiones algunas de las últimas piezas de ese gigantesco escenario de 600 metros cuadrados donde se celebró la gran eucaristía del domingo. El imponente Cristo ha permanecido allí colgado varios días. Hoy, León XIV cierra en Tenerife su ruta por España, mientras el Ayuntamiento de Madrid busca un icono que conmemore su histórica visita a la capital.
«Estamos trabajando para concretar el mejor homenaje en las calles al Santo Padre. En breve habrá noticias», insistían ayer desde el Palacio de Cibeles, donde guardan con celo ese último guiño al Pontífice. El efecto León permanece impregnado entre los muros municipales, y aún lo hará durante los próximos días, pues la idea es trazar un último homenaje la semana que viene. Tratando de prolongar, tal vez en exceso, ese aroma papal en la ciudad del que ya apenas queda rastro.
Como se ha escrito, uno de los símbolos más representativos de las 73 horas y 47 minutos que el Papa pasó en la capital fue la gran cruz que se instaló en la plaza de Lima, junto al imponente atril ideado para la vigilia de los jóvenes. Ayer, el Ayuntamiento confirmaba haber recibido miles de firmas -unas 45.000- para que no fuera destruida. La iniciativa, de la asociación Hazte Oír, pretende que se instale en un lugar próximo al de la vigilia, toda vez que su presencia en la plaza donde se instaló, en el corazón del paseo de la Castellana, es inviable por cuestiones de tráfico. «Tenemos que estudiar la cuestión», insistían, sin descartar la opción.
No son muchos los elementos representativos de la visita del Papa que tengan posibilidades de permanecer en el mapa de la capital. Puestos a elucubrar, alguna de las 13 composiciones florales instaladas por todo el mapa podría salvarse del cadalso, pero exigiría un mantenimiento. Pasaría a engrosar la red de parques y jardines de la ciudad.
En el imaginario general podría estar también el gran crucifijo de madera, de 4,5 metros de altura e inspiración románica, que presidió la eucaristía del Corpus en Cibeles. En cualquier caso, es Almeida quien conoce cuál será ese monumento que recordará el histórico paso de León XIV por Madrid. El Papa, por cierto, sí tuvo su esperada cita con el cantante Bad Bunny, que se refirió a ello en uno de sus últimos conciertos, pero las fotos permanecen en el tintero del Vaticano, a la espera de encontrar el momento ideal para su publicación.
No será el único homenaje papal del consistorio madrileño, pues tanto Benedicto XVI, que fue protagonista en la capital durante aquella JMJ de 2011, como Francisco también contarán con un recuerdo en las calles de la ciudad. «Esperemos que en breve podamos anunciarlo», suspiraban desde Cibeles. Para cuando eso ocurra, León XIV ya llevará unos días en El Vaticano.